viernes, 11 de enero de 2019

Regando bajo la lluvia





imagen de https://pixabay.com

Hace unos días, mientras viajaba al centro de la ciudad, encontré una escena que me hizo pensar todo el viaje, vi a dos hombres, unos funcionarios de alguna empresa de paisajismo regando una área verde, mantenían un jardín urbano como debe ser habitual, pero a esa hora y por mucho rato llovía sobre la ciudad, llovía de manera intensa, estaban regando bajo la lluvia.

La escena me hizo cuestionar una serie de situaciones que se asemejan y que dice relación con la forma en que se dilapidan los recursos, recursos en genérico, y que sabemos que son difíciles de obtener y siempre son escasos, siempre están “al debe”.

Pienso que nosotros deberíamos ser una sociedad muy diferente, los terremotos nos dejan unas enormes cuentas, una heridas gigantescas que cuando están algo más sanas, nuevamente el fenómeno natural nos golpean para dejarnos de rodillas, esa escena fatal me recuerda el mito de Sísifo, el castigo de llevar una roca hasta las altura con mucho esfuerzo, solo para que esta caiga nuevamente, y así empezar a subirla otra vez en un “loop” por toda la eternidad.

Aún con esa situación conocida y recurrente y que afecta a cada generación, pienso que somos un país afortunado y consecuentemente deberíamos ser diferentes, vemos que el esfuerzo diario genera recursos, en alguna medida el orden que muchas personas tienen en sus vidas, sumado a la fe en los proyectos personales y la entrega a sueños y utopías, permiten que el Estado recoja miles de millones de pesos, pero ese mismo pensamiento me dice que parte importante de esos esfuerzos se dilapidan, la pregunta es ¿por qué nos ocurre esto?, ¿no basta el daño que nos hace la naturaleza para aprender a ser más eficientes y eficaces en el uso de los recursos?.

Puede ser polémico señalar que hay despilfarro y hasta apropiación indebida, que ha habido tiempos de vacas gordas y no se ha notado, que no se ha evidenciado un mejoramiento que permita enfrentar los tiempos de vacas flacas. La forma más evidente que muchos sienten que se dilapidan los recursos es financiando los cargos políticos, es un sentir que sale en las conversaciones privadas, que genera comentarios mordaces, es una protesta silenciosas que está en el ambiente, parece que es cierto que pagamos los mejores sueldos a algunos representantes de la clase política, por eso se siente que no hay cuidado en el manejo de esos recursos, y hay desazón cuando se informa el monto de los sueldos que se pagan a personas que parecieran no tener los méritos para ser nombrados en algunos cargos, o que hay pagos post-servicios, que existen algunas perseguidora de vida para algunos o el “agradecimiento vitalicio” para otros pocos.

Pero ese aspecto del cómo se van los recursos, pienso que esta gastado, ya es un cuento viejo, y como tal, no parece que tenga solución, a no ser que ocurra un despertar a la ética, o que al menos triunfen algunas mociones que han presentado parlamentarios jóvenes, la gente nueva que sienten que se les paga mucho por lo que hacen, algo les suena mal, quizás pasado algún tiempo ya no les preocupe tanto, pero en fin, es un cuento viejo, lo nuevo que estamos empezando a presenciar, es que otros representantes del estado “transfieren” recursos destinados a sus instituciones a sus cuentas privadas.

La forma en que se dilapidan los recursos públicos es bastante variada, y en algunos casos bastante más torpe, una de ellas es seguir insistiendo en hacer ciudad difusa, seguir aumentando las ciudades ocupando suelo fértil, lo que implica extender al infinito las redes, las vías pavimentadas, los servicios, y otras componentes vitales como los servicios policiales, con ese torpe “dejar hacer”, no solo hacemos las cosas lo más costosas que podemos, sino que se la ponemos bastante difícil a personas que se gastan la vida viajando al trabajo.

Ciudades como las nortinas vinculadas al cobre, no son los paraísos que esperaríamos ver, una amiga me dijo un día, no vivo en Dubái, al revés, vivo en una ciudad sucia, fea y llena de problemas de sobrecosto, y que además está a la espera de su muerte cuando termine el mineral. Todo este tiempo se ha desperdiciado, nadie que debería hacerlo ha visualizado ninguna apuesta para un escenario previsible, ni siquiera se intentó, llegado el momento, como todo campamento aquello se levanta y desaparece, parece que la época del salitre no nos enseño nada, los recursos que una vez estuvieron allí se fueron con el viento.

