domingo, 16 de diciembre de 2018

Como Pollo sin Cabeza



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No sé donde escuché alguna vez ese dicho,"como pollo sin cabeza", pero imagino que comunica falta de claridad, que no se sabe hacia dónde se va, que el destino al cual se marcha es confuso y que se puede estar dando vueltas y vueltas como ocurre cuando se ha perdido del mapa de la ruta.

Me pasa lo mismo cuando intento ver en perspectiva hacia dónde vamos como país, como sociedad, la sensación que tengo es que tenemos problemas de timón, a veces veo que vamos para un lado con toda la potencia, para luego sin más, cambiar de dirección y enfilar rumbo hacia otros destinos, como pollo si cabeza.

En esta práctica perdemos tiempo, y no sólo en los últimos años, desde hace ya un buen rato siento que estamos a la deriva. No sé si quienes llevan las riendas del país la tienen clara y simplemente no lo saben comunicar, pero desde acá abajo, desde el ciudadano a pie no se divisa rumbo, se siente una desesperante condición de ir en las bodegas de un barco sin saber a qué puerto nos llevarán, y lo más terrible, hay muchísimos vecinos que nos les importa, se entretienen durante el viaje chateando con el del lado.

Me imagino desde mi párvula y poca capacidad reflexiva que orientar los destinos de un país debe ser una tarea titánica, hay tantas y tantas fuerzas que intentan llevar a la sociedad hacia sus idearios de paraíso, normalmente ubicados en direcciones contrarias y constituyendo fuerzas opuestas que jalan fuerte, bajo esos tiras y afloja a veces podríamos parecer que somos un cuerpo listo para ser descuartizado, algo similar a lo que ocurría con los condenados a morir por desmembramiento, los caballos separaban brutalmente los miembros, las partes, acá podrían haber más partes, incluida la cabeza.

¿Por qué no hay proyectos comunes?, ¿Por qué no hay grande acuerdos sociales?. En la disciplina que tengo especialidad se apunta siempre al acuerdo, pienso que es una buena idea, pero es una idea que implica mostrar las cartas y estar dispuesto a perder posiciones, consecuentemente su fin es noble, se trata de constituir los ladrillos básicos para alzar cualquier edificio, pero veo una y otra vez que eso es una utopía, una irrealizable figura de la academia. En la realidad abunda la sospecha, todos somos sospechosos y además hay algunos que esconden bajos sus ropajes armas de todo tipo, para los unos, los otros tienen siniestros planes ocultos, para los otros, los primeros son soldados de fuerzas oscuras, al final del día, queda esa sensación que todos jugamos con las cartas marcadas.

Pienso que muchos de mis compatriotas deben pensar que con una cabeza fuerte, con una mano de hierro, con un gobierno duro y autoritario las cosas deberían marchar mejor, pero la historia ha demostrado que eso es una ilusión, es mejor la negociación, es mejor intentar la gobernanza, buscarle la quinta pata al gato y huir mientras se pueda de los mesías e iluminados.

Quisiera ver una maqueta, una imagen objetivo, un dibujo aunque sea medio pintarrajeado a modo de un croquis, aunque no tenga bordes claros ni satisfaga a muchos, pero creo que serviría de algo, al menos para calmar las neuronas y mostrarle al yo interior e inquieto que hay alguna dirección, o más presuntuoso aún, que cuando caminamos estamos yendo en la dirección correcta, esto además serviría para calmar esa extraña sensación de fatalidad que a veces me rodea, no porque sea un perseguido, es simplemente que noto que están apareciendo en el escenarios algunos flautistas, unas músicas extrañas, un acomodo de líneas de marchas, y …entonces relaciono, mmmm. ¿flautistas de Hamelin?.

Finalmente, pienso que deberíamos intentar algún acuerdo nacional, ponernos como sociedad algunos objetivos claros de mediano y largo plazo y que sean conocidos por todos, que no dependa de la coyuntura ni de los cantos de sirenas. Es cierto, hay que ser valiente para proponer algunas líneas firmes, unos objetivos nítidos, vivimos en la edad de lo “políticamente correcto”, en tiempos de “acomodo”, parece que nadie que pueda se atreve a cambiar las melodías melosas y poner algunas notas de jazz, pero al menos, dentro de ese marco, hay que intentar ayudar al pollo sin cabeza.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Mono de Goma



Imagen desde https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sacodeboxeoh.jpg

Imagino un mono de goma tipo boxeador que se encuentre a la venta en el mercado y que además tenga ciertas características, nunca debería devolver un golpe, debería tener una silueta humanoide, una base que le permita moverse, ir y volver, con una textura suave pero firme y por supuesto debe ser de color hormiga. Además de lo anterior, un manual que indique la forma en que se puede golpear sin sufrir daño.

