lunes, 27 de abril de 2015

Mirando la mujer del Cesar




Dice el dicho que la esposa del Cesar (Pompeya) no solo debe ser honesta, sino parecerlo. En estos días nos ha tocado asistir a un carnaval de descubrimientos de corrupción y manejos oscuros en la clase política, una suerte de huevos revueltos entre el poder, políticos, empresarios, medios de comunicación, fiscales, etc. Parece a ojos de un modesto espectador que la cosa esta bastante nauseabunda, quizás hedionda en algunos círculos y están quedando a la vista muchas miserias humanas. Por otra parte estamos todos invitados a las fiestas de los medios de comunicación, mesas-foros, debates, reportajes, entrevistas y un cuanto hay a fin de mostrar a la ciudadanía en todos sus ángulos, la actuación de cada actor de este realismo mágico en que vivimos.

Pero además está la actuación de algunos honestísimos ciudadanos que han salido a las cercanías de la cárcel y los tribunales a expresar su más absoluta protesta, llegando a agredir a algunos conspicuos personajes, la reacción ciudadana propia de gente honesta dirán algunos, y que muestran así su desesperación ante tan inusual comportamiento, pero sospecho quizás puerilmente que son actores profesionales de la cosa.

Romper vestiduras y clamar por tal desaguisado es quizás la parte más entretenida de este triste espectáculo, quizás hasta el dentista que se quedó con mi pago y nunca me colocó el diente debe estar entre los más enojados, o tal vez el reparador de mi equipo de sonido que me cobró lo que nunca hizo debe estar lleno de indignación. Pensando un poco, aquel contador que me contó de sus “movidas” financieras también debe estar gesticulando por esta situación límite.

En realidad deben haber muchísima gente indignada, muchos, porque este tipo de conductas no pueden ser, no puede haber en medio de esta sociedad de alta ética y moral unas movidas así, esto maltrata seriamente nuestra acaramelada y prístina relación social, digamos que de pronto apareció un furúnculo en la lozana piel de nuestra encantadora sociedad.

Lo cierto es que parece que la realidad es otra, o al menos a mí, con mi poca inteligencia, me parece que la cosa no es tan transparente, no es tan limpia como quisiéramos soñarla, y probablemente nunca lo ha sido, entre otras reflexiones mías, porque hace ya algún tiempo que intento apuntarle a una propuesta pública y extrañamente me he dado cuenta que hay algo más que mi mala suerte, parece ser que hay “movidas”, algo me dice que son siempre los mismos que le dan al clavo, que lo agarran todo, y no sólo eso, huele a “movidas” por todos lados, a veces tengo la sensación de no vivir en la falsa realidad que dice que somos el pueblo menos corrupto de esta parte del mundo, quizás sea cierto, pero en ese caso, ¿cómo estará el resto?.

Quizás lo que esté pasando es sólo una parte de una obra en que participamos todos, sospecho que entre los que más gritan, gesticulan y claman, deben haber algunos montados a duras penas sobre un tinglado de cristal y por cierto, deben haber otros que sólo lo hacen para la “galería”. En todo caso no justifico a nadie, pero estoy seguro que no seré yo el que tiraría la primera piedra, me parece que la actuación de ciertos políticos no es más que el “más de lo mismo”, que muchos personajes anónimos se “fabrican” en el día a día.

Mirando al futuro, creo que deberíamos sincerarnos, reconocer errores, hacer que el aparato del estado tenga un poco más de respeto por la Contraloría General de la República, que intentemos ver más allá de la propaganda política y mirar que tan oscuro es el background que soporta a cada personaje, y también porque no, intentar parar en seco a cada hijo de vecino corrupto que nos aceche, y dejar de bailar el mismo tango con él. Muchas veces las cosas no son lo que parecen, pienso sentado en una flor de loto que la falta de ética, de valores aún no nos ha sobrepasado, pero lo intenta con fuerza, quizás lo logre, de nosotros depende.