Pero también hay que decir que dilapidamos los recursos naturales y los esfuerzos que se realizan para la crianza de animales en un territorio complicado y escaso para ello, resulta penoso conocer que hay compatriotas que no les alcanzan las “lucas” para comer, que en su jornada diaria de trabajo apenas pueden comerse un “completo” o unos tallarines sin carne, pero hay mascotas que la pasan bastante bien, una marca de alimentos para mascotas dice en su propaganda “…Esto significa que la comida para mascotas de xxxxx® contiene materias primas de origen animal de los mismos animales que nosotros comemos, como ternera, cordero, pollo y cerdo….”, y no solo eso, varias toneladas de pescados se extraen para esos paladares, demás está decir que esos compatriotas que no ladran ni ronronean, pero que se esfuerzan mucho, tampoco les alcanza para comer pescado, el mismo mensaje de la empresa en cuestión dice sin embargo …..”la carne del pescado azul contiene omega 3 y vitaminas A y D, ideales para mantener el pelaje sano y brillante….¿?

Hay muchas formas en que dilapidamos y se dilapidan nuestros esfuerzos y nuestros recursos, y también la vida misma de las personas. La pérdida de agua que muestra la escena al inicio de esta reflexión es seria, nos estamos quedando sin agua, somos candidatos a quedarnos secos. Espero que esa imagen real que ocurrió un día de enero sirva para darle vueltas al asunto.

jueves, 3 de enero de 2019

Nosotros, los autoflagelantes


Imagen de http://www.colegioveterinario.cl


Al parecer en algunas situaciones no hay un término medio, hay uno u otro estadio, si no está en uno, estas en el otro y punto.

Chile actualmente se encuentra entre los países con índices de felicidad altos, cercano a los 26 puntos, más cerca de Finlandia, el número 1, el campeón, que de Sudán del Sur, un país de África que en los números luce poco feliz, está en el lugar 154. Todo hace suponer que vivimos muy contentos en este suelo, que si bien no todo es miel sobre hojuelas, al menos tenemos un sentimiento de agrado, de complacencia de amanecer cada día vivos, de poder salir de nuestras casas y enfrentar el mundo; pero hay algo en el ambiente, se puede oler un aroma de actitud contestaría con algo de pesimismo y algunos buenos kilos de impotencia encubierta, esta última es una actitud que aparece en la conversación intima, en el diálogo en confianza, en el “face to face”, pienso que en algunos escenarios esa impotencia encubierta nos posiciona como autoflagelantes.

El siguiente es un caso para reflexionar, para darle vueltas, posiblemente estemos llenos de este tipo de situaciones, tengo la sensación que en el ambiente de felicidad que nos detectan, hay algunos escenarios kafkianos.

Una señora de 85 años vive sola y encerrada en su casa, debe salir a caminar de preferencia en forma diaria, su corazón lo está pidiendo a gritos, su ánimo también, pero no puede, tiene miedo de ser comida. Un día “alguien”, una persona de buena voluntad le dio de comer a un perro vago, esa misma persona le dio de comer luego a un segundo perro vago, luego un tercero y así nos fuimos, hoy son unos nueve, han encontrado un lugar donde estar, un punto en la ciudad donde llegar, relajarse, dormir y comer, en esta escena feliz, unos perdieron.

En la misma película, pero en otra escena, un vecino cansado que le robaran desde su automóvil que dejaba fuera de su casa que carece de espacio para un garaje, miró la situación de los perros, y ante la eventualidad de tener un sistema de alarma eficiente, y de contar con una fiera guardia permanente que cuide su automóvil, optó por sumarse y comprar alimentos para perros, es un “dog lover” y sigue el juego de la persona de buena voluntad.

La jauría es brava, el líder es un chico feo medio chueco y mal intencionado, con unos dientes tipo tiburón que muestra muy rápido, pienso que sufre de complejo de inferioridad. Cualquier vehículo que pase por el lugar será seguido con muestras de odio, aullidos, ladridos y otros sonidos funestos proveniente del meta-mundo de los perros, las muestras de agresividad de los canes va “ in crescendo”, su espíritu colectivo les hace saber a cada visitante que osa cruzar su “su territorio” , quien manda allí. En las noches los ladridos se incrementan, los aullidos alegran al dueño del automóvil e intimidan a otros.

Kafka entra en escena cuando se intenta hacer algo, entonces los caninos a través de sus amistades humanas nos hacen ver que son “perro comunitarios”, porque cumplen con : “perro que no tiene un dueño en particular pero que la comunidad alimenta y le entrega cuidados básicos”… sic, por lo tanto el proceso de alejarlos requiere que un juez los declare peligrosos, eso podría ocurrir si un fiscal competente logra demostrar con pruebas convincentes que existe riesgo, es decir, deberá acompañar algunos casos de ataque documentados con medios de pruebas válidos, o la muerte de algún ciudadano honorable y debidamente identificado, no se vale llevar un cadáver nn, se podría argumentar que fue llevado al lugar, una acusación muy fea.

