sábado, 14 de noviembre de 2020

¿Quieres comer pan con palta?

 


 

 

 

 

 

 

Mira, este  envase con pasta de paltas … ¿ lo llevamos?,  esta pregunta me la hizo mi esposa en un supermercado hace  dos días,  mi mente se auto- preguntó en sus vericuetos internos :  ¿quieres comer pan con palta?, inmediatamente se desató en ese mundo oculto  bajo los huesos de mi cráneo  el recuerdo de la agradable sensación de comer una marraqueta con palta,  sin tener que pelar, moler y preparar, …si ¡por supuesto!  repliqué, llevémosla.

Al día siguiente nos tocaba el desayuno,  en la mesa todo dispuesto, la marraqueta recalentada y crujiente esperaba a los comensales, tres en este caso, el desayuno de esa mañana sería diferente, teníamos en el menú pan con palta y otras exquisiteces conseguidas en nuestro viaje tipo comando anti-virus al supermercado.

Fue entonces que caímos en la cuenta sobre el producto estrella que teníamos en la mesa -  ello por el agudo ojo de mi hijo - era mayonesa con un 2 % de aceite de palta, una  pasta de color blanqui-verdoso, algo inclasificable y muy lejos de lo que podría ser una pasta de paltas.  ¡Habíamos caído en una jugada fea!, en realidad habíamos comprado otro producto, lleno de sellos negros con un gigantesco rotulado que insinuaba una palta abierta, y para ahonda aún más el mensaje, en letras grandes la palabra “palta”, lo único que pudimos leer sin nuestros anteojos.

Tengo tendencia a relacionar hechos y sacar conclusiones de lo que me pasa, de lo que nos ocurre en la vida contemporánea a todos, y este suceso me hizo recordar las veces que he caído en este tipo de juegos,  lo más recurrente es querer comprar un producto que conocemos en un tipo de envase, para revisar luego en casa que en realidad trajimos otro pero en un envase tan similar que se requeriría un curso para no caer en el engaño, la competencia menos afortunada copia si asco el formato del producto  líder del mercado.

El hecho es recurrente, una vez compré unos calcetines de hilo que me parecieron muy baratos, una oferta imperdible, me compré algo así como seis  pares, luego cuando decidí usar un par me di cuenta que estos me pasaban la rodilla, tenían unos 60 cm. de largo, por supuesto no los pude usar, seguramente una partida mal terminada, un fallo de fábrica que terminó en parte entre mis ropas por falta de información.

Pasar gato por liebre es una práctica que en nuestra realidad está muy avanzada, muy sofisticada, y pienso que no sabemos cuántas veces caímos en ella, cuantas veces somos víctimas, pero algo que es muy preocupante es constatar acerca de la capacidad de discernimiento que  tenemos para no caer en ella, pienso que quizás no tenemos ninguna chance, simplemente estamos condenados.

El mundo se ha vuelto tan sofisticado, tan complejo, que en síntesis, aparte de los saberes alcanzados en el campo que creemos tener más competencias, especialización o interés,  sobre el resto no entendemos ni sabemos nada, nada. Sin embargo nos pavoneamos como si lo hiciéramos, nos pasa con la economía, con la política, con las ciencias, con las humanidades, con todo, las enciclopedias virtuales de internet nos venden un narcótico, otro engaño. 

Volver atrás es simplemente imposible, lo sé porque cuando levantó el capó de mi automóvil y miro en su interior no comprendo nada de lo que está allí, sin embargo recuerdo como arreglaba mi viejo Fiat 125 cuando era joven, y sólo han pasado unos 35 años, la mecánica se fusionó con la electrónica y la computación, además otras tecnologías se asociaron  y hoy es un  computador el que hace el diagnóstico, conversa con el auto y se dan señales, es muy complejo para un mecánico de barrio.

