sábado, 12 de septiembre de 2020

El caso del chaleco























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Hace unos días salí por un rato a comprar pan y otras provisiones, llevamos varias semanas junto a mi familia encerrados y esa salida fue un escape, un tomar aire. Mientras esperaba en la fila para entrar a un supermercado me llamó la atención un señor con un chaleco de un color extraño, la vestimenta era claramente para una persona diferente a él, el tamaño, la textura y el diseño entre otros no le acomodaban, parecía un chaleco de guagua.

El hecho me dejó pensando unos momentos, me quedé dando vueltas a algunas situaciones de nuestra realidad nacional en que el ejemplo de la chaleco viene al caso, son situaciones que he ido juntando una a una para finalmente darme cuenta que están todas amarradas, todas ligadas a un origen común.

Me imagino que todos saben que cuando necesitamos un objeto común pero de manufactura, por ejemplo un martillo, en realidad salimos a comprarlo fuera del país, lo traemos y lo usamos. Si salió malo o bueno no importa, si salió malo compramos otro, si salió bueno, simplemente lo seguimos usando, sin embargo con las ideas y las metodologías para hacer cosas, para realizar proyectos y otras tareas para mejorarnos y que traemos desde afuera no sucede lo mismo, si nos equivocamos con la compra gastamos en exceso y nos hacemos daño.

Para cualquiera que pase los 60 años, es evidente que en estos últimos 45 años hemos ganado y perdido capacidades para hacer cosas, el caso del martillo en asuntos de manufactura es un hecho de la causa, pero me doy cuenta al revisar las situaciones amarradas que señalaba anteriormente que tenemos unas carencias similares cuando se trata de pensar en metodologías e ideas.

El chaleco que podemos producir con las metodologías e ideas que importamos nos queda mal, no nos acomoda y no va con nosotros, la receta para fabricarlo está pensada para otras personas, para otras realidades. Mucha gente ha viajado al extranjero para especializarse, yo no soy la excepción, buscamos maneras de hacer las cosas que otros han desarrollado de acuerdo a sus realidades, de acuerdo a sus contextos, recursos, idiosincrasia y hasta de acuerdo a sus utopías y miedos, me parece sobre esto que también quienes buscan esos conocimientos piensan de buena fe como yo, …bueno, adaptaré esto a mi realidad, es mi obligación.

El problema es que esto ocurre en todo orden, porque al estar tan carenciados de producción intelectual propia, finalmente todo es una adaptación, un acomodo, resulta que contribuimos a fabricar el chaleco pero no está de acuerdo a lo que realmente necesitamos, tampoco nos acomoda, nos adaptamos de mala manera y en la sumatoria de chalecos mal resueltos, tenemos un sistemas defectuoso, lleno de problemas. Recientemente y a raíz de la falta de respiradores artificiales para abordar las emergencias de la pandemia, quedó en evidencia lo dependiente que somos de todo, la carencia es abrumadora, pero la no generación de pensamiento propio, al igual que en el caso de los productos vitales para sostener la vida que ahora necesitamos, es una desgracia.

Es entendible que en materia de manufactura haya esa dependencia, al fin y al cabo se requieren tecnología patentadas, plantas gigantescas, mercado que puedan sostener las inversiones y una sumatoria de otras características en las que no somos viables, o simplemente no damos el ancho, pero ¿será lo mismo en materia de pensamiento, de producción intelectual?, ¿tenemos materia gris disponible?.

Pienso que si, tenemos suficiente gente inteligente, personas capacitadas para generar metodologías y diseñar caminos propios para una mejor actuación en muchas áreas( o ámbitos), me parece que el tema aquí es otro, es la falta de fe o de creernos el cuento y apostar por ello, mi creencia es que la capacidad instalada para pensar un chaleco que nos ajuste bien, que vaya con nosotros y que cumpla nuestras expectativas me parece que está, y así cada desafío que se nos presente deberíamos enfrentarlo con el afán de aprender y a pensar desde lo propio, con los deseos de acumular experiencias que nos permitan evolucionar y con ellos diseñar modelos más y más ajustados a nuestra realidad, ese camino podría llevarnos a la independencia y quizás a liderar algunas áreas latinoamericanas tan lastimosamente mal tratadas.