La ley que aborda estos temas, la ley “Cholito” prohíbe sacrificar estos animales bajo ninguna circunstancias, nadie lo piensa en este caso pero es un asunto curioso, día a día sacrificamos miles de otros seres sin tanta suerte, algunos de ellos grandes, rechonchos y mansos, otros rosaditos e igualmente gorditos, y quizás cuantos otros millones de condenados cubiertos de plumas, al parecer odiamos las plumas, ¿ será porque tenemos pelos?. La ley es clara respecto a esa comunidad canina, se protege, no porque estén en peligro de extinción ni porque tengamos una cultura religiosa que los proteja como el conocido caso de la India y sus vacas, es sólo porque los perros nos caen bien, los gatos por supuesto también, aunque estos últimos no les gusta morder a la gente, les gusta más el pescado, otros seres condenados, y así las cosas, les traemos una variedad de esos sabrosos nadadores desde las costas a sus mesas.

Continuando el tema, hay un “statu quo”, nadie mueve ficha, después de todo nadie quiere ser políticamente incorrecto, es mucho riesgo en los tiempos que corren, en varios casos se prefiere sufrir, morder la impotencia y aceptar la situación, eso es vivir encerrado, escuchando de noche el aullido a la luz de la luna, o los conciertos de penas de amores de la jauría.

La abuelita, las otras abuelitas, los niños y los otros vecinos no son los únicos que se siente intimidados y debe vivir su encierro, hay que agregar los hijos, parientes y visitas externas, los “delivery boy (o girl) ” y por supuesto el cartero que debe llevar entre sus ropas algunos huesos, muchos se acercan protegidos por sus automóviles hasta llegar a las casas, hay que tomar resguardos, el ambiente además se ha vuelto fétido, no hay baños perrunos por allí.

Pienso que somos autoflagelantes, normalmente se hacen leyes sobre una situación aún caliente, con la temperatura alta y sin mucha reflexión, sin medir en profundidad el alcance de la norma, una situación que tal vez ha ocurrido en este caso con la ley “Cholito”, me sumo a la postura que señala que hay que ser bondadoso con los animales, en ese tema también me sumo a otras varias causas, no me gustan los rodeos, ver sufrir los terneros, pero hay que dejarse una salida, una salida clara y operativa, una puerta que permita enfrentar los escenarios, porque en caso contrario se produce un nudo gordiano.

Finalmente, la razón indica que no hay que perder el norte, primero está el ser humano, no nos castiguemos todos por culpa de unos cuantos que odian a los animales, eso es ser autoflagelante.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Como Pollo sin Cabeza



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No sé donde escuché alguna vez ese dicho,"como pollo sin cabeza", pero imagino que comunica falta de claridad, que no se sabe hacia dónde se va, que el destino al cual se marcha es confuso y que se puede estar dando vueltas y vueltas como ocurre cuando se ha perdido del mapa de la ruta.

Me pasa lo mismo cuando intento ver en perspectiva hacia dónde vamos como país, como sociedad, la sensación que tengo es que tenemos problemas de timón, a veces veo que vamos para un lado con toda la potencia, para luego sin más, cambiar de dirección y enfilar rumbo hacia otros destinos, como pollo si cabeza.

En esta práctica perdemos tiempo, y no sólo en los últimos años, desde hace ya un buen rato siento que estamos a la deriva. No sé si quienes llevan las riendas del país la tienen clara y simplemente no lo saben comunicar, pero desde acá abajo, desde el ciudadano a pie no se divisa rumbo, se siente una desesperante condición de ir en las bodegas de un barco sin saber a qué puerto nos llevarán, y lo más terrible, hay muchísimos vecinos que nos les importa, se entretienen durante el viaje chateando con el del lado.

Me imagino desde mi párvula y poca capacidad reflexiva que orientar los destinos de un país debe ser una tarea titánica, hay tantas y tantas fuerzas que intentan llevar a la sociedad hacia sus idearios de paraíso, normalmente ubicados en direcciones contrarias y constituyendo fuerzas opuestas que jalan fuerte, bajo esos tiras y afloja a veces podríamos parecer que somos un cuerpo listo para ser descuartizado, algo similar a lo que ocurría con los condenados a morir por desmembramiento, los caballos separaban brutalmente los miembros, las partes, acá podrían haber más partes, incluida la cabeza.