Con ello en mente, pienso que el engaño y la manipulación están servidas, pienso que las  masas de individuos en realidad perdieron  las pocas libertades que algunos suponen que tuvimos, en realidad algunos teóricos como Sam Harris (1), un conocido intelectual norteamericano sostiene que la libertad de elegir es una ilusión, en su discurso, somos manejados por un cerebro autónomo;  desde mi modestia intelectual estimo que además nos manejan como tropel con señales falsas, con discursos falsos, con productos falsos y como no vivimos en la luna, quizás participamos de armar parte de ese coctel, no lo sabemos.

La esperanza que tengo viene de la esperanza del tonto, porque pienso que quien me engaña con esos productos falsos, con discursos, datos y expectativas falsas, son también engañados por otros de igual manera, y así nos vamos, en una suerte de mundo de fantasía de meta y ponga, sin posibilidad de ver algo de verdad, es la edad de la posverdad dicen los gurús, bien, la esperanza es que nos cansemos de engañarnos unos a otros y algún día alguien “clever” llame al orden.

(1) https://samharris.org/

 

 

 

domingo, 11 de octubre de 2020

Vacío existencial

 


 

 

 

 

 

 

 

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 Durante estos días de pandemia a algunos/as les puede suceder como a mí, desde alguna parte de la mente emergen en visita unos instantes extraños, llegan unos invitados que normalmente no atendemos, o quizás mantenemos alejados en mazmorras ocultas de la mente y ahora se liberan. 

 En estas condiciones tan especiales en que no hay desplazamientos en las mañanas, cuando no hay que ir a lugares en forma obligada, o no nos reunimos con otros en rutinas programadas y no vemos el resto de la ciudad y sus múltiples estímulos, se puede caer en una parálisis defensiva, en síntesis, en este delta de tiempo hay lugar para atender visitas incómodas, probablemente porque hay más tiempo para reflexionar, para dar vueltas y vueltas a algunos asuntos. 

Mirar la propia huella de vida es un asunto de luces y sombras, especialmente cuando se han pasado varias décadas estando vivo y cuando se ve más cerca el final del viaje. El caso es que en estas extrañas circunstancias las viejas imágenes de momentos vividos se atropellan para hacerse presente en la mente, algunos familiares y amigos perdidos y ya casi olvidados, aparecen de la nada y ocupan su tiempo en el recuerdo, los archivos mentales se abren y nos dicen de manera concluyente que hemos vivido, no hay duda. 

Este pensar diferente viene en mi caso a recordar entre otras verdades la fragilidad de todo, la locura del espectáculo que damos en el tiempo y el afán de los esfuerzos humanos por sobrevivir cuando todo en realidad se acaba( 1); hace unos minutos miraba como decenas de barcos cruceros, enorme embarcaciones destinadas al ocio son desaguados en un puerto turco, la caída del sector es brutal, nadie quiere cruceros, por ahora nadie quiere ir a olvidar su realidad a mundos de fantasía en medio del océano, así, se está diciendo adiós a los bailes con el capitán y los shows, ahora los barcos se desarmarán, se fundirán y volverán a ser piezas de acero y otros insumos básicos, el sueño anterior ha pasado. 

El tiempo pasado, la existencia de tantos que ya no están tiene eso, es insustancial y poco importa en el ahora (2), en parte todo lo que fue humano está vacío y apela su rastro al recuerdo de nosotros y me parece que sólo nosotros podemos darle algún sentido, sin nosotros no tienen ningún sentido, no importa en las magnitudes del universo. Unos minutos de reflexión bastan para estremecerse y entender que todo lo que nos rodea es simplemente ilusión, me pasa cuando miro algunas fotos y películas de principio del siglo pasado - oportunidad que agradezco a algunos "Youtuber" que se encargan de presentarme esas imágenes en sepia - cuando observo esas gentes caminando preocupadas de sus asuntos, haciendo sus vidas normales del día a día, conversando del mañana o posando para la cámara , pregunto al tiempo, ¿donde están ahora?, ¿todos, todas ellos/ellas, donde se fueron?, ¿que son ahora?, una sensación de vacío queda en el aire, desaparecieron en el tiempo como las flores de mi jardín del año pasado. 

