lunes, 8 de mayo de 2017

La Grieta




Escuchaba con atención un comentario de Tomás Mosciatti en la televisión y una de las ideas que expuso me dejó pensando por un largo rato, la idea es en realidad del periodista argentino Jorge Lanata, un conocido crítico de los Kirchner y considerado un sagaz expositor de la realidad de su país, la idea es la Grieta.

Sucede que en todas las sociedades, especialmente en la latinoamericana existe de facto una grieta, una separación profunda en la forma de concebir la vida social, económica y política del país entre dos sectores, es decir son bordes opuestos, en algunos casos la grieta es tan profunda que es imposible siquiera sugerir un puente, el caso Venezuela.

A veces nos engañamos nosotros mismos y pensamos que en las sociedades más avanzadas la grieta es muy fina, una suerte de fisura apenas notoria, pero en realidad hay también en esas sociedades una grieta profunda, lo demostró la elección de Trump en los Estados Unidos, y ha quedado clara en las últimas elecciones en la vieja Europa.

La grieta se puede visualizar en cualquier encuentro en que se invite a “dialogar” a políticos representativos de ambos lados de la grieta, es un diálogo de sordos, nadie se da la más mínima oportunidad de escuchar al otro, simplemente se repite un mantra una y otra vez hasta que termina el programa. Lo extraordinario del caso es que posterior al encuentro normalmente se dan la mano y posiblemente terminen tomando un café en los pasillos de la estación televisora o la radio y hablen de sus hijos, nietos o las próximas vacaciones, en el fondo son actores.

La grieta no sólo se encuentra al interior de las sociedades, sino que entre ellas. Los frágiles puentes que aún nos mantienen vivos en un mundo que puede ser potencialmente destruido varias veces, nos grafican el horror de lo que esto significa, cada día las grietas locales y globales se hacen más profundas y distantes en sus lados, tendiendo a distanciarse y profundizarse tanto que llega un tiempo de desconocimiento entre hermanos y paisanos, un tiempo de distancias y alineación.

Pienso que los discursos que construyen y profundizan la grieta son producto de una abstracción brutal de lo que las sociedades son, y han sido, porque el fenómeno no es nuevo, están basados en unas construcciones intelectuales de personas y grupos que fueron o son incapaces de comprender las variables que juegan en el mundo real, es decir son caricaturas del mundo real.

La grieta en nuestro país tiene a profundizarse, Mosciatti instigó a un sector en particular en su programa, pero en rigor la grieta se construye a partir de la separación en direcciones opuestas, con igual fuerza, con igual tendencia a demonizar al sector contrario. La grieta es peligrosa para la convivencia pacífica colectiva porque no es una cuestión estática como puede desprenderse de la figura que postula Lanata, al abrirse más y más libera ventarrones de odio que tienden a convertirse en tempestades, y luego en noches oscuras donde aparece toda la miseria humana.

No sé cómo se puede hacer pensar a quienes lideran esas fuerzas disociadoras de la sociedad que generan las grietas, esos trabajadores (muchas veces pagados por nosotros) están tan ocupados entrenándose en discursos pre-formateados que repiten en cacofonías interminables, parece imposible que puedan aprender algo nuevo y desaprender, en especial esto último, desaprender, al fin y al cabo actuamos como lo hacemos porque aprendemos a hacerlo así, a pensar de determinado modo porque otros nos lo hacen ver así, así lo aprendemos y así creemos que es la compleja realidad, un absurdo. Ante la remota posibilidad de desaprender, ¿quién lo puede hacer?, ¿quién puede ver de improviso campos perfumados de vida donde otros sólo ven campos yermos y hedor?.

jueves, 4 de mayo de 2017

Prisioneros de la demagogia



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Pensé colocar el titulo de prisioneros de los demagogos, pero me di cuenta que el demagogo es sólo un practicante, un jugador, una pieza de algo más elaborado, mayor a él y en proceso continuo de mejoramiento, una disciplina, la demagogia. No sé cuantos practicantes habrá tenido la demagogia a través de los siglos, pero sin duda se trata de una creación colectiva con muchos años y es evidente que evoluciona con nosotros.