¿Por qué no hay proyectos comunes?, ¿Por qué no hay grande acuerdos sociales?. En la disciplina que tengo especialidad se apunta siempre al acuerdo, pienso que es una buena idea, pero es una idea que implica mostrar las cartas y estar dispuesto a perder posiciones, consecuentemente su fin es noble, se trata de constituir los ladrillos básicos para alzar cualquier edificio, pero veo una y otra vez que eso es una utopía, una irrealizable figura de la academia. En la realidad abunda la sospecha, todos somos sospechosos y además hay algunos que esconden bajos sus ropajes armas de todo tipo, para los unos, los otros tienen siniestros planes ocultos, para los otros, los primeros son soldados de fuerzas oscuras, al final del día, queda esa sensación que todos jugamos con las cartas marcadas.

Pienso que muchos de mis compatriotas deben pensar que con una cabeza fuerte, con una mano de hierro, con un gobierno duro y autoritario las cosas deberían marchar mejor, pero la historia ha demostrado que eso es una ilusión, es mejor la negociación, es mejor intentar la gobernanza, buscarle la quinta pata al gato y huir mientras se pueda de los mesías e iluminados.

Quisiera ver una maqueta, una imagen objetivo, un dibujo aunque sea medio pintarrajeado a modo de un croquis, aunque no tenga bordes claros ni satisfaga a muchos, pero creo que serviría de algo, al menos para calmar las neuronas y mostrarle al yo interior e inquieto que hay alguna dirección, o más presuntuoso aún, que cuando caminamos estamos yendo en la dirección correcta, esto además serviría para calmar esa extraña sensación de fatalidad que a veces me rodea, no porque sea un perseguido, es simplemente que noto que están apareciendo en el escenarios algunos flautistas, unas músicas extrañas, un acomodo de líneas de marchas, y …entonces relaciono, mmmm. ¿flautistas de Hamelin?.

Finalmente, pienso que deberíamos intentar algún acuerdo nacional, ponernos como sociedad algunos objetivos claros de mediano y largo plazo y que sean conocidos por todos, que no dependa de la coyuntura ni de los cantos de sirenas. Es cierto, hay que ser valiente para proponer algunas líneas firmes, unos objetivos nítidos, vivimos en la edad de lo “políticamente correcto”, en tiempos de “acomodo”, parece que nadie que pueda se atreve a cambiar las melodías melosas y poner algunas notas de jazz, pero al menos, dentro de ese marco, hay que intentar ayudar al pollo sin cabeza.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Mono de Goma



Imagen desde https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sacodeboxeoh.jpg

Imagino un mono de goma tipo boxeador que se encuentre a la venta en el mercado y que además tenga ciertas características, nunca debería devolver un golpe, debería tener una silueta humanoide, una base que le permita moverse, ir y volver, con una textura suave pero firme y por supuesto debe ser de color hormiga. Además de lo anterior, un manual que indique la forma en que se puede golpear sin sufrir daño.

Hace ya un tiempo conversaba con una amistad (femenina o masculina da lo mismo), y mientras me hablaba de sus vivencias y otros asuntos tuve una visión, su rabia salía hacia afuera y se desplazaba por el aire para ir directo a la mandíbula de cierto personaje público, alguien que es a su vez es muy provocador en sus declaraciones, pensé en esos momentos ¡vaya, eso es tener un mono de goma!,mmm... eso es tener a quien golpear... ¡qué manera de darle duro!.

Con el tiempo me he dado cuenta que muchos/muchas, tienen sus propios monos de goma, alguien a quien golpear, a quien despellejar, alguien contra quien arrojar kilos de frustraciones, quizás todas ellas, y en esa cargas probablemente estén las propias como aquellas que vemos o que suponemos que vemos de otros, las que sentimos y aquellas otras que nos dicen que debemos sentir, también me he dado cuenta que ese “alguien” viene a calmar el día, al final del proceso es una especie de héroe (qué ironía).

El problema que veo en esta salida es que se tiende a hacer monos de gomas a personas, a instituciones, a grupos humanos, así las cosas, cuando vamos por ahí en este valle de lágrimas o navegando por este mar de injusticias, son “los otros” los que reciben esos misiles cargados de malas vibras, de negatividad, esas bombas de racimo emocionales que hacemos estallar sin compasión.

Probablemente es más sano tirarle piedras a unas columnas pétreas como lo hacen otras culturas, porque es indudable que se requiere liberar tensiones, pero resulta que en la contemporaneidad los malos como el “guason” ya no son tan fáciles de identificar y los “satanes” ya no huyen de nuestros insultos, bailes, olores ni rezos, y cualquier trato con ellos está en manos de sus abogados, por lo tanto estamos algo confundido y miramos para el lado buscando otros culpables a quien cargarle nuestras frustraciones.

El mono de goma es una alternativa sana, y estimo ( por el estado creativo en que me encuentro en este momento) que debería colaborar, incentivar y subvencionar programas para que exista en cada casa al menos una unidad, de modo que la familia entera pueda liberar tensiones, extasiarse de golpear algo, probablemente con tiempo para cada uno, quizás lo padres necesiten más tiempo, pero hasta los niños necesitan unos minutos para darle duro al mono.