Entiendo a aquellos que se buscan excusas para darle sentido a su vidas y no caer en el oscuro llamado… ¡acéptalo la vida no tiene sentido! que pregonaba Albert Camus, para él fue todo un absurdo, lo mismo nos trajo Emil Cioran (3 ), el absurdo, el aburrimiento, la decadencia eran sus conceptos de la existencia, me imagino que para escapar de esas constataciones existenciales tantas y tantos buscan en la nobleza de sus actos sus redenciones, una parte no menor busca afanosamente subirse al pódium y tomar los báculos, las antorchas, las insignias del poder para decirse ¡mira, existo, soy!, otros se empeñan en buscar respuestas en cuanto discurso metafísico les llegue a sus oídos o toque sus puertas en un continuo de engaños, fantasías y entrega a terceros, absurdo esto último pero sus búsquedas desesperadas son la forma de calmar la vacuidad del ser. 

Los países no son más que comunidad de personas, y a veces caímos todos de sopetón en una sensación de vacío, en un pisar en falso y perder el rumbo, en una suerte de caminar sin sentido a ninguna parte y ya sin luces que nos alumbren dejarse llevar y desaparecer. Me parece que globalmente damos rienda suelta a una danza macabra entorno al vacío de la existencia, jugamos con la nada como se juega a la ruleta rusa. Se puede constatar, al mismo tiempo que se corre a firmar protocolos para el cuidado internacional de una especie de ratoncito en peligro de extinción, se firman con el mismo entusiasmo, pero en otros cuartos menos visibles el desarrollo o la compra de aterradores arsenales para exterminar todo cuanto vive en fracciones de segundo, y en la fiesta, con el pecho hinchado se invita a aplaudir el paso de miles de clones humanos entrenados para eliminar y ser eliminados cuando se les ordene. 

En estos momentos tan extraños de mi existencia la reflexión me trae algo desde la nada, esto que es un absurdo desde la lógica, me llena de preguntas sobre el destino final de todo, la nada, ¡es la pandemia y sus lapsus!, me reclama en su rescate el lóbulo frontal que luego me aterriza nuevamente en la realidad, el sonido de teléfono, una alerta para una reunión por zoom me trae de vuelta al presente, y la mirada al techo esperando salir de esta con los pulmones intactos se focaliza ahora en la pantalla, en la comunicación de estos tiempos.

Nadie sabe qué pasará luego, hay voces dibujando futuros por allá afuera, también hay bastante ruido de fondo de agoreros y científicos, pero sobre todo hay conciencia de las in-certezas del mundo del mañana. En fin, claro que existe el vacío existencial, y parece que esta sensación afecta en forma más brutal cuando comienza el derrumbe de una civilización, sus mitos, sus estructuras y sus órdenes, mi impresión es que estamos viviendo algo similar…o igual a eso. 


1.-A pesar de los urgentes esfuerzos por controlar el virus, hay estadios completos de humanos desapareciendo, toda una tragedia.

2.- Algunos  gurús de la autoayuda como Eckhart Tolle  dicen – "hey vive el ahora…"

3.- Fue un filósofo de origen rumano

sábado, 12 de septiembre de 2020

El caso del chaleco























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Hace unos días salí por un rato a comprar pan y otras provisiones, llevamos varias semanas junto a mi familia encerrados y esa salida fue un escape, un tomar aire. Mientras esperaba en la fila para entrar a un supermercado me llamó la atención un señor con un chaleco de un color extraño, la vestimenta era claramente para una persona diferente a él, el tamaño, la textura y el diseño entre otros no le acomodaban, parecía un chaleco de guagua.

El hecho me dejó pensando unos momentos, me quedé dando vueltas a algunas situaciones de nuestra realidad nacional en que el ejemplo de la chaleco viene al caso, son situaciones que he ido juntando una a una para finalmente darme cuenta que están todas amarradas, todas ligadas a un origen común.