Es complejo y probablemente delicado para la salud tocar la vasta variedad de temáticas en las que metemos la pata, hacemos el loco o alzamos construcciones y estructuras conceptuales defectuosas, en esos mundillos es fácil notar que actuamos con conocimientos que se basan en otras realidades. Es muy difícil precisar el impacto final de la sumatoria de esos paquetes de información que nos compramos, pero el estado en que nos encontramos en muchas áreas es una evidencia que nos debería inducir a enfrentar el problema, el chaleco no nos ajusta, en muchos casos nos ahoga.

Finalmente, al aplicar el modelo del chaleco me doy cuenta que algunas de las iniciativas que veo a mi alrededor son unas parodias, unas malas copias de las obras que se desarrollaron en otros lados, y si bien hay algunas para la risa, en muchos casos son parodias tristes, escenas irreales en que nos degradamos creyendo que tenemos con nosotros lo mejor del mundo.

sábado, 20 de junio de 2020

Eso que llamamos locura



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Hace algún tiempo escribí unas letras sobre la preocupante situación de las enfermedades mentales en Chile, el hecho es que si miramos algunos indicadores sobre este tema, se concluye que tenemos problemas serios.

Hoy en el lapsus para la reflexión que me permite la pandemia que nos azota, he estado dando una vuelta más al tema de nuestra estabilidad mental, tengo la sospecha que hay razones fundamentales, y muy especiales por nuestra condición país, para que nuestro cerebro tienda a escaparse de la realidad y nos informe a cambio una realidad paralela, y con ello, la locura esta a la vuelta de la esquina.

En el caso chileno esa casi inexistencia que llamamos covid-19 nos está diezmando, y aquí esperamos, nerviosos, agitados, algo angustiados dentro de las murallas de nuestras casa, una situación que es muy similar a estar atrincherado al interior del muro de una ciudad antigua, es decir subido a esas defensas que nos permitía mirar todos los días como el enemigo acampaba allá abajo afilando sus machetes, y no era para cortarse las uñas. Me imagino que en ese encierro se incrementaban a full los problemas de salud mental.

Somos una isla, y nos miramos el ombligo desde hace unos siglos cuando decidimos que nos llamaríamos Chile. Siempre se nos enseñó que estamos protegidos por el mar, la cordillera y el desierto, una condición natural de autarquía que nos protegía de las plagas y otros efectos indeseables, pero eso también significa que vivimos en una permanente exclusión de los centros mundiales y de las rutas comerciales, sin contacto con otros diferentes, y además parece que entre unos y otros somos todos primos, pocos inmigrantes han llegado hasta este reducto, es decir somos una familia que se mira las caras todos los días.

Una de las historias que me recordó lo complejo de este asunto es el caso de la Isla de Pascua cerca del siglo XVIII, hubo allí una guerra civil producto de conflictos políticos, pero probablemente influyó en la explosión fratricida el hecho que estaban condenados a compartir un espacio pequeño y con pocos recursos, por estos días he escuchado que ese tema, compartir un espacio pequeño , el encierro , trae problemas al interior de las familias, https://www.inmodiario.com/182/28876/problemas-convivencia-durante-cuarentena-m-persona-deberian-ser-suficientes.html, esto me recordó la situación nacional.

Si juntamos en un puré lo siguiente: aislados por siglos, con pocos recursos, todos más o menos parientes, y además conflictivos por naturaleza, adivine Ud. que tenemos, eso, un plato fuerte con todos los síntomas que detectamos en la vida nacional, si agregamos ahora la pandemia y los conflictos económicos-sociales anteriores, pienso que somos candidatos a escaparnos a una realidad paralela, y seguros clientes para algunas eminencias en la siquiatría que debería atendernos como colectivo, estimo que deberían tener la deferencia de hacer un precio especial por país.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Dos kilos de tomate




Fuente de fotografía : http://www.elconcecuente.cl


- ¡Señora, por favor péseme estos tomates!...
- si…¿oiga y Ud. porqué está usando esa mascarilla..?
- bueno, por el virus…el corona..vir...
- ¿y Ud. cree esas tonteras?
- me parece que es cierto..hay una pandemia..
- ¿cómo lo sabe Ud…?
- ¿cuánto son los tomates..?
- dos kilos son 1.300 pesos…¿lleva plátanos?
- Ahhh…no gracias, tome páguese..
- le preguntaba que como sabe Ud. que el virus existe?
- ¿… ha visto acaso los muertos..?
- bueno..no, pero hay alarma mundial
- …en Italia se ha muerto mucha gente..
- no les crea amigo.. eso son cuentos para mantenernos controlado… ( una voz cercana…)
- eso, eso le decía al señor …pa´ qué usa esa mascarilla…
- mmm…si es un asunto de creencia señora
- y yo creo que viene..
- yo no, son mentiras.. no se las crea
- no se las crea amigo … y ..¡tranquilo!..
- su vuelto..
- gracias…y suerte.