lunes, 2 de marzo de 2015

Dos dedos de frente, como mínimo




Hace algunos días estuve viendo un video de un escritor español, Salvador Freixedo - autor del libro “La Granja Humana” -, en el cual trataba temas que vinculaban los antiguos dioses y los ovnis, y que en síntesis argumentaba que tengamos mucho cuidado con los ovnis y sus ocupantes, los antiguos dioses, porque la historia demostraba inequívocamente que estos no eran seres buenos, más bien todo lo contrario, serían la esencia del mal, sin embargo, lo que me llamó la atención del discurso, es que al final, con todo lo argumentado el español dice que aún cree en algo superior, porque alguien debe poner las cosas en su lugar, y luego termina diciendo, “porque tengo dos dedos de frente”.

Los “dos dedos de frente” es una expresión común, y si la entendemos bien es similar a decir : “algo de inteligencia tengo”, puedo pensar por sí mismo. Si trasladamos esta expresión común entre nosotros y vemos el desarrollo de lo que sucede en el mundo hoy, y especialmente en nuestro país, algo está pasando con los dos dedos de frente, pareciera por momentos que vamos en un gigantesco carrusel y que no podemos bajarnos ni esperar que pare, no sé que pasa con los conductores, a veces parece que no hay conductor por ningún lado, los acontecimientos siguen un tipo de ruta que puso un desconocido piloto automático.

Pienso que por alguna razón y quizás en el mundo entero, se eliminó como requisito para controlar o conducir alguna pieza de los sistemas políticos, económicos y/o sociales, tener dos dedos de frente, quizás fue algún pronunciamiento de la ONU o un acuerdo secreto entre países, pero desde hace algún tiempo a esta parte, se nota que algunos líderes se saltaron ese requisito.

Las cosas no van bien, demasiadas crisis económicas, demasiado deterioro ambiental, demasiada corrupción, demasiada teoría de la conspiración, demasiada agitación social por todos lados, y en gestación una serie de conflictos bélicos a nivel global que nos puede llevar de nuevo a la época de las cavernas, ello ocurrirá si no somos lo suficientemente hábiles para desactivarlos a tiempo.

En el súmmum de nuestra modernidad, internet, podemos hacernos una idea de lo que ocurre por los foros de debate, y en los foros de internet se ve bastante odio, odio irracional y enconado entre adversarios que pretenden ganar un debate insultando y degradando al interlocutor, gente hinchada de soberbia que cree tener la razón sobre a donde la sociedad debe marchar, u otros que pontifican ideologías del siglo antepasado como si un siglo y medio hacia adelante no fuera nada, en resumen hay una evidencia sustantiva, salvo excepciones destacables, de mucho ladrido entre descerebrados.

Es difícil declararse ignorante hoy a la manera de Sócrates, pero es cierto, en mi caso soy bastante ignorante, pero en los tiempos que corren esperar que otros también declaren su ignorancia es un acto suicida, de la nada aparecen los gurúes formados por wikipedia, y entonces un pseudo-conocimiento de color pardusco, algo fétido parecido al mal aliento empieza a salir de la boca del interlocutor y nos envuelve, como esto ocurre bastante seguido, el ambiente también se está tornando algo espeso.

Me pregunto ¿donde están los más sabios?, aquellos que efectivamente, comprobadamente, y medido rigurosamente, tienen dos dedos de frente, ¿se extinguieron?. Me imagino que este podría ser el escenario actual no sólo aquí, en todos lados y si esto es así no nos queda más trámite que poner al menos tonto a dirigir urgentemente, algo nada fácil pero al menos quedaría muy claro que entre los limitados elegimos al que demostró algo más de capacidad, así las cosas, y como requisito inicial debería ser exigible una declaración cada vez que se asume un rol de importancia en la sociedad, se debería declarar cuanto falta para llegar a los dos dedos de frente debidamente certificado, de esta manera, si posteriormente se es increpado se podría argumentar con razón “no me pidan más de lo que no puedo dar....”, así, se acabarían las campañas de todo tipo y aceptaríamos tranquilamente que lo que hay, es lo que hay.