Aquella épica tarea de no seguir a ídolos, ni figuritas, ni candidatos de ninguna especie, y por lo tanto mantener cierta distancia de la acción es muy difícil, se ve una tarea titánica alcanzar alguna perspectiva sobre la efervescencia de mítines, encuentros masivos, proclamaciones, y otros eventos similares, es decir alejarse del ojo del huracán, y a veces de su propio entorno y por cierto también de la influencia solapada de las preparadas entrevistas en los medios, si tal tarea se pudiera hacer y a continuación subir la colina cercana y desde allí mirar el espectáculo, se vería en acción a los demagogos.

La miel que son capaces de producir algunos demagogos es más dulce que la que producen las abejas, porque al recorrer el aire y llegar a oídos de las personas estas saltan, se convulsionan y se sienten felices, entran en un estado de fervor porque el demagogo toca en sus seres una música celestial, algo parecido al éxtasis religioso se produce dentro de ellos.

El falso halago debe ser una arma mucho más peligrosa que una bomba termonuclear coreana, si me lo permite el españolísimo Cao de Beno, el embajador plenipotenciario de Corea de Norte para el mundo occidental, hay algo en el halago que a cualquiera lo desarma y lo entrega en bandeja a los deseos del demagogo, es un regalo que viene a llenar cuanto vericueto vacío hay en la vida, y el halago es sólo una de las muchas armas con que la demagogia ha dotado al demagogo.

¡Estamos en esto junto! … es otra de esas cuestiones que cuanto te lo dicen, sientes que tienes un ejército detrás que viene a dar fuerza a tus cansados músculos y te sientes otra persona, alguien que tiene donde apoyarse aunque esas fuerzas sean en realidad pura espuma, nada en absoluto, una corriente de aire que impulso el demagogo desde su boca en dirección tuya.

¡Tus derechos!,¿ tus derechos?, esa idea sí que es un multivitaminico, dicho con energía y sobre todo desde el palco oficial, da la sensación de ser una brisa que llega aún más cálida hasta la última galería donde se acomoda a duras penas tu ser, tu pobre ser, entonces no importa nada, sientes una satisfacción de contar con el mejor abogado, alguien conoce tus derechos y los ha proclamado para que se sepa, para que aquellos que no te los respetan sientan una especie de castigo que les baja desde las alturas. De deberes el demagogo no te hablará, porque es complicado, uno de tus deberes es no creer en los demagogos.

¡Nos han robado a todos!..Esa exclamación llega a tus oídos cargada de aroma justiciera que inflama el cerebro hasta el punto en que quieres salir a hacer justicia por tus propias manos, el demagogo te muestra entonces una lista de villanos, gente obscena, oscura, mafias de todo tipo que literalmente te ha dejado seco, se ha llevado tus jugos vitales, al final del discurso tienes una claridad absoluta de quienes son los culpables, entonces cualquier juicio suena a trámite innecesario, te han abierto los ojos y definitivamente eres otra persona, sientes que ya no tienes “algo”, no importa qué, sólo importa que te lo han robado.

Pienso, aunque no sentado en la colina como quisiera, que la demagogia nos tiene atrapados, somos prisioneros y probablemente seguirá peor y peor, en parte porque aloja una suerte de droga en nuestros cerebros y por ello nos hemos vuelto adictos, somos demagogo-adictos entre otras taras contemporáneas, pero hay algo más, algo que la demagogia nos ha regalado y por lo tanto no la abandonaremos aún sabiendo de sus barrotes, y es la oportunidad de canalizar nuestras frustraciones, envidias, odios y egolatría, amén de nuestra soberbia, en los discursos y por cierto en la acción posterior, ello significa entre otras linduras que esos negros sentimientos están bien alimentados y creciendo rosaditos, regordetes, nada de represiones internas, nada de crecimientos valóricos en nuestro interior, probablemente no nos queda espacio, en parte porque nos negamos a ordenar la casa.

miércoles, 26 de abril de 2017

¿Se acaba el mundo?