Una sociedad pacifica parece hoy algo utópico, cada día hay más encono, hoy más que ayer y menos que mañana, todo el mundo acumula una increíble carga de malas vibras y estimo que sería bueno que haya una salida sanitaria para ella, es fácil notar que las frustraciones y sentimientos de impotencia nos están sobrepasando, y cuando no se van, nos matan.

Esta reflexión personal ocurre mientras saco de su caja un mono de goma con pinta de boxeador peso pesado, un tipo duro a quien espero noquear, tengo mucha rabia contra tanta injusticia, contra tanto abuso a mi capacidad de tolerancia, pero al mismo tiempo sé que esto no es nada fácil para nadie, a todos no toca una parte en esta ópera y cada cual la tiene fea, por lo tanto, no pretendo buscar mi necesario mono de goma entre las personas, prefiero comprarlo en cuotas en el retail, así al menos puedo reclamar mi garantía si este se atreve a responder un golpe.

domingo, 30 de septiembre de 2018

División


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Uno de los recuerdos de mi niñez que no olvido, que está allí en mi mente de adulto claramente archivado y clasificado, ocurrió cuando junto con mi curso de pequeños compañeros visitamos una fábrica de levaduras, al microscopio, mis párvulos ojos asombrados observaron como una mancha orgánica se dividía en dos, luego en cuatro, y luego volvía a dividirse hasta el infinito, así la mancha de individuos ameboideos crecía y crecía, nada parecía detener esa fuerza que desde lo invisible de su interior parecía dividir y dividir sin descanso.

En esta vuelta al pasado recuerdo luego mi etapa de secundaria, se dividía entre nosotros y “ellos”, aquellos a los que les éramos indiferentes, unas gente que no participaban con nosotros en cuanta actividad hiciéramos, ramadas, viajes, convivencias (fiestas) . También se pasean por mi mente los recuerdos de la división entre diferentes grupos universitarios que conformaban nuestros talleres, unos y otros, allí hubo gente con la cual nunca conversé, que no conocí porque nuestro grupos nunca se tocaron, en síntesis, esa división en bando ha estado presente en cada etapa de mi vida.

La división entre unos y otros nos afecta siempre, recuerdo haber leído en algún libro de historia sobre la reconquista de Chile, normalmente pensamos que la lucha fue entre criollos y españoles, una lucha entre soldados enviados con una misión desde el imperio y los nacionales que a fuerza de convicciones los enfrentaban, pero lo que leía era completamente diferente, el enfrentamiento fue entre familiares, entre amigos, entre gente de la misma ralea, personas que antes convivieron. Mediaba entre ellos el hecho que al tomar partido estaban profundamente divididos.

La reciente historia de Chile nos muestra con datos, imágenes y testimonios lo doloroso y terrible que puede ser la división entre unos y otros, miles de muertos y la inoculación de odios que nos seguirán circulando por las venas por varias generaciones, y por cierto con la perspectiva bastante siniestra que ese tipo de hechos puede volver a repetirse, el camino de las naciones tiene al parecer la ciega tendencia a tropezar una y otra vez con la misma piedra.

No sé el porqué la gente toma posiciones extremas que llevan a la división, ni cómo se desarrolla el proceso por el cual vamos aceptando caricaturas sobre “los otros” y que hasta ayer fueron nuestros amigos, vecinos, parientes, personas estimadas, es una mecánica, una que nos separa como una fuerza similar a aquellas que actuaba al interior de cada minúsculas levadura de mi niñez, en cada cuerpo social o familiar nos dividimos.

Probablemente se podrán levantar argumentos que dirán que hay divisiones sociales o familiares normales, esperadas, y que en algunos escenario es hasta sano que ocurra, que la cosa no va más, que el nivel de entendimiento está completamente roto y hay que dejar que los hechos fluyan, que no hay que presionar ni intentar sujetar nada, que hay que vivir y dejar vivir. Probablemente es una buena postura, respetable.

Pero sucede que no me gusta la división, me siento incapaz muchas veces de tomar partido y quedo al medio, como el jamón del sándwich, creo y racionalmente estimo que siempre hay puntos que nos unen y que se pueden fortalecer, en algunas situaciones que he vivido he tratado de atemperar los ánimos, de conversar con la parte contraria, de parlamentar a riesgo de ser considerado una suerte de bufón, un traidor, un antipático que no entiende las situaciones, que no ve lo que todos ven.