Como no soy sabio, no tengo más solución, pero sospecho que también deberíamos bajar algunos grados el ego entre nosotros e intentar entendernos unos y otros, quizás ese podría ser el secreto de los más sabios, porque pensando bien las cosas, si eso ocurriera, quizás no necesitemos sabios.

viernes, 30 de enero de 2015

¿Más o menos estado?



“Toda persona le debe por entero su existencia al estado” decía Hegel en sus elucubraciones filosóficas, y para él, el estado óptimo era la monarquía constitucional prusiana, para el filósofo alemán el estado es el principio de orden de la vida civilizada, una vida productiva que se desarrolla en la protección que este entrega mediante el estado de derecho, un concepto del siglo XVIII y que señala que el marco de leyes, ordenanzas, estructuras y otros, posibilita el desarrollo de deberes y derechos de los ciudadanos.

Sin duda el estado debe tener un rol importante en nuestras vidas, un rol base o marco orientador en la construcción de cada proyecto de vida, en la construcción de sueños dirán algunos, entonces el estado, ese ente abstracto en democracia y compuesto por leyes, ordenanzas, normas y por miles de funcionarios registrados según su rango de poder, o porción de poder que tienen en sus manos respecto al hermano mayor - la cabeza del estado -, siempre se vinculará hasta con el más ermitaño de los habitantes. Sin ésa enorme estructura la aventura de la vida en sociedad de desvencija y puede durar muy poco en un terreno dominado por la brutalidad, una naturaleza llena de animales de presa y buitres.

Mirando reflexivamente la percepción que tienen nuestros compatriotas del estado, me parece que en su inmensa mayoría suscribe con todo fervor al pensamiento hegeliano, porque se mira al estado como un protector- benefactor a todo evento, y a veces contra toda lógica.

Sin duda el estado debe tener injerencia en nuestras vida, ¿pero qué pasa cuando el estado comienza a tomar cada espacio que hay para respirar, para moverse con cierta libertad y bloquea todas las perspectivas individuales, homogeneizando?, esta no en una pregunta hipotética, o un escenario que pensaríamos utópico, es una pregunta real que permite evaluar una ecuación inestable que debe ajustarse cada cierto tiempo, no hay una receta, si se pierden ciertos equilibrios entonces el estado se transforma en un estado dictador, una fuerza que bloquea todos los caminos y nos conduce obligados en una sola dirección, algo aterrador y ahogante, o por el contrario, nos metemos de lleno en la ley de la selva, en el mundo de los señores de la guerra.

Equilibrar el estado es una tarea compleja, se trata en síntesis de equilibrar el poder, y ese trabajo de activación y desactivación se desarrolla siempre en un terreno complicado, se puede suponer por la naturaleza humana que el poder siempre busca más poder, y ya lo decía Tácito “no hay que fiarse nunca de un poder excesivo”, pero parece que para algunos de mis compatriotas, esto no le preocupa.

En la contienda diaria en nuestro país se aprecian fuerzas contrarias, los unos, buscan más poder para el estado, alineando sus fuerzas de modo de ir incorporando más y más espacios, sociales, productivos, educativos, culturales para el manejo del estado, los otros, intentando hacerlo más pequeño, y en algunos casos de fuerzas extremas , intentando desmantelarlo.

Tengo la sensación que una súper- máquina que lo haga todo, desde entregar sustento para vivir a fabricar papel higiénico no es una opción buena, pero tampoco veo bueno que cada cual construya sus leyes y viva de acuerdo a sus propias convicciones pasando por sobre los otros. Si pensamos racionalmente, Hegel tenía razón, sin estado no somos más que un mosquito en la oreja del poderoso y nuestra sociedad sería un juego de luchas intestinas asesinas, pero se ve con preocupación la fabricación artificiosa de dependientes sociales que por sed, hambre y necesidades básicas clamarán por más estado.

Introducir mediante el populismo y la demagogia en la mente de personas sin cultura ni educación ni poseedoras de una racionalidad mínima, la idea que el estado debe crecer y crecer y además solucionarles la vida, tal como lo vemos en algunos discursos, es asumir una apuesta arriesgada, por cuanto hay pérdida de libertad individual asociada al proceso, e implicaría asumir una montaña de facturas que deben cubrir devotos contribuyentes, es decir la misma vaca lechera que siempre debe dar más y más, pero reducida en espacio vital a una celda donde apenas se pueda mover.