Hace ya un tiempo conversaba con una amistad (femenina o masculina da lo mismo), y mientras me hablaba de sus vivencias y otros asuntos tuve una visión, su rabia salía hacia afuera y se desplazaba por el aire para ir directo a la mandíbula de cierto personaje público, alguien que es a su vez es muy provocador en sus declaraciones, pensé en esos momentos ¡vaya, eso es tener un mono de goma!,mmm... eso es tener a quien golpear... ¡qué manera de darle duro!.

Con el tiempo me he dado cuenta que muchos/muchas, tienen sus propios monos de goma, alguien a quien golpear, a quien despellejar, alguien contra quien arrojar kilos de frustraciones, quizás todas ellas, y en esa cargas probablemente estén las propias como aquellas que vemos o que suponemos que vemos de otros, las que sentimos y aquellas otras que nos dicen que debemos sentir, también me he dado cuenta que ese “alguien” viene a calmar el día, al final del proceso es una especie de héroe (qué ironía).

El problema que veo en esta salida es que se tiende a hacer monos de gomas a personas, a instituciones, a grupos humanos, así las cosas, cuando vamos por ahí en este valle de lágrimas o navegando por este mar de injusticias, son “los otros” los que reciben esos misiles cargados de malas vibras, de negatividad, esas bombas de racimo emocionales que hacemos estallar sin compasión.

Probablemente es más sano tirarle piedras a unas columnas pétreas como lo hacen otras culturas, porque es indudable que se requiere liberar tensiones, pero resulta que en la contemporaneidad los malos como el “guason” ya no son tan fáciles de identificar y los “satanes” ya no huyen de nuestros insultos, bailes, olores ni rezos, y cualquier trato con ellos está en manos de sus abogados, por lo tanto estamos algo confundido y miramos para el lado buscando otros culpables a quien cargarle nuestras frustraciones.

El mono de goma es una alternativa sana, y estimo ( por el estado creativo en que me encuentro en este momento) que debería colaborar, incentivar y subvencionar programas para que exista en cada casa al menos una unidad, de modo que la familia entera pueda liberar tensiones, extasiarse de golpear algo, probablemente con tiempo para cada uno, quizás lo padres necesiten más tiempo, pero hasta los niños necesitan unos minutos para darle duro al mono.

Una sociedad pacifica parece hoy algo utópico, cada día hay más encono, hoy más que ayer y menos que mañana, todo el mundo acumula una increíble carga de malas vibras y estimo que sería bueno que haya una salida sanitaria para ella, es fácil notar que las frustraciones y sentimientos de impotencia nos están sobrepasando, y cuando no se van, nos matan.

Esta reflexión personal ocurre mientras saco de su caja un mono de goma con pinta de boxeador peso pesado, un tipo duro a quien espero noquear, tengo mucha rabia contra tanta injusticia, contra tanto abuso a mi capacidad de tolerancia, pero al mismo tiempo sé que esto no es nada fácil para nadie, a todos no toca una parte en esta ópera y cada cual la tiene fea, por lo tanto, no pretendo buscar mi necesario mono de goma entre las personas, prefiero comprarlo en cuotas en el retail, así al menos puedo reclamar mi garantía si este se atreve a responder un golpe.

domingo, 30 de septiembre de 2018

División


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Uno de los recuerdos de mi niñez que no olvido, que está allí en mi mente de adulto claramente archivado y clasificado, ocurrió cuando junto con mi curso de pequeños compañeros visitamos una fábrica de levaduras, al microscopio, mis párvulos ojos asombrados observaron como una mancha orgánica se dividía en dos, luego en cuatro, y luego volvía a dividirse hasta el infinito, así la mancha de individuos ameboideos crecía y crecía, nada parecía detener esa fuerza que desde lo invisible de su interior parecía dividir y dividir sin descanso.