Hemos escuchado y visto en vivo y en directo como se desarrollan las tácticas de las grandes potencias y sus acólitos en torno a la situación de Corea del Norte, da escalofríos, hay amenazas de bombas nucleares y la palabra “nuke” se está volviendo más familiar y banal, algo así como yo te envío mi bomba y tú me envías la tuya, por vía aérea por supuesto, porque por mar demoraría mucho.

Pero no sólo eso asusta, esta la amenaza química y la biológica esperando, sus encargados están quizás con las puertas abiertas en sus laboratorios y en turnos continuos, consiguiendo sus horas extras del mes. Me imagino que esto es la fiesta para los estrategas militares, visires y un cuánto hay de asesores de cabecera, hasta aquellos más enfermos deben estar convocados por todos lados.

¿Quién se acercará primero a Corea del Norte?, ¿será China?, serán los Norteamericanos esperando que les funcione la táctica desarrollada en Iraq?, es decir que resulte fácil convencer a la población de aliarse a ellos, ¿y los Rusos?, ¿ no están ellos interesados en golpear la mesa también?, ¿y los aliados?, se verá en esta si eres mi amigo o mi enemigo,esto también es una prueba de hermandad de sangre, o será la misma Corea del Norte la primera en dar el golpe, total quien golpea primero golpea dos veces dice el dicho…claro, eso si alcanza a hacerlo.

Triste realidad la de estos tiempos, todos están armados hasta los dientes, los desarrollos tecnológicos de los últimos 70 años nos han aliviado la vida, pero también han invitado a estar en la sala de espera a la muerte en su versión masiva como nunca antes, a nivel global, todos se están mostrando los dientes, no sólo son los fundamentalismos los que chocan entre ellos y el “mundo libre”, sino que los carbones de la guerra fría se han encendido nuevamente, casi se ven las llamas en algunas partes.

Me imagino el terror de vivir en algunos países, quizás esperando que esto se diluya y finalmente no haya nada, pero desde una perspectiva pesimista eso es sólo un alargue del juego, pasará en algún momento, la hora fatal llegará y quizás nos envuelva a todos.

Tampoco hay que ir tan lejos, aquí en el barrio nosotros no nos amamos con nuestros vecinos, en nuestra versión algún día nos atacarán y por eso nos armamos, he escuchado que ellos, Peruanos, Bolivianos y Argentinos piensan lo mismo. Recientemente unos periodistas argentinos se preguntaban ¿para que se arma tanto Argentina?, con un presupuesto multimillonario “renovará material”, difícil pensar que se arriesgará nuevamente con Inglaterra, entonces quizás esté pensando probarlo con nosotros, total, todo el mundo se arma, todos juegan a construir sus “hipótesis de guerra”.

Al final todo es tan banal, la banalidad con la cual se trabaja construyendo armas letales en horarios de oficina, es la misma con la cual el gordo funcionario gringo comiendo su sándwich de hamburguesa de ternera de Tennessee, y bebiendo Coca-Cola light por problemas de pre-diabetes, dispara desde un “dron” y mata al líder talibán y todos sus secuaces, los mismos que acaban de matar unos cuantos enemigos unas horas antes.

La inteligencia de la cual hemos sido dotados también cubre esa parte oscura de nosotros, al fin y al cabo tenemos algo de Caín, de asesinos, y aunque nos hemos dotados de marcos constitucionales-jurídicos-legales para evitar que nos matemos a mansalva, hemos dejado la guerra para esos menesteres, la estudiamos, planificamos y hacemos lo posible por mantenerla viva, encendida en muchas partes del globo como un fuego primordial que no debe apagarse nuca, porque allí matamos y nos matan en un concierto que no acabará mientras viva el último humano.

Soñar un mundo mejor parece una utopía, porque al interior de nuestras sociedades el odio atrincherado entre izquierdas y derechas, o entre fanáticos de todo tipo de "verdades" y entre facciones de dominio que se encuentra allí donde estemos nos ponen en alerta, en realidad no tenemos paz, quizás ni siquiera la conocemos a pesar que tanto se habla de ella, muy probablemente es otro invento, otro “concepto” sin realidad de nuestras afiebradas mentes.