Ajustar las tuercas para mantener el estado equilibrado, podría ser - más que una lucha por aumentar sus atribuciones y poder, o reducirlo y quizás desmantelarlo como ocurre con otros discursos trasnochados - , una filosofía social, un acuerdo amplio y compartido que permita el desarrollo individual y la realización de sueños de todos nosotros, es decir, la tarea es cuidar los equilibrios y con ello el control necesario y su regulaciones, pero también los espacios de libertad.

Finalmente, en mi juicio el estado es necesario y debe ser fuerte, pero se debe mantener bajo control su peso y atribuciones porque tiende a engordar y a convertirse en un mandón.

lunes, 12 de enero de 2015

Abuso social





Un hombre joven que inicialmente me trató de “casero”, me tapa de groseras palabras porque no le entregué unas monedas que para mi fatalidad no me quedaron después de pagar el parquímetro, el sujeto “cobraba“algo que nunca contraté, un supuesto cuidado de mi auto por unos 15 minutos en un lugar regulado con parquímetro en la ciudad, me muestra con gestos que su locura abusiva le da licencia para rayarme el auto.

Desde hace unos tres días en un local comercial en la planta baja del edificio en que tengo oficina, se realizan trabajos de cambio de pavimento, para colocar el nuevo pavimento se requiere retirar la baldosa antigua con un martillo neumático, el contratista, probablemente una empresa pequeña usa uno del tipo hobby, por lo tanto se siente que una pequeña máquina que rebota y rebota en el suelo, así, debemos soportar el ruido sordo e intenso durante todo el día laboral, he intentado reclamar, hacer algo, hablar con la empresa y nada ha resultado, como en muchos otros aspectos, mientras salto en mis sillón, me siento abusado.

Hace unos dos meses se me olvidó retirar mi auto de una calle donde lo dejé cerca de las 8 a.m. para llevarlo al estacionamiento que abre supuestamente a las 8.45, un supuesto utópico sólo para el contrato porque normalmente abre a la 9.10 a.m., el día me costó $11.300, claramente un abuso, una violenta muestra que un bien de uso público - probablemente pavimentado con mis propios impuestos - tiene dueño y lucra mucho más que un estacionamiento privado que cobra $ 5.000 el día.

Cada cierto tiempo compro pescado en un centro distribuidor gigante que se ubica en Concepción, miro, veo precios y compro, y no en pocas ocasiones he llegado con pescado podrido a mi casa, luego viene el dilema, sentarme a pensar si es conveniente botarlo o intentar volver al comercio en cuestión, es decir, gastar bencina e ir a encarar a un vendedor que ya demostró que no tiene ética y le importa un bledo mi salud y la de los otros compradores, el fiscalizar normalmente brilla por su ausencia, el abuso está servido con un concentrado olor a podrido.

Muchos hemos escuchado cada cierto tiempo que la clase política que nos dirige se aumenta el sueldo y/o gasta en excesos superfluos que son criticados en pasillos, entre dientes y uno que otro valiente que dice algo. Cada vez que esto ocurre, siento la sensación de abuso.

Tengo la sensación que estamos fomentando al interior de la sociedad una casta de abusadores, cada vez que alguien, un grupo, un colectivo, una empresa, etc, puede abusar de otros, lo hace, se siente en los programas de salud, se siente en el retail, se siente en la banca, y se siente desde del estado quien muchas veces es juez y parte de asuntos donde los individuos valen menos que una mosca, el caso de impuesto internos es paradigmático. El abuso se siente en todas partes y sistemáticamente nos va transformando o mutando en tres tipos de individuos, los que actúan como muñecos de goma que lo absorben todo, aceptan y pagan, los que no aceptan pero se comen la rabia y la llevan a sus núcleos familiares y allí explotan, y los que aparecemos alegando por todo.