En esta vuelta al pasado recuerdo luego mi etapa de secundaria, se dividía entre nosotros y “ellos”, aquellos a los que les éramos indiferentes, unas gente que no participaban con nosotros en cuanta actividad hiciéramos, ramadas, viajes, convivencias (fiestas) . También se pasean por mi mente los recuerdos de la división entre diferentes grupos universitarios que conformaban nuestros talleres, unos y otros, allí hubo gente con la cual nunca conversé, que no conocí porque nuestro grupos nunca se tocaron, en síntesis, esa división en bando ha estado presente en cada etapa de mi vida.

La división entre unos y otros nos afecta siempre, recuerdo haber leído en algún libro de historia sobre la reconquista de Chile, normalmente pensamos que la lucha fue entre criollos y españoles, una lucha entre soldados enviados con una misión desde el imperio y los nacionales que a fuerza de convicciones los enfrentaban, pero lo que leía era completamente diferente, el enfrentamiento fue entre familiares, entre amigos, entre gente de la misma ralea, personas que antes convivieron. Mediaba entre ellos el hecho que al tomar partido estaban profundamente divididos.

La reciente historia de Chile nos muestra con datos, imágenes y testimonios lo doloroso y terrible que puede ser la división entre unos y otros, miles de muertos y la inoculación de odios que nos seguirán circulando por las venas por varias generaciones, y por cierto con la perspectiva bastante siniestra que ese tipo de hechos puede volver a repetirse, el camino de las naciones tiene al parecer la ciega tendencia a tropezar una y otra vez con la misma piedra.

No sé el porqué la gente toma posiciones extremas que llevan a la división, ni cómo se desarrolla el proceso por el cual vamos aceptando caricaturas sobre “los otros” y que hasta ayer fueron nuestros amigos, vecinos, parientes, personas estimadas, es una mecánica, una que nos separa como una fuerza similar a aquellas que actuaba al interior de cada minúsculas levadura de mi niñez, en cada cuerpo social o familiar nos dividimos.

Probablemente se podrán levantar argumentos que dirán que hay divisiones sociales o familiares normales, esperadas, y que en algunos escenario es hasta sano que ocurra, que la cosa no va más, que el nivel de entendimiento está completamente roto y hay que dejar que los hechos fluyan, que no hay que presionar ni intentar sujetar nada, que hay que vivir y dejar vivir. Probablemente es una buena postura, respetable.

Pero sucede que no me gusta la división, me siento incapaz muchas veces de tomar partido y quedo al medio, como el jamón del sándwich, creo y racionalmente estimo que siempre hay puntos que nos unen y que se pueden fortalecer, en algunas situaciones que he vivido he tratado de atemperar los ánimos, de conversar con la parte contraria, de parlamentar a riesgo de ser considerado una suerte de bufón, un traidor, un antipático que no entiende las situaciones, que no ve lo que todos ven.

Pienso que en un sentido social la división es una mala cosa, haciendo historia ficción me imagino en el tipo de escenario que tendríamos hoy si estos pequeños estados latinoamericanos que somos hoy constituyesen una sola gran nación, si aquellos líderes que un día nos condujeron hubieran derrotado su ego y hubieran apostado por la unión, haciendo la salvedad que pudieron venir otros con fusiles y tijeras aún más grandes en forma posterior, probablemente seríamos más fuertes, se dice que la unión hace la fuerza.

Finalmente quiero pensar que quienes apuestan por la división, o aún quienes la promueven en los ámbitos que les corresponde, en los grupos en que participan y por las decisiones que toman, han reflexionado, han dimensionado el paso que van a tomar, de modo que la división no sea una suerte de muro de Berlín que se crea ex profeso, una separación dolorosa y completamente inútil y evitable, sino una situación que obedece a principios más nobles y que se puede amortiguar, sobrellevar y aún más, crecer a partir de ella.

martes, 10 de julio de 2018

Cuento de amor y odio con Pescado Frito




Imagen desde http://www.foodgroup.cl

Vivimos en un mundo de comerciantes, desde el negocio de la esquina hasta las grandes potencias mundiales todo el mundo es comerciante, a veces me parece que todo lo que veo y que ha sido realizado por el hombre ha pasado por una vitrina de comercio, y desde allí hasta donde se encuentra, una calle, una ventana, un edificio, los cables por allá arriba, los ductos de allá abajo, la luminarias, mis calzoncillos, todo, además de aquello que tenemos o que aspiramos a tener, todo ha sido manejado por el comercio, el comercio lo domina todo.