martes, 10 de marzo de 2020

Esa incomoda sensación de ser rémora


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Por estos días las economías mundiales se tambalean, en el leguaje de la aviación se diría que estamos pasando por turbulencias severas, el coronavirus, las guerras del cartel del petróleo, los tiras y aflojas de la relación chino-americana y las tensiones sociales mundiales hacen que la turbulencia sea bastante movida.

Que el gigante asiático no nos compre cobre ni otras materia prima ciertamente nos complica, dependemos de las grandes economías y del panorama que ellos diseñan, en el peor de los casos si esto se prolonga sobreviviremos como lo hacen los pequeños mamíferos, dosificando la comida a un gusanito al día, con certeza no creceremos, estaremos esperando los rumbos que tomen quien pueden hacerlo cuidando de no perder el calor corporal.

Me parece que pasa lo mismo con ciertos cambios sociales, no sólo ocurre en la economía, cuando algo ocurre en las grandes sociedades del mundo ciertamente nos afecta, nos redefine y nos obliga a seguir derroteros que ni siquiera sabemos hacia donde van, muchas veces caminamos medio aturdidos siguiendo pauteos y modas que responden a otras realidades, a otras sociedades, en estos momentos quizás se están gestando nuevos conflictos sociales en algún escenario de las grandes ciudades mundiales, americanas, europeas, asiáticas, da lo mismo, luego, en un futuro cercano esos conflictos nos tendrán convulsos y aproblemados, algo muy similar a lo que ocurre con el coronavirus.

No sé cuanta gente se dará cuenta, cuantos en realidad verán que tenemos un papel muy secundario en el escenario mundial, y con ello somos motivo de regulaciones, matonaje y chantaje de los grandes, amén que no nos dejan ser lo que queremos ser, hace algunos años atrás se hablaba que el conjunto de naciones como la nuestra debería asumir de una buena vez su condición en el marco del “realismo periférico” , que según Carlos Escudé, un teórico argentino, significaba lisa y llanamente que quienes tenían la capacidad de destruir el mundo, mandaban, así de simple.

La baja importancia de nuestras sociedades periféricas me quedó muy claro hace unos días, observé en internet unas pruebas que se realizaban a automóviles que luego se venderían en el mercado latinoamericano, en ellas se señalaba que las normas para nuestros mercados son bastantes más relajadas que aquellas que imperan para los mercados de sociedades como las europeas o americanas, en consecuencia, los autos mostraban flaquezas, fallas, que en esos otros contextos no se permitiría pero por aquí no había problema, nadie diría nada, nadie golpearía la mesa, nuestra seguridad en realidad no cuenta porque para otras latitudes somos unos fantasmas que conducen.

Por otra parte, parece que estamos adaptados para jugar nuestro papel de segundones o mejor dicho, de tercerones, la chimuchina interna nos mantiene siempre ocupado en “nuestros asuntos”, es decir mirando para adentro y hacia abajo, sin poder nunca levantar la cabeza y mirar el horizonte, es decir, tenemos la estructura, los sistemas y la morfología adaptados para esta condición de cortesanos de última línea, en el mundo natural seríamos unas remoras.

Pensar en vagar en forma libre por el medio, comer lo que se caza y hacer lo se le plazca, al igual que el tiburón, parecer estar fuera de nuestro alcance, es cierto que eso implica riesgos, si una rémora se soltara de su huésped sería pez comido, no sólo porque nunca ha cazado nada sino porque no sabría hacia dónde ir, no sabría conducirse.