Pienso que en un sentido social la división es una mala cosa, haciendo historia ficción me imagino en el tipo de escenario que tendríamos hoy si estos pequeños estados latinoamericanos que somos hoy constituyesen una sola gran nación, si aquellos líderes que un día nos condujeron hubieran derrotado su ego y hubieran apostado por la unión, haciendo la salvedad que pudieron venir otros con fusiles y tijeras aún más grandes en forma posterior, probablemente seríamos más fuertes, se dice que la unión hace la fuerza.

Finalmente quiero pensar que quienes apuestan por la división, o aún quienes la promueven en los ámbitos que les corresponde, en los grupos en que participan y por las decisiones que toman, han reflexionado, han dimensionado el paso que van a tomar, de modo que la división no sea una suerte de muro de Berlín que se crea ex profeso, una separación dolorosa y completamente inútil y evitable, sino una situación que obedece a principios más nobles y que se puede amortiguar, sobrellevar y aún más, crecer a partir de ella.

martes, 10 de julio de 2018

Cuento de amor y odio con Pescado Frito




Imagen desde http://www.foodgroup.cl

Vivimos en un mundo de comerciantes, desde el negocio de la esquina hasta las grandes potencias mundiales todo el mundo es comerciante, a veces me parece que todo lo que veo y que ha sido realizado por el hombre ha pasado por una vitrina de comercio, y desde allí hasta donde se encuentra, una calle, una ventana, un edificio, los cables por allá arriba, los ductos de allá abajo, la luminarias, mis calzoncillos, todo, además de aquello que tenemos o que aspiramos a tener, todo ha sido manejado por el comercio, el comercio lo domina todo.

El caso es que uno de esos comerciantes, me vendió un producto que le vendió otro comerciante que a su vez le compró el producto a otro comerciante, quien presumiblemente se lo compró a un pescador, el producto era bueno, era un pescado congelado en un envase plástico de color rojo, lo compré una vez, y otra y otra, me gustó, bastante bueno.

Por esas cosas que damos por hecho, nunca se me ocurrió ver desde donde provenía el producto en cuestión, el pescado, total no es necesario saberlo, como chileno lo asumimos como cosa sabida porque tenemos una gran costa marítima, una flotilla pesquera grande, muchas factorías y productores, por lo tanto daba por sentado que el producto originalmente debía ser nacional, chileno de tomo y lomo, algo nuestro.

Pero el comercio nos sorprende, y mirando por aquí y por allá, en medio de tanto producto que tenemos disponible para celebrar el bendito acto de comer, ese deseo a veces sibarita a veces simplemente rutinario que nunca, nunca está satisfecho, encontré un día, … ¡otra oferta de pescado congelado!, ahora en envase azul, aparentemente con las mismas características de mi acostumbrado producto anterior, entonces…a comprar se ha dicho, tres, no mejor cuatro…bolsas de pescado pasaron por la caja de aquel comercio de grandes superficies.

Aaaahhhhh…, el fin de semana, no puede faltar el vino blanco en la mesa, vino de calidad, nuestro, dicen que somos los mejores del mundo en esto de fabricar vinos y buenos comerciantes también, quien busque vino chileno en la parte más lejana del mundo lo encontrará. ¡Si señores! , vino en mi mesa para acompañar el pescado frito el fin de semana, un ritual.

Todo dispuesto en la mesa como debe ser, y el pescado frito de rigor que llega para emocionarnos, para disfrutarlo, las papilas gustativas están de fiesta …pero entonces algo pasa, algo inesperado, un filete medio podrido, de mal gusto, ¡puff!, pésimo en medio del banquete. Luego de un rato de intercambio de opiniones y reflexiones de mesa, “al mal tiempo buena cara” dice el dicho, el resto de los filetes estaba bien.

Otro fin de semana, segundo paquete congelado, todo preparado, el vino, las copas y…el pescado frito después de una corta espera arriba a la mesa, y entonces sucede nuevamente… un filete podrido, mismo truco, nos sacamos la lotería, un filete podrido en medio de los otros filetes en buen estado, la misma situación nos ha ocurrido con dos paquetes del mismo productor y comprados al mismo comerciante. La rabia acompañada de vino blanco hace que surjan reacciones espontáneas, envalentonadas, e instintivamente nos preparamos para devolver el golpe, hay que llevar el pescado restante, las bolsas sin consumir y pedir la devolución del dinero, ¡… y no olvidar!, llevar una muestra de pescado podrido en un pote plástico, allí irá ese “presente” junto a la rabia rumbo al lugar de la compra, tendrán la evidencia y quizás con un poco de suerte ese reclamo seguirá subiendo y “good bye” al inspector de turno (si es que hubo uno, quizás estuvo mirando un partido de futbol, chateando o simplemente fue al baño).