El caso es que uno de esos comerciantes, me vendió un producto que le vendió otro comerciante que a su vez le compró el producto a otro comerciante, quien presumiblemente se lo compró a un pescador, el producto era bueno, era un pescado congelado en un envase plástico de color rojo, lo compré una vez, y otra y otra, me gustó, bastante bueno.

Por esas cosas que damos por hecho, nunca se me ocurrió ver desde donde provenía el producto en cuestión, el pescado, total no es necesario saberlo, como chileno lo asumimos como cosa sabida porque tenemos una gran costa marítima, una flotilla pesquera grande, muchas factorías y productores, por lo tanto daba por sentado que el producto originalmente debía ser nacional, chileno de tomo y lomo, algo nuestro.

Pero el comercio nos sorprende, y mirando por aquí y por allá, en medio de tanto producto que tenemos disponible para celebrar el bendito acto de comer, ese deseo a veces sibarita a veces simplemente rutinario que nunca, nunca está satisfecho, encontré un día, … ¡otra oferta de pescado congelado!, ahora en envase azul, aparentemente con las mismas características de mi acostumbrado producto anterior, entonces…a comprar se ha dicho, tres, no mejor cuatro…bolsas de pescado pasaron por la caja de aquel comercio de grandes superficies.

Aaaahhhhh…, el fin de semana, no puede faltar el vino blanco en la mesa, vino de calidad, nuestro, dicen que somos los mejores del mundo en esto de fabricar vinos y buenos comerciantes también, quien busque vino chileno en la parte más lejana del mundo lo encontrará. ¡Si señores! , vino en mi mesa para acompañar el pescado frito el fin de semana, un ritual.

Todo dispuesto en la mesa como debe ser, y el pescado frito de rigor que llega para emocionarnos, para disfrutarlo, las papilas gustativas están de fiesta …pero entonces algo pasa, algo inesperado, un filete medio podrido, de mal gusto, ¡puff!, pésimo en medio del banquete. Luego de un rato de intercambio de opiniones y reflexiones de mesa, “al mal tiempo buena cara” dice el dicho, el resto de los filetes estaba bien.

Otro fin de semana, segundo paquete congelado, todo preparado, el vino, las copas y…el pescado frito después de una corta espera arriba a la mesa, y entonces sucede nuevamente… un filete podrido, mismo truco, nos sacamos la lotería, un filete podrido en medio de los otros filetes en buen estado, la misma situación nos ha ocurrido con dos paquetes del mismo productor y comprados al mismo comerciante. La rabia acompañada de vino blanco hace que surjan reacciones espontáneas, envalentonadas, e instintivamente nos preparamos para devolver el golpe, hay que llevar el pescado restante, las bolsas sin consumir y pedir la devolución del dinero, ¡… y no olvidar!, llevar una muestra de pescado podrido en un pote plástico, allí irá ese “presente” junto a la rabia rumbo al lugar de la compra, tendrán la evidencia y quizás con un poco de suerte ese reclamo seguirá subiendo y “good bye” al inspector de turno (si es que hubo uno, quizás estuvo mirando un partido de futbol, chateando o simplemente fue al baño).

Entonces comienza la locura, ¡la boleta!, ¿dónde está la maldita boleta?, ¿dónde?, después de una frenética búsqueda concluimos que la boleta se fue a la “ twilight zone” y nunca más apareció por esta realidad, así, vanos fueron nuestros intentos por lograr la devolución del dinero, no hay evidencia de la compra a pesar de la presencia del logo impreso en los productos, no hay evidencia, no hay devolución, pura mala suerte con este producto, por lo tanto el sentido común nos dice que nos alejemos de él para siempre, “hasta la vista amigo” le digo al estilo Schwarzenegger , aunque haya sido pura mala suerte nuestra y la conjunción de muchas circunstancias, no más contacto.