Por lo anterior, pienso a veces que el problema no es nuestro tamaño, probablemente el problema es nuestro organismo. En algún punto de la historia, cuando estábamos en gestación algo pasó, digo esto porque nos quedamos en una condición permanente de niñez, somos como los bebes que hay que alimentar y cuidar, tampoco aprendimos a articularnos armónicamente, un brazo pelea con el otro y los pies se hacen zancadillas unos a otros, no hablamos bien y como broche de oro, no entendemos lo que leemos, por su parte la cabeza que debería ser quien nos conduce, muestra desde hace mucho tiempo signos de infantilismo.

Es incomoda esta posición, se siente que el filete se lo comen otros y nos sueltan las sobras, las que hábilmente maquillamos como platos de primera tras años de prácticas engañosas, y así, esperaremos hasta el próximo evento al que seremos conducidos. Quizás por esa realidad alguna gente valiosa emigra, se va, busca lugares que les permitan crecer, hacer sus proyectos de vida, introducirse realmente en el mundo contemporáneo y ver cuál es la dirección que está tomando la civilización.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Fragilidad y resiliencia



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Por estos días estamos preocupados, al igual que el mundo entero esperamos la llegada de un virus mortal, es cosa de tiempo, llegará y la pasaremos mal, por otra parte hay consciencia que estamos en una situación interna delicada y que alcanzará un extraño límite con la llegada del virus, todo puede salirse de control.

En perspectiva, hay dos situaciones que me preocupan frente a la amenaza, caminamos últimamente alterados o como sonámbulos, algunos han dormido mal y otros no han dormido, hay preocupación y un ambiente extraño, lo segundo es que se ven atisbo de desorganización , de dislocación de estructuras que considerábamos sólidas ( todo lo sólido se desvanece en el aire decía Marshall Berman recordándonos que todo es pasajero) , con ello, se ha generado un ruido de fondo en el que nadie escucha realmente lo que el otro habla, ni nadie puede entrar en un estado reflexivo para visualizar realmente lo que pasa.

Lo que nos ocurre es un tema viejo, pareciera que siempre estamos buscando algo que no podemos encontrar y al igual que en el mito de Sisifo , se disuelven los pocos éxitos en el fracaso y volvemos a empezar para terminar de igual forma, no nos acomodan los modelos de desarrollo que se tratan de implementar (todos prestados y ajenos) y nuestro desarrollo es a saltos, con alguna luces, pero con largos periodos de oscuridad, en esa marcha, en ese caminar a tumbos nos llegan las amenaza mundiales.

Hay que decir que hemos demostrado ser resilientes, esto como resultado de enfrentar múltiples desastres naturales en nuestras vidas, por ellos, por esos imprevistos que nos envía la madre natura tenemos una capacidad de resiliencia instalada, una capacidad potencial a la cual muchas veces echamos mano para resistir a situaciones de otro tipo, como las conflictivas internas y también para aceptar abusos y manejos de muchos sectores que buscan beneficiarse de nuestra credulidad, de nuestra bajo nivel de reflexión, y también de nuestra relación con el fracaso y la fatalidad.

En el mundo de hoy somos una sociedad pequeña y además frágil, muy frágil, lo vemos cotidianamente en los escenarios económicos mundiales y hoy ante la expectativa de la llegada de un virus mortal que no sabemos si se podrá controlar o no, si tendremos las medicinas, la información y sobre todo la capacidad organizativa para enfrentarlo, me quedan muchas dudas, pero tengo la seguridad que echaremos mano a la resiliencia criolla, ello no nos asegura que no seamos diezmados, pero sí que daremos la pelea.

Ser resilientes es en parte ser flexibles, a su vez nuestra condición de fragilidad, el ser frágiles, puede ser también una ventaja, no nos pesan muchos los equipajes ni tampoco nuestras estructuras, por ello probablemente tendremos alguna chance - esto me recuerda unas viejas películas de artes marciales, el luchador de kung fu, siendo frágil y liviano pero muy flexible puede derrotar a quien sea - tengo esperanzas que saldremos de esta , y quisiera tenerla también para las otras situaciones que nos aquejan, creo que podemos resolverlas siempre y cuando consideremos nuestra fragilidad y no nos endurezcamos en nuestras posturas personales ni grupales, todo un desafío.


miércoles, 29 de enero de 2020

La fuga del pensar




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A propósito de un negocio que me comentaba un familiar mío recordé un breve escrito que leí hace ya algunos años, la lucidez de las ideas que descubrí en la contratapa de una revista de arquitectura me hizo repensar cosas, cosas de mi mundo, con el tiempo esas ideas se transformaron en herramientas para autoevaluarme en determinadas situaciones.