El estado se da cuenta dentro de su somnolencia o condición de sopor permanente de lo intolerable de algunas situaciones, y luego de larguísimo debates, logra frenar un abuso por aquí y otro por allá mediante leyes y reglamentos, pero mientras eso ocurre, el conjunto de abusadores está buscando otros frente donde actuar, se trata de una lucha sin final, con un sólo ganador, el abusador.

Mucho se ha dicho sobre la materia, cada cierto tiempo, los canales de televisión se inventan programas para evidenciar lo crudo de la situación, para algunos desdichados ciudadanos es vivir una película de horror , y parece en esos momentos que todo el mundo condenara los hechos, pero nada cambia, si cierta cadena comercial se puede poner de acuerdo con otros para controlar los precios, lo hará, si cierto profesional, vital para ti, puede cobrarte más, lo hará, si cierta compañía con quien firmaste contrato esperanzado que te ayude en tu desgracia encuentra como no pagarte, lo hará.

¿Quien actúa correctamente en estos tiempos?, ¿quién cumple lo que ofrece?, ¿quién actúa honestamente para poner sus márgenes de utilidad? . Me parece que hace rato hemos perdido el norte de algunos temas éticos como sociedad, quizás falta más fiscalización, más denuncia y condena, y hasta una mayor claridad de deberes y derechos para nuestro rol de consumidores, pero eso no hará cambiar una cultura, la cultura del abuso está más o menos posicionada en segmentos amplios de la sociedad, junto a otras prácticas insanas como el amiguismo, la corrupción y el nepotismo estan frenando negativamente nuestro avance social, nuestras expectativas de un mañana mejor y nos esta enfermando.


lunes, 22 de diciembre de 2014

Tiempos de aburrimiento




Al contemplar ciertas actitudes urbanas se puede percibir una extraña sensación de hastío presente en el ambiente, una sensación de aburrimiento, un querer evadirse del entorno. En cualquier lugar público donde se reúnan personas, se ve a muchos poniendo atención a sus celulares, sumidos en sus mundos digitales e individuales poco importa lo que pasa a su alrededor, se han ido del lugar, me temo que comunicando cosas intrascendentes en una suerte de pimpón digital. Quizás demasiada potencia instalada en las manos para enterarse que fulanito/a se compró un tablet nuevo, es decir, un más de lo mismo.

Por otra parte, se ve una preocupación excesiva en ciertos grupos juveniles por decorar sus cuerpos, quizás lo más recurrente sea el tatuaje, la antigua práctica de dibujar figuras de colores mediante cicatrices sobre la piel, desde afuera se ve como un doloroso pasatiempo y una forma peculiar de gastar recursos a cambio del dudoso beneficio de mayor identidad en la masa, quizás haya detrás de eso, y de otras prácticas tales como la inserción de piercing, la rotura de los lóbulos de las orejas y una creciente moda de modificaciones faciales una vuelta inconsciente hacia atrás, a épocas oscuras del hombre, un querer vivir en otros tiempos, nuevamente un evadirse de lo “civilizado” , este camino supone que en unos años vuelvan los tocados de plumas de colores, los anillos en el cuello y los rituales de iniciación.

En el mundo que expone internet, se puede ver además una intención –por ahora minoritaria- por auto flagelarse, un caso asombroso es el de la mujer vampiro, una mexicana supuestamente licenciada en derecho que se ha hecho tanto daño en su cuerpo, que su estado actual parece irreversible. El antes y después muestra una mujer normalita que se obsesionó con generar un espectáculo “freak” del viejo circo a costa de su cuerpo, no con él como lo hacen otros.

Otros muchos pasan por el quirófano para sacarse algo por aquí, agregar algo por allá, cortar y pegar, en resumen mejorar su aspecto de manera rápida, ojala si dolor y con objetivos estéticos regidos por modelos occidentales, se sigue modelos de moda y sujetos del mundo del espectáculo, es decir se busca esculpir la carne al gusto del consumidor, en algunos casos, con resultados monstruosos, al final del día tenemos el deseo de querer ser otra persona, evadirse de lo que se es.