Y así paso el tiempo, la sensación de comer aquel buen pescado frito el fin de semana se fijó en la mente con la de aquel pescado podrido, juntos y revueltos, por lo tanto la rutina fue comprar pescado “fresco” en las pescaderías donde un “casero” o una “casera”, se trata de jugar a la ruleta rusa, varias veces llegamos con productos igual o peor de podridos, no hay control de calidad, quizás habrá inspección algún día del año, no lo sabemos, entendemos que en ese nivel esto es comercio no buenas acciones para ganarse el cielo, y con el agravante que hay que terminar de limpiarlo, sacarle las escamas, la cola, restos…¡ajjj…!, se redujo el consumo de pescado frito el fin de semana.

Un día, mirando por ahí, en los pasillos de congelados aparece otra tentadora oferta, este otro comerciante presenta su producto en celeste, no lo conocemos, no sabemos cómo es este producto aunque su marca nos es conocida, impregnada de recelo surge una vocecilla que dice –¡…no compres!- , pero otra voz, la optimista de siempre dice ¡prueba!, ¡la oferta es buena!. Optamos por comprar, comprar un paquete, sólo uno,…. probemos, probemos, a la mesa…y un ¡ajjj… ¡ , un filete podrido, ¿cómo diablos tanta mala suerte?, un filete malo entre los buenos, ¿por qué a mí?, ¿seré muy pecador?, ¿mi karma?, no lo sé. Aunque este último estaba bastante más pasado en general, pensé por un momento, probablemente allí está la causa de la oferta de estos comerciantes ¡liquidar, liquidar que el producto se va a………., ¡, ¡aaahhh el comercio y sus movimientos!.

Y así pasó el tiempo, como en los cuentos, los días fueron semanas, las semanas fueron meses, un buen día encontré nuevamente el buen pescado congelado del envase rojo, allí estaba muy tranquilo esperando en su vitrina refrigerada, como dice Serrat, “… con la mirada lejana y roja
que sonreía en un escaparate … con la boquita menuda y granate…” , una avalancha de buenos recuerdos se vinieron a la mente, y con ellos los fines de semana que pasamos juntos, acompañados del buen vino, lo compré y bien, bien, bueno.

Finalmente, como para saber quién era capaz de venderme un pescado congelado pero en buen estado, que comerciante de buena tela era este, mire, vi los rótulos, entonces me doy cuenta que era extranjero, aquel pescado que pensé tan nacional, tan nuestro, y por quien hubiera apostado, era comercio extranjero,¡ ahhhh el comercio…!.


sábado, 26 de mayo de 2018

Trincheras




Fotografía de https://es.wikipedia.org

Como todos los mortales, también tengo sueños y pesadillas, me acuesto tranquilo en brazos de Morfeo esperando pasar una buena noche, pero de improviso me traslado a mundos bizarros, vagando por todo tipo de ambientes y escenarios, este es uno de ellos.

Estoy intentando visualizar una huella por la cual escapar, quiero encontrar la ruta que llaman el “camino de los sabios”, me imagino desde esta incómoda postura que debe ser una línea muy delgada, finísima, por ello estimo que al encausar los pasos por ella es recomendable caminar como un gato por la cornisa, atento y concentrado.

Aunque estoy absolutamente sin tiempo ni lugar, perdido en mi existencia, sospecho que si ese camino existe debe ser una huella difícil de seguir, es mucho más fácil caer nuevamente a este lugar en que me paso la vida, luchando de malas ganas, tirando algunos disparos por aquí y otros por allá. Todos por aquí somos habitantes de trincheras, son en estos espacios malolientes donde se pierde la humanidad, la calidez de los sentimientos y el sentido de la lucha que damos, estos surcos son nuestros hogares, un absurdo, y el mundo está lleno de ellos y siguen aumentando porque cada día hay más enemigos con quien luchar. Tampoco podemos dejar las armas ni el estandarte porque además de estos enrarecidos ambientes no hay donde ir.

Especulando sobre esa ruta que todos tenemos como esperanza, e imaginamos como una realidad, podría tratarse de una huella que nos han dejado como regalo grandes hombres y mujeres que han pasado por aquí; sus pensamientos, su tolerancia y hasta sus deseos de un humanismo sincero hacen pensar que se trata de un buen camino a seguir, sin embargo debe ser una huella débil, difusa y hasta los vientos deben conspirar para sacarnos de ella. Quien logra moverse por allí debe ser estoico, contestador, y muy consciente que ese sendero es una realidad alternativa, un mundo aparte, lo real son los proyectiles que sentimos que cruzan sobre nuestras cabezas.