Haciendo un fuerte énfasis que hay valores, intereses y ejemplos de vida admirables en las generaciones que hoy conviven conmigo, pienso sin embargo que hay algunas prácticas preocupantes a causa de las cuales la pasamos mal, el tema dice relación con la forma en que pensamos, en cómo enfrentamos intelectualmente determinadas situaciones.

Lo que recordé trata de una mirada crítica que denuncia lo que el mismo título del escrito define como la fuga del pensar, lo plantea el filósofo Martín Heidegger en el artículo de marras, según su lógica hay dos tipos de pensamientos, el calculador y el reflexivo, en la crítica del filosofo el pensamiento calculador está alejando al pensamiento reflexivo, esto significa que el pensamiento que implica inmediatez, computo de ganancia, pérdida y resultados inmediatos se está estableciendo sin competencia por sobre el otro que piensa en un horizonte mayor y con mejor visualización de variables y serenidad. En mi aporte sobre esto, estimo que esa carencia de pensamiento profundo es destructivo y lleva a problemas, en el caso del colectivo que llamamos Chile ese alejamiento nos lleva a depender siempre de otras ofertas externas, de otros paradigmas, de otras visiones, así las cosas somos como un barco sin timón, nos arrastran.

Por ejemplo, una derivada del pensamiento calculador en su dirección destructiva es la rápida desmotivación de quienes logran imaginar algo en esa forma e inician acciones o empresas, luego de un breve vuelo se caen destruyéndose ellos y otros, en otras palabras, implica inicios rápidos (el llamado a tontas y locas) que parecen bengalas que luego de un corto tiempo de vuelo se van al suelo, con ello se cae en la desmotivación, la fatiga y a pérdidas que suelen ser bastante destructivas. Normalmente se culpa a entorno, al país, a medio mundo, nosotros incluidos, ese hecho se transmite a otros y a otros en forma viral desarrollándose en la comunidad una sensación de ambientes saturados de augurios fatales.

Pienso que el fuego interno, esa fuerza que nos mantiene en pie y nos alienta la auto-motivación y perseverancia en cualquier empresa es producto de ambos pensamientos pero tiene mucho de pensamiento reflexivo, porque este mira más allá del horizonte cercano y las circunstancias que nos rodean y combaten, nos hace actuar más serena y responsablemente sin auto- engañarnos, en ese contexto, la ponderación, la autovaloración, el respeto, el servicio a otros y un sinfín de otras virtudes que nos entrega la práctica de ese pensamiento , como lo señalaba Heidegger , se está perdiendo.

Me parece que en esta misma línea de ideas se puede colocar el creciente aumento de la corrupción en el país, hemos sabido de colusión y apropiaciones indebidas de gente que parecía bastante normal , pero su pensamiento calculador probablemente los llevó a tomar contacto con otros de su entorno para acelerar beneficios que se veían lejanos en el horizonte, o simplemente no se veían, cayeron en esa trampa gente que se supone más preparada, más educada y en algunos casos, gente que juró actuar lealmente, por lo tanto no es un problema de educación ni cultura, es probablemente un problema asociado a pensamientos y valores.

En otro escenario pero sobre las mismas ideas , me está convenciendo una situación algo oscura, estoy sospechando que siempre somos pensados, difícilmente pensamos, o mejor dicho, pensamos lo que otros desean que pensemos, porque al fin y al cabo el pensamiento reflexivo que practican algunos intelectuales de otros lares es más potente que el pensamiento calculador local. En mi caso es bastante incómoda la situación porque me siento algo así como una hormiga que sigue el camino que le han trazado, si me salgo de él, me caigo a los mismos infiernos, y si trato de volver hacia atrás, alguien ya borro el camino, toda la escena ya fue pensada.

Concluyendo, en este texto no pretendo hacer de gurú o algo similar, lo que buscan estas ideas es que quienes las lean puedan entrar a evaluarlas y si le hace bien, mejor, necesitamos poner paños fríos a muchas situaciones en el Chile que vivimos, pienso que es bueno echar a andar el pensamiento reflexivo de vez en cuando (acompañado de un buen vino) y con ello tomar las mejores decisiones, en algún porcentaje esas decisiones afectarán la vida de nuestros compatriotas en los próximos años.


viernes, 3 de enero de 2020

Flexibilidad mental…¿una capacidad imposible?