Esperemos para esta oportunidad que los “comités de emergencias” estén constituidos por algunas “palomas” y no tantas “águilas”, para que no veamos en una escala global, en una magnitud genocida épica la brutalidad de la guerra, aquella mala cosa que vemos fragmentada por muchas partes del mundo en los noticieros de la noche.

viernes, 14 de abril de 2017

IDOLOS CON PIES DE BARRO




La expresión “Ídolo con pies de Barro” corresponde a una ilustración sacada de los textos bíblicos, y se refiere a personajes que son idolatrados por sus seguidores y súbditos pero que cuentan con poca o nula base de sostén, piernas y pies de barro, en consecuencia son figuras fabricadas que no se sostienen solas, y aunque aparentan fortalezas son débiles estructuralmente, en el caso contemporáneo, muchos de los ídolos que nos convocan son productos construidos por aquellos que manejan las finanzas, por las ideologías de masas, por los medios de comunicación, por los padrinazgos político-económico y por muchos otros mecanismos en las sombras que ni siquiera sospechamos de su existencia.

El caso es que si nos elevamos algo, y sentados en posición de loto alcanzamos alguna perspectiva sobre el panorama económico-social-cultural y político nacional, visualizamos el escenario multicolor en que también somos actores , y ante nuestra párvula vista descubrimos una abundante cantidad de ídolos con sus respectivos seguidores que susurran al oído y llaman cada día con voces y palabras melosas, amigables y muy familiares, regalando de paso chapitas y caramelos “Kojak” para que nuevos acólitos se sumen a sus filas, para que los sigan y engrosen sus colectivos, para que bailen sus ritmos y sin duda para que abracen sus banderas.

A estas alturas de la civilización cuando parece que ya nos liberamos de los viejos y desacreditados dioses y semidioses y en cierta medida lucimos como seres libres, golpea nuestro ser el miedo al futuro y la espantosa escasez de certezas que invitan a ir a ”black”, a la borrachera, a la pérdida de conciencia o por el contrario a una angustiosa búsqueda de dirección, a ubicar alguna claridad donde acunar el ser, es entonces cuando estos ídolos abren sus manos y nos muestran sus mundos de fantasías en que la felicidad y la calidez de sus reinos nos acogen, somos bienvenidos en todo tipo de tramas y ambientes, desde los más extravagantes, como aquellos de “tecno-music” en que se nos invita a liberar nuestra conciencia racional para entrar en éxtasis liberadores, y así bailar y bailar hasta necesitar que algún químico mágico nos permita seguir la música en una suerte de espasmos robóticos, o aquellos otros ambientes, lo pseudo-deportivos, en que extraños y hasta bizarros personajes idolatrado por la masa nos invitan a fundirnos con otros y gozar sin límites del espectáculo de reventar a un rival, y con ello a reventar todo lo que está en el entorno, en otro éxtasis causado por el placer de destruir al actuar en manada.

En aquel otro camino, el que busca certezas o alguna mínima dirección, dejando atrás los mundillos más “ light” y embriagantes y sus ídolos, quizás por cierto temor al tatuaje, es preocupante e intimidante la situación en algunos escenarios, en ciertos ambientes de éxtasis rugen cientos, miles de fieras a cada aullido de su ídolo, una suerte de “tótem” viviente que llama al odio sin compasión, así ocurre en algunos sórdidos ambientes políticos en que junto con la ritualidad de la admiración y glorificación a personajes hinchados de orgullo, se aprende lo bueno que es tener enemigos a quien vencer, una “otredad”, normalmente unas gentes que no merecen lo que tienen, porque esos ídolos han concluido que todos estamos en problemas, en carencias, y que necesitamos una buena dosis de soluciones no importa cuáles sean mientras no signifiquen esfuerzo propio, y entonces se esperan los ansiados discursos para analizar, para rebuscar, para desgranar cada palabra de su contexto y a modo de hallazgo vital , visualizar los mundillos de fantasía que el ídolo quiere para nosotros.