Subirse a ella y mantenerse allí reptando como serpiente y con la mente muy despierta para evitar caer nuevamente es un desafío que me revienta el seso, menudo problema, todo esto quizás tenga que ver con la supervivencia de “algo” más que el puro cuerpo. Una vez leí de Walter Riso que - uno (yo como individuo) no se debe entregar a algo o alguien para que lo domine y se apodere de su mente, eso es una forma de suicidio psicológico - , y pareciera entonces que cuando caímos en estas trincheras, no sólo nosotros, todos, cometimos un tipo de suicidio, quizás estamos más muertos que vivos por estos espacios de desesperanza.

Vivir en las trincheras que se multiplican hasta donde alcanza la vista no nos permite ni siquiera imaginar esa delgada huella salvadora , es bastante difícil, tengo la sensación que evolucionamos a algo parecido a topos, quizás hemos perdido la visión, además se nos entorpece el cerebro y no se puede apreciar el campo cercano ni la perspectiva porque un proyectil puede volarnos la cabeza, además se debe vivir de rodillas, por aquí todo el mundo lo hace, estamos falto de aire, y sujeto a órdenes de un alto mando que debe estar en alguna parte.

Quiero imaginar mientras sostengo un jarrón con un líquido tibio y amargo, que al caminar por tan estrecho sendero debe preocupar tambien, caer en los bolsones de idolatría, abundan, han aparecido como los hongos por aquí, cada uno de ellos te ofrece un momento de paz, de descanso, pero en realidad son proyectos u utopías carentes de realidad, ¡representaciones culturales dirán algunos¡ , digamos su verdad, nada más que tramoyas dibujada y aceptada por algunos o muchos, recuerdo una máxima que dicen que decía Marco Aurelio, “ …Mi toga imperial no es otra cosa que una lana teñida con el color de unos mariscos…”, al parecer las verdades son bastante más prosaicas que las grandes ideas que nos hacemos de ellas, son puros cuentos.

También debe suceder que al caminar sobre estas trincheras embarradas y hediondas a muerte, debe alejarse esa sensación que nos martilla la mente, ¡hay que darle duro a esos que han tomado líneas separadas o claramente en oposición a lo que piensas!, ese martilleo mental nos lleva a creer que el triunfo nos permitirá marcharnos de estos ambientes infernales, ¿pero será así?, lo estoy dudando, probablemente es infantil pensarlo, lo más probable es que lo que llamamos victoria no sea más que una ilusión, un sinsentido , ¿pero que sabemos nosotros?, la verdad probablemente fue víctima de tanto intercambio de proyectiles.

Quiero pensar que en las innumerables trincheras a ambos costados de esa ilusoria y delgada huella que serpentea el soñado camino a casa, los otros también deben estar preguntándose estas mismas cosas, pero mientras lo hacen se posicionan y nos impiden avanzar según lo que sabemos, según lo que nos han dicho nuestros activistas, esa soldadesca ordinaria de más allá nos ponen difícil el día a día, mucha gente está “punchando” por “avanzar”, es cierto, pero los que nos frenan , los que nos hacen retroceder , o aquellos que nos quieren obligar por la fuerza ir hacia estadios civilizatorios equivocados, o peor aún, los que no quieren ir a ningún lado, son legiones.

Quiero imaginar que al caminar en esa delgada huella que se desplaza allá arriba entre las trincheras sucede algo mágico, los proyectiles aunque te tocan no te hacen daño, no eres el enemigo de nadie y no tiene sentido atacar a nadie, solo procuras avanzar en el camino al hogar donde te esperan los que te quieren desde el principio de los tiempos. Al final pareciera que nadie de nosotros está ganando nada, por eso quiero subirme a esa huella, caminar, reptar, no me importa, sin embargo llevo tanta carga encima que sueño que resbalo una y otra vez.

Entonces llega el amanecer, me despierto y noto que he sudado mucho, me levanto y voy al baño pensando que esa realidad no es la que vivo, pero inmediatamente dudo de todo, no lo sé, mientras me mojo la cara y me miro a los ojos en el espejo, no me reconozco, soy otro y yo al mismo tiempo, el que se queda y el que se desvanece, quizás estoy transitando por otro sueño, algo me dice que luego tengo que encaminar mis pasos a la trinchera. ¿Qué pasará con los otros?, me gustaría saberlo.

domingo, 20 de mayo de 2018

Autoridad, ¿podemos vivir sin ella?