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A pesar que por estos días estoy auto-restringido para ver o escuchar los medios de comunicación nacionales, y que además he ido cortando las redes sociales en un intento de proteger mi salud mental, escuché un programa de radio en el cual debatían dos personajes conocidos de la escena política.

En un extraño estado de porosidad mental que alcancé por unos minutos, escuchaba atentamente los argumentos que repetían casi hasta el cansancio ambos interlocutores, en general argumentos conocidos que posicionan ideas de dos tipos de sociedades y que en el papel resultan opuestas, dos tipos de sociedades que seguramente nunca han existido , sin embargo, más allá de escuchar las viejas y gastadas ideas que cada uno tiraba a la cara del otro, la escena me dejaba una lección, ninguno de los dos tenía la más mínima flexibilidad mental.

La flexibilidad mental es un concepto difícil de definir opinan algunos autores, pero podría ser una capacidad que permite evaluar lo que uno piensa o cree, eso implica en primer lugar alcanzar un convencimiento importante y que dice (para el bronce) ….¡puedo estar equivocado!…, con ello en mente, alguien que tiene flexibilidad mental es alguien que escucha y es capaz de ver el resultado de su discurso o al menos se toma un tiempo para evaluar esos resultados, algunos teóricos (Maria Teresa Andrade Robles, Maria del Mar Trenas Torrico y Emilio Gomez Milan de la Universidad de Granada, España) sostienen que una persona inflexible no acepta el mundo como es, sino que se empeña en verlo como debería ser (según esa persona), consecuentemente la flexibilidad mental es un ajuste continuo entre datos e ideas.

Llevar el tema al resto de la sociedad es una tarea escabrosa, de miedo, en simple, no hay algo así como la flexibilidad mental en gran parte de la sociedad, por algún motivo nos formamos de una sola vez y luego blindamos el cerebro hasta la eternidad, prueba de ello son las guerras que nos acechan y con las cuales la humanidad ha perdido millones de vidas, es cosa de vida y muerte, entender a otros es una tarea que se aprecia casi imposible.

Podríamos pensar que esa capacidad se asienta en la intelectualidad, en la gente que tiene herramientas conceptuales y maneja ríos de información pero no hay tal, muchos de los supuestos genios que he conocido o escuchado son exactamente al revés, el espectáculo es una calamidad. Me pregunto que se le puede exigir a un político, a un pastor , a un presidente de una corporación o a un dirigente sindical, al igual que el menos preparado de nosotros son todos más rígido que una estructura de vidrio, rígido hasta la muerte.

Me he analizado en profundidad y me doy cuenta que soy igual que el resto, aunque consciente del problema admito que es bastante difícil cambiar algunas creencias e ideas sobre la realidad aunque lo quiera, simplemente estoy formateado y el cambio podría significar que el castillo que contiene mis mundos se caería a pedazos, es cierto, necesitamos ayuda pero ¿de quién?

No tengo idea del cómo hacer la corrección pero pienso que como todas las cosas, a cierta edad la situación está perdida, por ello, nos quedan los parvulitos, los niños que aún no construyen sus metamundos. Se me ocurre que una primera idea que deberían percibir en sus cunas y kínder´s es que no son dueños de la verdad y probablemente nunca lo serán, aunque es una frase que muchos tomamos como cliché, es una gran verdad.

Ante tan macabra realidad, cualquier intento de mejorar las relaciones humanas en una sociedad como la nuestra significaría en primer lugar salvar este escollo, esta montaña de roca sólida, pedir algo como eso implicaría entre otros asuntos pedir humildad a gente hinchada de orgullo, a una multitud enorme de cerebros formateados y adoctrinados, casi al cien por cien de todos nosotros, a todas luces una tarea imposible, y para no ser totalmente pesimista, quizás es una tarea aún posible para la mente de algunos elevados que están tan arriba de esta realidad pedestre que ni siquiera nos ven, ni nosotros los vemos a ellos.

Probablemente para palear en algo la situación, para colocar al menos un colchón que evite la fricción y el recalentamiento, hay que empezar con cosas muy básicas, elementales, me parece que una de ellas es intentar escuchar al otro, aunque nos duela el oído, aunque nuestro cerebro intente ponerse en piloto automático.