Me imagino que todos saben que cuando necesitamos un objeto común pero de manufactura, por ejemplo un martillo, en realidad salimos a comprarlo fuera del país, lo traemos y lo usamos. Si salió malo o bueno no importa, si salió malo compramos otro, si salió bueno, simplemente lo seguimos usando, sin embargo con las ideas y las metodologías para hacer cosas, para realizar proyectos y otras tareas para mejorarnos y que traemos desde afuera no sucede lo mismo, si nos equivocamos con la compra gastamos en exceso y nos hacemos daño.

Para cualquiera que pase los 60 años, es evidente que en estos últimos 45 años hemos ganado y perdido capacidades para hacer cosas, el caso del martillo en asuntos de manufactura es un hecho de la causa, pero me doy cuenta al revisar las situaciones amarradas que señalaba anteriormente que tenemos unas carencias similares cuando se trata de pensar en metodologías e ideas.

El chaleco que podemos producir con las metodologías e ideas que importamos nos queda mal, no nos acomoda y no va con nosotros, la receta para fabricarlo está pensada para otras personas, para otras realidades. Mucha gente ha viajado al extranjero para especializarse, yo no soy la excepción, buscamos maneras de hacer las cosas que otros han desarrollado de acuerdo a sus realidades, de acuerdo a sus contextos, recursos, idiosincrasia y hasta de acuerdo a sus utopías y miedos, me parece sobre esto que también quienes buscan esos conocimientos piensan de buena fe como yo, …bueno, adaptaré esto a mi realidad, es mi obligación.

El problema es que esto ocurre en todo orden, porque al estar tan carenciados de producción intelectual propia, finalmente todo es una adaptación, un acomodo, resulta que contribuimos a fabricar el chaleco pero no está de acuerdo a lo que realmente necesitamos, tampoco nos acomoda, nos adaptamos de mala manera y en la sumatoria de chalecos mal resueltos, tenemos un sistemas defectuoso, lleno de problemas. Recientemente y a raíz de la falta de respiradores artificiales para abordar las emergencias de la pandemia, quedó en evidencia lo dependiente que somos de todo, la carencia es abrumadora, pero la no generación de pensamiento propio, al igual que en el caso de los productos vitales para sostener la vida que ahora necesitamos, es una desgracia.

Es entendible que en materia de manufactura haya esa dependencia, al fin y al cabo se requieren tecnología patentadas, plantas gigantescas, mercado que puedan sostener las inversiones y una sumatoria de otras características en las que no somos viables, o simplemente no damos el ancho, pero ¿será lo mismo en materia de pensamiento, de producción intelectual?, ¿tenemos materia gris disponible?.

Pienso que si, tenemos suficiente gente inteligente, personas capacitadas para generar metodologías y diseñar caminos propios para una mejor actuación en muchas áreas( o ámbitos), me parece que el tema aquí es otro, es la falta de fe o de creernos el cuento y apostar por ello, mi creencia es que la capacidad instalada para pensar un chaleco que nos ajuste bien, que vaya con nosotros y que cumpla nuestras expectativas me parece que está, y así cada desafío que se nos presente deberíamos enfrentarlo con el afán de aprender y a pensar desde lo propio, con los deseos de acumular experiencias que nos permitan evolucionar y con ellos diseñar modelos más y más ajustados a nuestra realidad, ese camino podría llevarnos a la independencia y quizás a liderar algunas áreas latinoamericanas tan lastimosamente mal tratadas.

Es complejo y probablemente delicado para la salud tocar la vasta variedad de temáticas en las que metemos la pata, hacemos el loco o alzamos construcciones y estructuras conceptuales defectuosas, en esos mundillos es fácil notar que actuamos con conocimientos que se basan en otras realidades. Es muy difícil precisar el impacto final de la sumatoria de esos paquetes de información que nos compramos, pero el estado en que nos encontramos en muchas áreas es una evidencia que nos debería inducir a enfrentar el problema, el chaleco no nos ajusta, en muchos casos nos ahoga.