¿Qué pasa?, pienso que podríamos estar en un período barroco, me recuerda el mundillo pasado de las pelucas, los zapatitos con moño y perlitas, el lunar en la mejilla, los perfumes, el empolvado mañanero, los encajes y el aburrimiento de la corte de Luis XV. Hoy, en nuestro país y en las sociedades occidentales que han logrado al menos tener que comer, vestirse y donde vivir, el horizonte dibuja un bostezo general, una actitud vuelta hacia dentro y que afecta los cuerpos y las mentes sobre todo de los adolecentes, la gente de recambio, la más joven se quiere ir de la realidad.

Quizás la droga va por ahí, porque se busca también auto-noquearse, evadirse, o vivir nuevas sensaciones, nuevos divertimentos para pasar el día, en síntesis, escaparse del entorno aunque sea por un rato. Hay otras formas de escapar, las búsquedas espirituales o trascendentales que se han desatado en los últimos años, ejercicios de prácticas de ritos antiguos o autóctonos para “elevarse”, prácticas de mantras para alterar los estados de consciencia o el redescubrimientos de la antigua gnosis para sumirse en “estudios” lejanos al conflicto diario, en ese escenario supuestamente espiritual, se aprecia que la religiones tradicionales que de alguna manera posicionaban formatos conductuales han dejado de tener influencia, y parece que todos nos enhebramos con lo agnóstico, ateo u militante religioso informal sin ningún compromiso, no se confía en lo establecido, se desea un contacto con el más allá en forma individual.

La historia muestra que cuando se está en estos estados de “pax”, de segmentos de tiempo de aparente “tranquilidad” dentro de nuestra perpetua intranquilidad humana, nos acercamos a convulsiones, a conflictos, a otros estados de convivencia en que las prioridades son otras. La guerra es una de esas tristes realidades, otras son las convulsiones internas, las catástrofes ambientales o económicas, en esos escenarios, no hay tiempo para los tatuajes ni para las cirugías plásticas, ni para tomar una dosis de ayahuasca, tampoco para decorarse la cabeza con peinados rebuscados tipo jugador de futbol, espero que esto no sea nuestro próximo escenario.

Hay algo raro en el ambiente, demasiada fijación en el cuerpo, demasiado tiempo para decorarse, demasiada intención de querer evadirse, quizás la pérdida de tareas tradicionales, quizás los nuevos gurúes del “let it be” , quizás las percepciones de falso poder que entregan las tecnologías de la comunicación, quizás la falta de credibilidad en la religión y la política, y quizás cuantas otros factores incidentes sean los causantes de que se esté produciendo mucho hastío.

Pienso también que la gente está cansada de preguntarse desde la noche de los tiempos, ¿quién soy?, ¿qué hago yo aquí?, ¿para donde voy? sin tener respuestas reales, verdaderas y causales, parece que se aburrió de explicaciones que sirvieron en otros estadios de desarrollo humano pero que para este ya no sirven, este hastío me suena parecido a una larga espera, porque mientras esperamos no se qué cosa, quizás un meteorito gigante, nos dedicamos mirarnos el ombligo y rascarnos la cabeza.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Austeridad hoy, ¿es posible?




Desde mis épocas de estudiante universitario, me ha parecido que vivir austeramente es una obligación consigo mismo, con mi realidad social y económica y quizás con la naturaleza, en lo general, siento que vivir en austeridad, con lo que realmente necesitamos es una práctica sana, pero esta práctica parece ser una tarea cada vez más difícil en este Chile del siglo XXI.

El marketing comercial asociado a otras múltiples técnicas que despiertan nuestros deseos ocultos, son la primera barrera difícil de traspasar, el mundo utópico que se muestra en imágenes digitales, cada día más reales, nos convierte en una especie de monitos menores que quieren “eso”, sumarnos a las caritas sonrientes de un grupo de privilegiados con su situación económica resuelta, los monitos mayores, que toman champagne francés a orilla de la costa mediterránea en un atardecer dorado, “la vie en rose”

Entre otros artilugios, Chile debe estar en algún ranking de concentración de 4 x4 en relación a su población, quizás hay algo patológico con ciertos productos, es como si la expresión “yo me lo merezco”, estuviera socavando nuestro pobre cerebro día y noche, y martillando en leguaje chileno la opción ¿cómo no me lo voy a comprar, si puedo?, en mucho caso en cómodas cuotas, crédito inteligente, sobreendeudamiento, en fin, el objeto del deseo frente a la conocida ecuación “ el que quiera celeste, que le cueste”.