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A propósito de la reciente llamada a Roma de la totalidad de los líderes del clero chileno para abordar conocidos problemas relacionados con abusos y encubrimientos, una pregunta relacionada con el ejercicio de la autoridad surge en medio de la reflexión sobre el caso, ¿autoridad, podemos vivir sin ella?.

Posterior a la reunión con el “jefe”, la reacción de varios clérigos de alto rango fue bastante conciliadora, y en algunos casos me pareció que el llamado de atención pudo haber afectado el pensamiento y las convicciones personales de manera angular de parte del clero, o quizás se manejaban respuestas pulidas, trabajadas y destinadas al grueso de la población, no lo sé.

Sin perjuicio que todo esto estuvo muy publicitado, quedó en el aire que la autoridad en esa organización religiosa aún tiene las riendas del poder, y aunque muchos no concuerden con el tipo de gestión que está llevando a cabo, sienten en sus fueros que hay una autoridad a quien respetar y esta por sobre ellos.

Respecto a este tema, desde que tengo recuerdos la autoridad esta siempre en tela de juicio, en mi caso, que me declaro republicano y demócrata la autoridad es relativa, por lo tanto, en los temas estrictamente públicos o donde esa autoridad sea generada por voto popular, creo en la necesidad de una autoridad temporal que tome decisiones adecuadas en beneficio de todos, pero no a costa de su beneficio personal, aunque reconozco que esa premisa puede ser una ilusión.

Por otra parte, es fácil constatar que una vez que la autoridad se constituye, en muchas personas se crea una especie de anticuerpos contra ella, es algo inmediato y quizás en la mayoría de los casos opere el EGO y la envidia, lo cierto es que el cuestionamiento a los méritos o a la compañía (“amiguitis”) que fulanito arrastra hasta el poder genera escozor, produce algo de acidez.

Pero desde otro enfoque, desde la mirada fría de la organización, es de simple lógica que se requiere siempre una cabeza que la dirija, que la oriente y maneje los esfuerzos colectivos internos e intente alcanzar objetivos, objetivos que deben ser claros y de beneficio para todos quienes participan en la organización y no para algunos, es decir, sin cabeza o con una multiplicidad de estas como muchos anarquistas postulan, al parecer ningún organismo funciona, solo se consigue una masa desorganizada generando a ciegas entropía y caos.

La autoridad es necesaria, el problema es que la autoridad que generamos no es más que una investidura de uno de nosotros, por lo tanto él o ella pueden alcanzar indicadores de ética, moralidad e intenciones normalitos , hacia el lado positivo o el lado negativo de la fuerza, son unos mortales más, no unos extraterrestres ni un hijo/a de los dioses, todo el mundo sabe eso y consecuentemente en su mente se proyecta al ¿cómo lo haría yo?.

Pienso que la soledad del poder debe ser terrible, cada sujeto investido debe ver en su entorno un “ Brutus” que espera la ocasión para apuñalarlo por la espalda, o imagina en sus sueños de alguien viene a envenenar el pollo del almuerzo, sin dudas debe haber un estado de intranquilidad permanente, es quizás por eso que algunas personas cambian tanto, se alejan de lo que eran para transformarse en personas lejanas, estereotipadas y en mi percepción de las cosas, ajenas a la realidad, porque rápidamente gestionan una especie de globo que los/las protege, pero al mismo tiempo los/las aísla.

Por otra parte, quienes se acercan a colaborar en el entorno inmediato, en el “círculo de hierro”, también pueden verse transmutados, las personas cercanas al poder también sufren cambios, siendo en casos extremos verdaderas cofradías protectoras en contra de todo agente externo, tienden a formar entre ellos unas barreras de rechazo en contra de las fuerzas del equilibrio del poder, de las contrapartes fiscalizadoras, aquellos que tienen la misión de velar que este “no se escape con los tarros” , a mi juicio tan vitales como el poder mismo.

La historia de la humanidad está llena, repleta de estos casos, y además de intrigas y todo tipo de planificación para sostenerse en el poder, para no perderlo, para controlarlo todo. Pero nuevamente, sin poder, sin autoridad, el caos está servido, y cuando ocurre el llamado “vacío de poder” , este tiende a llenarse de todo tipo de sujetos de la peor calaña y sedientos de poder, en esos casos, “todos se escapan con los tarros” y la vida misma es una ruleta rusa.