Finalmente, al aplicar el modelo del chaleco me doy cuenta que algunas de las iniciativas que veo a mi alrededor son unas parodias, unas malas copias de las obras que se desarrollaron en otros lados, y si bien hay algunas para la risa, en muchos casos son parodias tristes, escenas irreales en que nos degradamos creyendo que tenemos con nosotros lo mejor del mundo.

sábado, 20 de junio de 2020

Eso que llamamos locura



imagen desde https://rtvc-assets-radionacional-v2.s3.amazonaws.com

Hace algún tiempo escribí unas letras sobre la preocupante situación de las enfermedades mentales en Chile, el hecho es que si miramos algunos indicadores sobre este tema, se concluye que tenemos problemas serios.

Hoy en el lapsus para la reflexión que me permite la pandemia que nos azota, he estado dando una vuelta más al tema de nuestra estabilidad mental, tengo la sospecha que hay razones fundamentales, y muy especiales por nuestra condición país, para que nuestro cerebro tienda a escaparse de la realidad y nos informe a cambio una realidad paralela, y con ello, la locura esta a la vuelta de la esquina.

En el caso chileno esa casi inexistencia que llamamos covid-19 nos está diezmando, y aquí esperamos, nerviosos, agitados, algo angustiados dentro de las murallas de nuestras casa, una situación que es muy similar a estar atrincherado al interior del muro de una ciudad antigua, es decir subido a esas defensas que nos permitía mirar todos los días como el enemigo acampaba allá abajo afilando sus machetes, y no era para cortarse las uñas. Me imagino que en ese encierro se incrementaban a full los problemas de salud mental.

Somos una isla, y nos miramos el ombligo desde hace unos siglos cuando decidimos que nos llamaríamos Chile. Siempre se nos enseñó que estamos protegidos por el mar, la cordillera y el desierto, una condición natural de autarquía que nos protegía de las plagas y otros efectos indeseables, pero eso también significa que vivimos en una permanente exclusión de los centros mundiales y de las rutas comerciales, sin contacto con otros diferentes, y además parece que entre unos y otros somos todos primos, pocos inmigrantes han llegado hasta este reducto, es decir somos una familia que se mira las caras todos los días.

Una de las historias que me recordó lo complejo de este asunto es el caso de la Isla de Pascua cerca del siglo XVIII, hubo allí una guerra civil producto de conflictos políticos, pero probablemente influyó en la explosión fratricida el hecho que estaban condenados a compartir un espacio pequeño y con pocos recursos, por estos días he escuchado que ese tema, compartir un espacio pequeño , el encierro , trae problemas al interior de las familias, https://www.inmodiario.com/182/28876/problemas-convivencia-durante-cuarentena-m-persona-deberian-ser-suficientes.html, esto me recordó la situación nacional.

Si juntamos en un puré lo siguiente: aislados por siglos, con pocos recursos, todos más o menos parientes, y además conflictivos por naturaleza, adivine Ud. que tenemos, eso, un plato fuerte con todos los síntomas que detectamos en la vida nacional, si agregamos ahora la pandemia y los conflictos económicos-sociales anteriores, pienso que somos candidatos a escaparnos a una realidad paralela, y seguros clientes para algunas eminencias en la siquiatría que debería atendernos como colectivo, estimo que deberían tener la deferencia de hacer un precio especial por país.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Dos kilos de tomate




Fuente de fotografía : http://www.elconcecuente.cl


- ¡Señora, por favor péseme estos tomates!...
- si…¿oiga y Ud. porqué está usando esa mascarilla..?
- bueno, por el virus…el corona..vir...
- ¿y Ud. cree esas tonteras?
- me parece que es cierto..hay una pandemia..
- ¿cómo lo sabe Ud…?
- ¿cuánto son los tomates..?
- dos kilos son 1.300 pesos…¿lleva plátanos?
- Ahhh…no gracias, tome páguese..
- le preguntaba que como sabe Ud. que el virus existe?
- ¿… ha visto acaso los muertos..?
- bueno..no, pero hay alarma mundial
- …en Italia se ha muerto mucha gente..
- no les crea amigo.. eso son cuentos para mantenernos controlado… ( una voz cercana…)
- eso, eso le decía al señor …pa´ qué usa esa mascarilla…
- mmm…si es un asunto de creencia señora
- y yo creo que viene..
- yo no, son mentiras.. no se las crea
- no se las crea amigo … y ..¡tranquilo!..
- su vuelto..
- gracias…y suerte.