Vivir austeramente requiere probablemente conectarse un poco más con la naturaleza , y quizás por ahí va parte del problema, nos estamos alejando cada vez más hacia un paisaje artificioso, uterino, a un mundillo de luces, colores y sugerencias que nos susurra al oído ... cómprame... La naturaleza nos puede salvar, acoger con nuestras cavilaciones culpables, pero hay que decirlo también, nuestro propio concepto de naturaleza forma parte del mismo juego, nuestro cerebro no quiere problemas, sueña un cómodo bar con vista al mar, lago o la montaña, un whisky and dry ginger ale en mano en un ambiente “rústico”, y si continúo dibujando en el aire, una chimenea y unas aguas termales debidamente armonizadas con la arquitectura, todo a módicos precios para la VISA, al fin, parte de lo mismo.

Podría ser que hasta perdimos el norte y ya no sabemos que es vivir en austeridad, vivir con simpleza, con aquello que verdaderamente necesitamos, en mi caso estoy evaluando, y a veces me doy cuenta que arrastro también mucho material sobrante, mucho consumo, mucho peso muerto, y como muchos, he caído en las tentadoras ofertas.

Sugerir austeridad a otros, es como predicar a la manera del padre Gatica, y no, no es mi intención dar lecciones a nadie, pero podría ser una buena idea poner este concepto en nuestra mente y reflexionar, quizás con el mismo whisky en la mano pero imaginando la vida algo más simple y agradeciendo el hecho de estar vivo por este rato. Hay algo de humildad en la austeridad, hay algo de respeto con la naturaleza y con nuestra propia humanidad.

jueves, 14 de noviembre de 2013

RECONSTRUCCIÓN



Tsunami en Sumatra, nosotros la sacamos barata por esta vez


El territorio chileno es uno de los lugares más sísmicos de la tierra, eso lo sabe cada chileno desde una temprana edad, y probablemente durante el lapso de su vida se enfrentará a un gran sismo. Que se nos mueva la tierra es parte de nuestra de nuestra realidad e identidad.

Los terremotos y tsunamis son siempre agentes de destrucción, dolor y muerte, y como hemos constatado en el último terremoto ocurrido el año 2010, tiempo para el pillaje y ciertas conductas colectivas ocultas que allí, liberadas, muestran su lado más salvaje.

Luego viene el tiempo de la calma, el tiempo en que se secan las lágrimas y se planifica la reconstrucción, entonces la reconstrucción es tan familiar como el terremoto mismo, es parte del proceso y lleva consigo la esperanza y los deseos de futuro, los sueños y también la rabia de la perdida anterior que a veces hace pensar en lo inútil de hacerlo todo de nuevo cada cierto tiempo, al final, un futuro no tan incierto, porque sabemos con una grado alto de certezas que nuevamente se moverá la tierra y se sulfurara el mar.

La reconstrucción es una tarea compleja y pareciera ser que cada vez será más compleja, ya no encontramos un ambiente de comprensión, resiliencia o de verdadera ayuda, algo ha cambiado en estos años, quizás el orgullo muy inflado del nuevo chileno, quizás cierta cultura del corto plazo, probablemente nuestra tendencia a buscar chivos expiatorios y hasta cierto grado, la soberbia de cierta casta tecnócrata.

Para una persona normal, perder todo por un desastre natural quizás lo lleve a meditar lo frágil que resulta la vida y lo efímero de las posesiones materiales. Una persona con una mente práctica, quizás diga el día después – “hay que aprender a vivir con esto”. Hasta aquí nada anormal, ¿pero qué es lo que vemos en esto tiempos?, lo que vemos es feo, vemos que se ha levantado “el derecho a la reconstrucción”, una suerte de privilegio que resulta en un seguro colectivo para volver a tener lo que se ha perdido, el principal garante de todo, el estado, es decir todos nosotros, por ahora el cobre, más adelante, Dios dirá.