¿Autoridad, podemos vivir sin ella?, pienso que no, aún con todo lo que sabemos o podemos intuir sobre ella, estamos condenados, debemos aceptar el hecho que alguien debe dirigirnos y encabezar la organización en que nos encontremos, el desafío es apoyar a las personas correctas, y eso implica conocerlas, un ejercicio que cuando son contextos masivos es muy difícil, pero aún cuando la conozcamos, no podemos evitar que esta cambie, por ello debemos siempre procurar la existencia de la fiscalización y la revocatoria de la autoridad cuando esta decididamente se “arrancó con los tarros”.

Al finalizar, la situación que presenciamos respecto al clero chileno mostró el ejercicio de la autoridad, y lo que ocurrió al ejercer medidas disciplinarias correcta o incorrecta sobre unos asuntos que le competen, hizo que la organización se sacuda y se replanteen maneras de actuar, pero sobre todo, el ejercicio de la autoridad nos demostró a todos que siempre debe haber alguien quien manda y otros que obedezcan.



domingo, 13 de mayo de 2018

Tejo pasado




Hace algunos día escuchaba atentamente el discurso de una activista por ciertos derechos sociales, al principio estuve de acuerdo con lo planteado, parecía una honesta lucha por hacer ver y poner en valor unos esfuerzos, unos derechos sobre ciertos espacios urbanos que se había alcanzados con mucho sacrificio colectivo y, que ahora aparentemente no se respetaban.

Sin embargo luego de una muy buena introducción y perfilado del tema, el discurso tomó otro giro, otra dimensión del asunto para caer en el abuso, en la exigencia de derechos que rayaban en la discriminación positiva y en el absurdo, es decir tomaba para sí prerrogativas que otros en igualdad de condiciones no pueden alcanzar, “se pasó el tejo”.

El tema es que estas prácticas parecen cada día más habituales en nuestro país, al inicio se presenta un grupo con unas reivindicaciones que a todo bien nacido le suenan al oído de lo más justo, apoyamos, con un muy bien intencionados ¡que les vaya bien!, pero a poco andar , "se pasó el tejo", aquella reivindicación en realidad era más…y más. El problema es va quedando poco espacio y recursos para los otros que estaban esperando turno.

Esta práctica probablemente es propia de nuestra idiosincrasia, no lo sé, pero esta tan imbricada en nuestra forma de actuar que la notamos presente en todo tipo de negociaciones, estamos acostumbrado a ver que poco importa el límite de aquella reivindicación verdadera, cierta y hasta noble, y donde ese límite se sobrepasó, donde se transformó en abuso para alcanzar ganancias a partir del discurso inicial.

Los actores en oposición siempre se predisponen para ese escenario de conflicto, entonces sin excepción este se produce, y allí probablemente entra en juego otra de nuestra joyitas, “a rio revuelto……..”, el problema es que esa situación también nos quita la paz social, nos aleja la expectativa de una negociación de buena fe y tiene efectos colaterales complejos.

Estimo desde mi esquina que el “ tejo pasado” afecta a todos los procesos de reivindicación y negociación en nuestro país, como resultado tenemos que aquellos objetivos que se proponía alcanzar finalmente no se consiguen, y quedan heridas abiertas que vuelven a abrirse en el siguiente encuentro, pienso que en parte importante eso ocurre porque quedó afuera la nobleza de buscar aquellos objetivos a los cuales realmente tenemos derechos.

Parece utópico que esta situación pueda cambiar, es parte de un juego de “vivos”, es más, en el desarrollo de los muchos conflictos sociales que hoy enfrentamos podríamos descubrir con cierta tristeza que unos cuantos ocultan objetivos espurios, intereses ocultos y maquillados muy hábilmente en el “tejo pasado”, unos modernos caballos de Troya que cuando son descubiertos es ya muy tarde.

Al final, la reivindicación con la cual inicié este texto me pareció muy válida, y pienso que muchas de las luchas sociales que están desarrollando allá afuera también lo son, pero muchas de ellas se notan sobrecargadas, con exceso de peso, gorditas. Quizás si fueran algo más reales sus propias musculatura les permitiría hacerse realidad, eso es solo una suposición, pero puede ser.