martes, 10 de marzo de 2020

Esa incomoda sensación de ser rémora


imagen de https://cdnb.20m.es/


Por estos días las economías mundiales se tambalean, en el leguaje de la aviación se diría que estamos pasando por turbulencias severas, el coronavirus, las guerras del cartel del petróleo, los tiras y aflojas de la relación chino-americana y las tensiones sociales mundiales hacen que la turbulencia sea bastante movida.

Que el gigante asiático no nos compre cobre ni otras materia prima ciertamente nos complica, dependemos de las grandes economías y del panorama que ellos diseñan, en el peor de los casos si esto se prolonga sobreviviremos como lo hacen los pequeños mamíferos, dosificando la comida a un gusanito al día, con certeza no creceremos, estaremos esperando los rumbos que tomen quien pueden hacerlo cuidando de no perder el calor corporal.

Me parece que pasa lo mismo con ciertos cambios sociales, no sólo ocurre en la economía, cuando algo ocurre en las grandes sociedades del mundo ciertamente nos afecta, nos redefine y nos obliga a seguir derroteros que ni siquiera sabemos hacia donde van, muchas veces caminamos medio aturdidos siguiendo pauteos y modas que responden a otras realidades, a otras sociedades, en estos momentos quizás se están gestando nuevos conflictos sociales en algún escenario de las grandes ciudades mundiales, americanas, europeas, asiáticas, da lo mismo, luego, en un futuro cercano esos conflictos nos tendrán convulsos y aproblemados, algo muy similar a lo que ocurre con el coronavirus.

No sé cuanta gente se dará cuenta, cuantos en realidad verán que tenemos un papel muy secundario en el escenario mundial, y con ello somos motivo de regulaciones, matonaje y chantaje de los grandes, amén que no nos dejan ser lo que queremos ser, hace algunos años atrás se hablaba que el conjunto de naciones como la nuestra debería asumir de una buena vez su condición en el marco del “realismo periférico” , que según Carlos Escudé, un teórico argentino, significaba lisa y llanamente que quienes tenían la capacidad de destruir el mundo, mandaban, así de simple.

La baja importancia de nuestras sociedades periféricas me quedó muy claro hace unos días, observé en internet unas pruebas que se realizaban a automóviles que luego se venderían en el mercado latinoamericano, en ellas se señalaba que las normas para nuestros mercados son bastantes más relajadas que aquellas que imperan para los mercados de sociedades como las europeas o americanas, en consecuencia, los autos mostraban flaquezas, fallas, que en esos otros contextos no se permitiría pero por aquí no había problema, nadie diría nada, nadie golpearía la mesa, nuestra seguridad en realidad no cuenta porque para otras latitudes somos unos fantasmas que conducen.

Por otra parte, parece que estamos adaptados para jugar nuestro papel de segundones o mejor dicho, de tercerones, la chimuchina interna nos mantiene siempre ocupado en “nuestros asuntos”, es decir mirando para adentro y hacia abajo, sin poder nunca levantar la cabeza y mirar el horizonte, es decir, tenemos la estructura, los sistemas y la morfología adaptados para esta condición de cortesanos de última línea, en el mundo natural seríamos unas remoras.

Pensar en vagar en forma libre por el medio, comer lo que se caza y hacer lo se le plazca, al igual que el tiburón, parecer estar fuera de nuestro alcance, es cierto que eso implica riesgos, si una rémora se soltara de su huésped sería pez comido, no sólo porque nunca ha cazado nada sino porque no sabría hacia dónde ir, no sabría conducirse.