Vemos recorriendo el país una nueva idea, el “marketing de la reconstrucción”, una idea que significa llevar a producto vendible la desgracia y fomentar la creación de un conjunto de indicadores, su promoción, intercambio y distribución. Para cualquiera con dos dedos de frente, le parecería que con esos datos no se debe lucrar de ninguna forma.

Agreguemos a esa visión una sensación colectiva, una extraña sensación de seguridad posterior, basada en la estadística, total cada cincuenta años nos viene la movida y eso es mucho tiempo, así, muchos edificios literalmente quebrados en sus superestructuras fueron “reconstruidos” a base de pasta muro, papel decomural y pintura, nadie por cierto ha verificado nada, nos veremos en el próximo.

Sin embargo hay algo más siniestro en estas prácticas, una serie de inventos nuevos basados en medidas “técnicas”, dos ejemplos que me parecen extraordinarios, uno de ellos es el llamado bosque de mitigación, que al parecer viene de experiencias japonesas, bastante fallidas, y que borraron nuestro recuerdo de la isla Orrego en Constitución, y el otro, las vivienda anti-tsunami, ¿anti-tsunami? ¿qué es esto?, ¿ a quién se le ocurrió?, de todo lo que he visto esto es lo más freak, quizás alguien podrá decir, bueno, la gente no quiso salir de su lugar de vida, hay que buscar alternativas...si, bien, pero ¿ no habrá algo más inteligente?, ¿ alguien sabrá lo que es un tsunami?.

El bosque de anti- tsunami será probablemente una plantación de pinos, probablemente aromos y quizás ciprés, a excepción de este último, árboles de poca raíz, por lo tanto ante la embestida de las descomunales fuerzas marinas nuestros conocidos pinos radiata serán como una línea de palos de fósforos en la costa, además generarán un detrás, algo así como 30 metros detrás, ya no se podrá ver el océano en su furia loca, es decir pondremos un telón para ocultar el acto, además agregaremos elementos a la fiesta, ya no serán sólo los botes pesqueros, containers y otros elementos flotantes los que arrasarán la costa, debemos agregar árboles, si estamos ahí, estaremos fritos.

El arsenal incluye las viviendas anti-tsunami, un ingenio digno de revista. Visitando Dichato, una de las localidades más afectadas por el pasado tsunami, las encontré en el borde reconstruido, son palafitos, un piso libre sin aparente uso y de ¡acero galvanizado!, es decir, una materialidad que requerirá una alta mantención por parte de sus moradores que seguro conocen que significa el aire salino, ( ¿habrá que recordar la triste historia de los edificios de acero del SERVIU en Michaihue, San Pedro de la Paz?) , no hay que ser muy inteligente para suponer que ante la fuerza del tsunami nada tienen que hacer esos refugios por lo liviano de sus estructuras, literalmente volarán, una genialidad.

Me parece que hay en la desesperación de mostrar resultados por una parte, la despótica presión de grupos políticos por otra, y finalmente la poca cooperación del habitante costero quién no entiende el riesgo que corre, una complicidad, un juego de ruleta rusa, porque entre todos hemos optado por esconder la cabeza en la arena, esperando confiados que pase el peligro.

La reconstrucción es hoy una formidable herramienta política, el speech político ya lo tiene considerado en su estructura, y se escucha de lo más sugerente, hay un verdadero pontificado sobre esta tarea, pero hay que ser realista, hemos destruido muy inconscientemente defensas costeras naturales, en algunos casos como en la costa de la octava región, las dunas, hoy poblaciones, hemos actuado irresponsablemente en los poblamientos, y no tenemos la fuerza para regular las actividades costeras, entonces no me parece que sea una mala cosa que los políticos festinen con el tema, al fin y al cabo, como decía Herbert Spencer, “Nuestras vidas son abreviadas universalmente por la ignorancia”.