Probablemente muchos y en la mayoría de las situaciones en realidad buscamos líderes, gente visionaria, con ciertos valores y con capacidad para aunar voluntades y construir para todos un mundo mejor , pero en medio del circo en que estamos no hay claridad para identificar esas personas, en todos los ámbitos, escenarios y circunstancias los ídolos son los referentes, los que dirigen la música, los que tiene sobre si los focos de iluminación, los que tienen en sus manos los micrófonos y en sus contorciones son los que atraen las cámaras.

Pero al final todo se cae, entonces se relaja el éxtasis y llega la realidad, se termina la función y ya no tenemos los focos de luces sobre la figura que nos convoca, la música se retira y hay que volver allí donde acomodamos nuestra vida, la dura verdad aparece cualquier día y el ídolo que se erguía luminoso sobre nosotros se desintegra ante nuestra mirada atónita, y en medio de las sospechas generalizadas se descubre que estamos frente a otra farsa, a otro de los muchos cuentos que ya nos consumimos y empezamos a regurgitar.

Podría concluirse que hay una fatalidad en todo esto, porque en medio de todo este panorama de ofertas vemos con ojos perplejos que apenas ha caído un ídolo y sus restos se diseminan en la nada, o aún son canibalizados en medio de aquel colectivo que antes le rendían pleitesía, aparece otro ídolo, otro más fresco, más reluciente que el anterior y nuevamente con voz melosa no llama él y sus seguidores a sus filas, a incluirnos entre sus huestes que ya están gritando las nuevas consignas, bailando los nuevos ritmos, excitados y esperanzados en que este no tenga los pies de barro, pero ello podría ser otra ilusión, otro juego sucio de nuestra mente.

Ante estos actos tantas veces repetidos, reflexivamente y con serena lucidez, alejados de otros aún embotados o borrachos por la locura colectiva que lo envuelve todo, quizás concluyamos con cierta certeza que no estamos liberados de seguir ídolos, y en realidad no somos libres de elegir ni de discriminar nada, y en rigor, no tenemos cómo reconocer los líderes entre nosotros, consecuentemente quizás estamos condenados a seguir este juego macabro una y otra vez.


lunes, 9 de enero de 2017

Señales





Probablemente para los índices de longevidad que muestran los países desarrollados, el cantante George Michael , Γεώργιος Κυριάκος Παναγιώτου, se murió muy luego, y con él una porción de la realidad que me ha tocado vivir, en este caso la musical.

Reflexionando con “ Monkey ” de fondo, repaso como se ha ido la vida, como se ido gastando ese capital inaprensible e incomprensible que algún día me regalaron, y la música que escucho me recuerda que con el cantante una suerte de entorno sensible se va, se fuga en medio de la desazón a alguna parte o quizás a la nada, y como en tantas otras despedidas esta también se convierten en mi mente en signos de interrogación. Con los devaneos musicales y temporales que surgen de la canción “Kissing A Fool “, me doy cuenta que lo que se va es mi tiempo y los que se despiden son mis coetáneos en el tiempo, aquellos que respiraron cuando yo también respiraba, todos en algún momento respirábamos, con aquellos que ya se fueron mirábamos los mismos instantes del sol, la luna y las estrellas, y también con ese cantante, en la antípodas por cierto, pero en una lejanía relativa que al fin y al cabo nos juntaba en este planeta esférico, y en el mismo tiempo.

Somos polvo en el tiempo decía otra canción de mis años mozos, y claro, somos polvo en el tiempo y también polvo de estrellas, unas partículas infinitesimales de materia que se despiertan a la conciencia en algún lugar del tiempo, para darse cuenta a los pocos años que el juego un día se acaba, pero antes de que ello ocurra se reciben señales para que te prepares, eso me dice la canción “Hard Day” ahora.

En realidad uno nunca se muere solo, se muere con muchos otros que te van dejando señales en el camino, en el medioambiente, para decirte que te prepares y que el decorado de todo estas escenas que observastes y escuchastes se empiezan a desmontar. Con la muerte de cada uno de ellos, familiares, amigos, conocidos, figuras de tu tiempo se muere algo dentro del ser, y tu mente empieza a sospechar que quizás es tiempo de cosecha para otra generación.