Por lo anterior, pienso a veces que el problema no es nuestro tamaño, probablemente el problema es nuestro organismo. En algún punto de la historia, cuando estábamos en gestación algo pasó, digo esto porque nos quedamos en una condición permanente de niñez, somos como los bebes que hay que alimentar y cuidar, tampoco aprendimos a articularnos armónicamente, un brazo pelea con el otro y los pies se hacen zancadillas unos a otros, no hablamos bien y como broche de oro, no entendemos lo que leemos, por su parte la cabeza que debería ser quien nos conduce, muestra desde hace mucho tiempo signos de infantilismo.

Es incomoda esta posición, se siente que el filete se lo comen otros y nos sueltan las sobras, las que hábilmente maquillamos como platos de primera tras años de prácticas engañosas, y así, esperaremos hasta el próximo evento al que seremos conducidos. Quizás por esa realidad alguna gente valiosa emigra, se va, busca lugares que les permitan crecer, hacer sus proyectos de vida, introducirse realmente en el mundo contemporáneo y ver cuál es la dirección que está tomando la civilización.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Fragilidad y resiliencia



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Por estos días estamos preocupados, al igual que el mundo entero esperamos la llegada de un virus mortal, es cosa de tiempo, llegará y la pasaremos mal, por otra parte hay consciencia que estamos en una situación interna delicada y que alcanzará un extraño límite con la llegada del virus, todo puede salirse de control.

En perspectiva, hay dos situaciones que me preocupan frente a la amenaza, caminamos últimamente alterados o como sonámbulos, algunos han dormido mal y otros no han dormido, hay preocupación y un ambiente extraño, lo segundo es que se ven atisbo de desorganización , de dislocación de estructuras que considerábamos sólidas ( todo lo sólido se desvanece en el aire decía Marshall Berman recordándonos que todo es pasajero) , con ello, se ha generado un ruido de fondo en el que nadie escucha realmente lo que el otro habla, ni nadie puede entrar en un estado reflexivo para visualizar realmente lo que pasa.

Lo que nos ocurre es un tema viejo, pareciera que siempre estamos buscando algo que no podemos encontrar y al igual que en el mito de Sisifo , se disuelven los pocos éxitos en el fracaso y volvemos a empezar para terminar de igual forma, no nos acomodan los modelos de desarrollo que se tratan de implementar (todos prestados y ajenos) y nuestro desarrollo es a saltos, con alguna luces, pero con largos periodos de oscuridad, en esa marcha, en ese caminar a tumbos nos llegan las amenaza mundiales.

Hay que decir que hemos demostrado ser resilientes, esto como resultado de enfrentar múltiples desastres naturales en nuestras vidas, por ellos, por esos imprevistos que nos envía la madre natura tenemos una capacidad de resiliencia instalada, una capacidad potencial a la cual muchas veces echamos mano para resistir a situaciones de otro tipo, como las conflictivas internas y también para aceptar abusos y manejos de muchos sectores que buscan beneficiarse de nuestra credulidad, de nuestra bajo nivel de reflexión, y también de nuestra relación con el fracaso y la fatalidad.

En el mundo de hoy somos una sociedad pequeña y además frágil, muy frágil, lo vemos cotidianamente en los escenarios económicos mundiales y hoy ante la expectativa de la llegada de un virus mortal que no sabemos si se podrá controlar o no, si tendremos las medicinas, la información y sobre todo la capacidad organizativa para enfrentarlo, me quedan muchas dudas, pero tengo la seguridad que echaremos mano a la resiliencia criolla, ello no nos asegura que no seamos diezmados, pero sí que daremos la pelea.

Ser resilientes es en parte ser flexibles, a su vez nuestra condición de fragilidad, el ser frágiles, puede ser también una ventaja, no nos pesan muchos los equipajes ni tampoco nuestras estructuras, por ello probablemente tendremos alguna chance - esto me recuerda unas viejas películas de artes marciales, el luchador de kung fu, siendo frágil y liviano pero muy flexible puede derrotar a quien sea - tengo esperanzas que saldremos de esta , y quisiera tenerla también para las otras situaciones que nos aquejan, creo que podemos resolverlas siempre y cuando consideremos nuestra fragilidad y no nos endurezcamos en nuestras posturas personales ni grupales, todo un desafío.