Entonces comienza la locura, ¡la boleta!, ¿dónde está la maldita boleta?, ¿dónde?, después de una frenética búsqueda concluimos que la boleta se fue a la “ twilight zone” y nunca más apareció por esta realidad, así, vanos fueron nuestros intentos por lograr la devolución del dinero, no hay evidencia de la compra a pesar de la presencia del logo impreso en los productos, no hay evidencia, no hay devolución, pura mala suerte con este producto, por lo tanto el sentido común nos dice que nos alejemos de él para siempre, “hasta la vista amigo” le digo al estilo Schwarzenegger , aunque haya sido pura mala suerte nuestra y la conjunción de muchas circunstancias, no más contacto.

Y así paso el tiempo, la sensación de comer aquel buen pescado frito el fin de semana se fijó en la mente con la de aquel pescado podrido, juntos y revueltos, por lo tanto la rutina fue comprar pescado “fresco” en las pescaderías donde un “casero” o una “casera”, se trata de jugar a la ruleta rusa, varias veces llegamos con productos igual o peor de podridos, no hay control de calidad, quizás habrá inspección algún día del año, no lo sabemos, entendemos que en ese nivel esto es comercio no buenas acciones para ganarse el cielo, y con el agravante que hay que terminar de limpiarlo, sacarle las escamas, la cola, restos…¡ajjj…!, se redujo el consumo de pescado frito el fin de semana.

Un día, mirando por ahí, en los pasillos de congelados aparece otra tentadora oferta, este otro comerciante presenta su producto en celeste, no lo conocemos, no sabemos cómo es este producto aunque su marca nos es conocida, impregnada de recelo surge una vocecilla que dice –¡…no compres!- , pero otra voz, la optimista de siempre dice ¡prueba!, ¡la oferta es buena!. Optamos por comprar, comprar un paquete, sólo uno,…. probemos, probemos, a la mesa…y un ¡ajjj… ¡ , un filete podrido, ¿cómo diablos tanta mala suerte?, un filete malo entre los buenos, ¿por qué a mí?, ¿seré muy pecador?, ¿mi karma?, no lo sé. Aunque este último estaba bastante más pasado en general, pensé por un momento, probablemente allí está la causa de la oferta de estos comerciantes ¡liquidar, liquidar que el producto se va a………., ¡, ¡aaahhh el comercio y sus movimientos!.

Y así pasó el tiempo, como en los cuentos, los días fueron semanas, las semanas fueron meses, un buen día encontré nuevamente el buen pescado congelado del envase rojo, allí estaba muy tranquilo esperando en su vitrina refrigerada, como dice Serrat, “… con la mirada lejana y roja
que sonreía en un escaparate … con la boquita menuda y granate…” , una avalancha de buenos recuerdos se vinieron a la mente, y con ellos los fines de semana que pasamos juntos, acompañados del buen vino, lo compré y bien, bien, bueno.

Finalmente, como para saber quién era capaz de venderme un pescado congelado pero en buen estado, que comerciante de buena tela era este, mire, vi los rótulos, entonces me doy cuenta que era extranjero, aquel pescado que pensé tan nacional, tan nuestro, y por quien hubiera apostado, era comercio extranjero,¡ ahhhh el comercio…!.


sábado, 26 de mayo de 2018

Trincheras




Fotografía de https://es.wikipedia.org

Como todos los mortales, también tengo sueños y pesadillas, me acuesto tranquilo en brazos de Morfeo esperando pasar una buena noche, pero de improviso me traslado a mundos bizarros, vagando por todo tipo de ambientes y escenarios, este es uno de ellos.

Estoy intentando visualizar una huella por la cual escapar, quiero encontrar la ruta que llaman el “camino de los sabios”, me imagino desde esta incómoda postura que debe ser una línea muy delgada, finísima, por ello estimo que al encausar los pasos por ella es recomendable caminar como un gato por la cornisa, atento y concentrado.

Aunque estoy absolutamente sin tiempo ni lugar, perdido en mi existencia, sospecho que si ese camino existe debe ser una huella difícil de seguir, es mucho más fácil caer nuevamente a este lugar en que me paso la vida, luchando de malas ganas, tirando algunos disparos por aquí y otros por allá. Todos por aquí somos habitantes de trincheras, son en estos espacios malolientes donde se pierde la humanidad, la calidez de los sentimientos y el sentido de la lucha que damos, estos surcos son nuestros hogares, un absurdo, y el mundo está lleno de ellos y siguen aumentando porque cada día hay más enemigos con quien luchar. Tampoco podemos dejar las armas ni el estandarte porque además de estos enrarecidos ambientes no hay donde ir.