Tengo la sensación que los pocos escritos que he realizado son eso, pocos escritos, quizás haya que dejar más huella, al fin y al cabo ese parece ser un acto de rebeldía ante el tiempo que insiste en seguir adelante, como un tren loco que en algún momento descarrilará, es sabido que algunos se la juegan por una posibilidad de escape generando una huella gigante, un relieve indeleble destinado a dialogar con el futuro, una suerte de inmortalidad precaria, eso hizo este cantante griego que ahora canta “A Last Request”.

Termino estas reflexiones sobre mi tiempo intentando visualizar alguna señal positiva que tranquilice mi mente, intento ver algo en el camino, reconocer alguna figura en la lejanía, porque comienzo a incomodarme, sospechando que el camino tiene demasiadas señales para estar tranquilo.

martes, 18 de octubre de 2016

Conjeturas sobre el poder






Mucha gente piensa que cuando alguien alcanza una cota de poder, cuando se posiciona sobre otros porque asume un cargo de autoridad o porque es nombrado en un nivel en el cual tiene una porción de poder, ese “alguien” cambia, es otro, no es la misma persona, dicen que Abraham Lincoln y otros grandes hombres se han referido a ese hecho, “...dale poder a un hombre… y lo conocerás realmente...” dicen que dijo Albert Einstein alguna vez.

Me resistía a reconocer que esto fuera cierto, que fuera un hecho, pero la evidencia que he podido obtener en mis años de vida es tan apabullante que me rindo ante ella, la gente cambia con el poder, con algo de poder en sus manos se transforma, se convierte en otro u otra persona.

¿Por qué ocurre?, una idea que escuché alguna vez dice que el dinero y éxito no cambian a las personas, sólo amplifican lo que estaba allí, quizás ocurra lo mismo con el poder, no sería en realidad un cambio sino que se trata de una mejor exposición, y de una mejor visualización de una caracterización que no vemos cuando estamos muy cerca y pensando que somos los mismos.

Otra idea que he escuchado de varios gurúes, unos religiosos y otros ateos es aquella que culpa al EGO, ese supuesto diablillo que controla y espolea nuestro cerebro bajo cierta condiciones, y que nos lleva a comportarnos como un tirano con otros y a veces con nosotros mismos, es decir estaríamos a merced de una parte de nuestra personalidad medio oculta y que pareciera residir en nuestro cerebro primitivo, aquel cerebro un poco reptiliano que aún conservamos.

La gente cambia, es un hecho, y a veces nos sentimos tocado por esa “otra “persona que ayer considerábamos como parte de nuestro mismo redil, nuestro o nuestra igual. Este proceso es a veces doloroso, me ha tocado sentirlo con personas cercanas y al parecer no hay nada que hacer, sólo dejar que el tiempo transcurra porque todos sabemos que nada es para siempre, nada ni nadie se mantiene en el poder siempre, este es por esencia pasajero, es al fin y al cabo una ilusión, como todo en la vida, polvo en el viento dice en armonía con los sonidos del violín el grupo norteamericano Kansas en una canción que nos recuerda lo efímero de todo esto.

En realidad no hay poder, ¿pero cómo se lo hacemos saber a nuestros amigos?, a esa persona que ayer estaba a nuestra misma estatura y con las cuales compartíamos las mismas conjeturas sobre las banalidades de este mundo, ¿ cómo le decimos que todo es falso a quien acaba de recibir un bastón de mando?.

Quizás detrás de todas esas actitudes muy humana se anida el miedo y la soledad, el miedo porque el poder trae también la conjura, el deseo de otros de obtener ese poder, tener poder sobre otros es como la miel para algunos y parte de su razón de existir, por lo tanto irán detrás de ese poder no importa lo insignificante que sea, lo querrán y entonces buscarán la forma de obtenerlo, ello implica muchas veces la conjura, quitarlo de quien lo tiene, quizás aserruchar el piso, quizás aplicando pequeños golpes en zonas frágiles en forma constante como la gota de agua golpea la roca, quizás incitando a otros para crear ambientes propicios para el cambio de manos del poder, eso se sabe, y genera miedo. Por otro lado, está la soledad del poder, no aquella soledad por no estar rodeados de personas sino que es la soledad de la incertidumbre, la soledad de no saber exactamente quien está contigo, a quien le hiciste daño por alguna decisión.