Especulando sobre esa ruta que todos tenemos como esperanza, e imaginamos como una realidad, podría tratarse de una huella que nos han dejado como regalo grandes hombres y mujeres que han pasado por aquí; sus pensamientos, su tolerancia y hasta sus deseos de un humanismo sincero hacen pensar que se trata de un buen camino a seguir, sin embargo debe ser una huella débil, difusa y hasta los vientos deben conspirar para sacarnos de ella. Quien logra moverse por allí debe ser estoico, contestador, y muy consciente que ese sendero es una realidad alternativa, un mundo aparte, lo real son los proyectiles que sentimos que cruzan sobre nuestras cabezas.

Subirse a ella y mantenerse allí reptando como serpiente y con la mente muy despierta para evitar caer nuevamente es un desafío que me revienta el seso, menudo problema, todo esto quizás tenga que ver con la supervivencia de “algo” más que el puro cuerpo. Una vez leí de Walter Riso que - uno (yo como individuo) no se debe entregar a algo o alguien para que lo domine y se apodere de su mente, eso es una forma de suicidio psicológico - , y pareciera entonces que cuando caímos en estas trincheras, no sólo nosotros, todos, cometimos un tipo de suicidio, quizás estamos más muertos que vivos por estos espacios de desesperanza.

Vivir en las trincheras que se multiplican hasta donde alcanza la vista no nos permite ni siquiera imaginar esa delgada huella salvadora , es bastante difícil, tengo la sensación que evolucionamos a algo parecido a topos, quizás hemos perdido la visión, además se nos entorpece el cerebro y no se puede apreciar el campo cercano ni la perspectiva porque un proyectil puede volarnos la cabeza, además se debe vivir de rodillas, por aquí todo el mundo lo hace, estamos falto de aire, y sujeto a órdenes de un alto mando que debe estar en alguna parte.

Quiero imaginar mientras sostengo un jarrón con un líquido tibio y amargo, que al caminar por tan estrecho sendero debe preocupar tambien, caer en los bolsones de idolatría, abundan, han aparecido como los hongos por aquí, cada uno de ellos te ofrece un momento de paz, de descanso, pero en realidad son proyectos u utopías carentes de realidad, ¡representaciones culturales dirán algunos¡ , digamos su verdad, nada más que tramoyas dibujada y aceptada por algunos o muchos, recuerdo una máxima que dicen que decía Marco Aurelio, “ …Mi toga imperial no es otra cosa que una lana teñida con el color de unos mariscos…”, al parecer las verdades son bastante más prosaicas que las grandes ideas que nos hacemos de ellas, son puros cuentos.

También debe suceder que al caminar sobre estas trincheras embarradas y hediondas a muerte, debe alejarse esa sensación que nos martilla la mente, ¡hay que darle duro a esos que han tomado líneas separadas o claramente en oposición a lo que piensas!, ese martilleo mental nos lleva a creer que el triunfo nos permitirá marcharnos de estos ambientes infernales, ¿pero será así?, lo estoy dudando, probablemente es infantil pensarlo, lo más probable es que lo que llamamos victoria no sea más que una ilusión, un sinsentido , ¿pero que sabemos nosotros?, la verdad probablemente fue víctima de tanto intercambio de proyectiles.

Quiero pensar que en las innumerables trincheras a ambos costados de esa ilusoria y delgada huella que serpentea el soñado camino a casa, los otros también deben estar preguntándose estas mismas cosas, pero mientras lo hacen se posicionan y nos impiden avanzar según lo que sabemos, según lo que nos han dicho nuestros activistas, esa soldadesca ordinaria de más allá nos ponen difícil el día a día, mucha gente está “punchando” por “avanzar”, es cierto, pero los que nos frenan , los que nos hacen retroceder , o aquellos que nos quieren obligar por la fuerza ir hacia estadios civilizatorios equivocados, o peor aún, los que no quieren ir a ningún lado, son legiones.

Quiero imaginar que al caminar en esa delgada huella que se desplaza allá arriba entre las trincheras sucede algo mágico, los proyectiles aunque te tocan no te hacen daño, no eres el enemigo de nadie y no tiene sentido atacar a nadie, solo procuras avanzar en el camino al hogar donde te esperan los que te quieren desde el principio de los tiempos. Al final pareciera que nadie de nosotros está ganando nada, por eso quiero subirme a esa huella, caminar, reptar, no me importa, sin embargo llevo tanta carga encima que sueño que resbalo una y otra vez.

Entonces llega el amanecer, me despierto y noto que he sudado mucho, me levanto y voy al baño pensando que esa realidad no es la que vivo, pero inmediatamente dudo de todo, no lo sé, mientras me mojo la cara y me miro a los ojos en el espejo, no me reconozco, soy otro y yo al mismo tiempo, el que se queda y el que se desvanece, quizás estoy transitando por otro sueño, algo me dice que luego tengo que encaminar mis pasos a la trinchera. ¿Qué pasará con los otros?, me gustaría saberlo.