Es extraño el poder, probablemente nos recuerda en nuestros cerebros una antigua y telúrica violencia física, una violencia que ha quedado en nuestro genes marcada a fuego, porque el poder era en esencia en tiempos antiguos violencia, por ello nos provoca algo, no somos indiferentes, es como si recordáramos que el poder no es bueno, es un recordatorio permanente de que existe la maldad y de nuestra propia maldad, y también una evidencia más de nuestra propia fragilidad.

Al final, quienes alcanzan el poder, quienes tienen poder sobre nosotros están en problemas, no son las mismas personas que conocimos, ellos se fueron y dieron paso a alguna personalidad oculta escondida que al fin pudo salir a la luz, y por otra parte, nuestra mirada es de desconfianza, nuestro genes nos transmiten mensajes subliminales que nos dicen que estamos frente a entidades que pueden ser perjudiciales para nosotros. Muchos buscan el poder, se afanan en ello, pero la pregunta que queda de fondo en esta reflexión es: ¿vale la pena?.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Era de la estupidez, tiempos de disparates





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Dicen algunos que vivimos en la era del conocimiento, se argumenta que dejamos atrás la era tecnológica y la era de los descubrimientos y sus múltiples tiempos, y así, pensando en grandes escenarios de tiempo, quizás en toda era por la cual hemos pasado hayan tiempos para vivir y tiempo para morir como dicen los religiosos, todo tipo de tiempos y eventos en la vida de los humanos y de las sociedades, en esos lapsos constitutivos hay tiempos tan nobles como el despertar de una borrachera temporal y alcanzar conciencia de la fragilidad del medio natural, y por supuesto tiempos tan terribles como los tiempos de guerra o de sonidos de tambores de guerra. En ese contexto, creo que quizás ya pasamos la era del conocimiento y estamos viviendo en la era de la estupidez, algunos ya lo han dicho en sus escritos y documentales como Fanny Armstrong, la evidencia es abundante, encontramos estupidez por todos lados.

Pero hay algo en estos tiempos de la estupidez que no sólo me llama la atención por su recurrencia, sino que me llama la atención por su cultivo y desarrollo, por lo complejo que se ha vuelto y la seriedad con que lo tratan algunos, se trata del disparate, quizás estamos en tiempos de disparates, hoy no hablamos cualquier disparate, este se ha elevado y pareciera que se ha depurado, tiene otro nivel, y hasta se puede alcanzar una especialización en disparate, se puede obtener un postgrado, es decir tenemos el disparate en pleno crecimiento, quizás en los pilares de la era de la estupidez se concentra una preocupación enfermiza por vivir en armonía con el disparate.

Cuando se sigue una entrevista de algún encumbrado en la política, en la economía, o quizás en las artes, quizás no lo note Ud., pero después de algunos momentos de lucidez, entramos de lleno en el disparate, en la misma situación, si leemos las portadas de diarios y pensamos algún instante sobre lo que se informa tan sucintamente, encontramos en todo su esplendor el disparate.

¿Quién está exento en estos tiempos del disparate?, ¿quién puede de algún modo enhebrar algunas ideas refrescantes, cristalinas y creativas sin caer en el disparate?, es difícil, la era de la estupidez lo guía todo, sus tiempos constitutivos no son aislados, están intercomunicados, y por lo tanto aunque nos resistamos y pongamos en nuestro cerebro algunos filtros de muy alta complejidad, por la misma complejidad que ha alcanzado el disparate, de allí somos.

Termino estos breves pensamientos, no porque quiera terminarlos, no porque sienta que el tema esta resueltos y haya expuesto todo lo que pienso sobre esta especial condición, sino que termino este texto por el temor que siento de estar diciendo puros disparates.