jueves, 29 de junio de 2017

¿Refundar?






Una idea solapada pero que está presente en la lucha política de la contingencia es la idea de refundar, es decir volver a fundar, hacer todo de nuevo, olvidarse de lo viejo y levantar otras estructuras territoriales, sociales, económicas y quizás también ambientales en un solo acto, un acto de creación inicial, un nuevo génesis. Pienso que esa idea o intención apenas cubierta con algo de ropaje para no mostrarse en toda su desnudez se transforma en un mensaje subliminal , poderoso y continuo que sigue vibrando en baja frecuencia una vez que se han bajado las banderas en las concentraciones de adictos políticos , el adicto se queda pensando en refundar, ¿acaso no está todo esto muy mal?, ¿qué esperamos…? ¡a refundar se ha dicho!.

En perspectiva, algunas de las apuestas políticas que procuran la refundación se basan en caricaturas de la compleja realidad económica-social, caricaturas que muestran el sesgo de quien las diseña y las proclama para su consumo masivo. La crítica más recurrente es que no avanzamos o inclusive retrocedemos con las estructuras existentes, pero si nos detenemos un momento, si evaluamos correctamente lo que vemos en la realidad y sin apegos ideológicos conservadores ni nada por el estilo, es que avanzamos, lo hacemos a gatillazos, con duras caídas y experiencias extremas que involucran injusticias, abusos y todo tipo de desastres, pero aún así avanzamos, esto es un proceso.

Para algunos especímenes políticos refundar es una obsesión, sienten que en ello pueden alcanzar su propio mesianismo también oculto en sus discursos, se sienten guías inspirados, probablemente porque creen tener en su intelecto una visión y una misión tan pre-clara como para entender la totalidad del fenómeno económico –social y cultural, y consecuente pueden proceder sin anestesia a quitar estructuras que la sociedad ha sedimentado durante largos y complejos períodos de ajuste y negociación. La propuesta de reemplazo es bastante chapucera, sin creatividad, ni siquiera con un poco de decorado de pantalla, es la obra del tinterillo que no entiende el fondo del asunto. Además de un juego tipo ruleta rusa, pienso que hay aquí una curiosa mezcla de utopía y melodrama.

Es una utopía porque a pesar de que hay discursos intelectuales de cierto peso que muestran que otro mundo es posible y deseable, en la realidad nadie ha logrado articular en su totalidad el cambio social como un camino viable enteramente nuevo, en un acto y obviando el pasado, y que además respete los derechos y esfuerzos de todos y cada uno de los agentes sociales involucrados, y sin caer además de lleno en la revolución y el totalitarismo, es una utopía. Tengo la sospecha además que al refundar una sociedad estaremos muy comprometidos en un melodrama, todos, en el ejercicio de refundar estructuras y funcionamiento de todo el cuerpo social, no todas las estructuras caen sin más, se resisten y en su resistencia hay ruidos y chillidos insoportables para los que aún piensan que hay valores involucrados, al menos los simbólicos y/o patrimoniales, debido a que las estructuras al fin y al cabo mueren. Si no tenemos memoria para recordar refundaciones recientes deberíamos estudiar las dictaduras latinoamericanas, de ese modo podemos tener alguna idea de que se trata el tema, podría ayudar también ver con sentido crítico la película “El huevo de la serpiente” , un film de los años 70 que ilustra magistralmente el sórdido ambiente de la Alemania antes de entrar de pleno con el nazismo , el drama va acompañado de música de duelo y de triunfo al mismo tiempo, es un melodrama.

Al parecer como latinoamericanos tenemos licencia para volver a repetir una y otra vez las experiencias pasadas, a repetir experimentos fallidos, dulces ideas que se volvieron amargas, el axioma de la historia dice que estamos condenados a repetir los mismos fracasos, no lo repetiremos por nosotros que nos hemos enterados del porqué ocurrieron, sino que por culpa de aquellos que no se enteraron y no les importa.

Si pensamos bien el tema, ¿por qué se quiere refundar?, quizás se diga que es porque queremos mejorar, ser más justos, pero para ello no necesitamos destruirlo todo, lo que necesitamos es reparar, arreglar, mejorar creativamente, y probablemente ese es el tema, ser creativos, y probablemente eliminar y reemplazar partes sobre la base de buenos diagnósticos, no los que nos dicen al oído colectivos interesados. Gran parte de los avances que han realizado pueblos más prósperos y más ordenados que nosotros se generan, maduran y prosperan a través de procesos de participación y en paz social, y además se construyen sobre la base del respeto a los derechos del otro, ¿por qué no podemos lograrlo nosotros?, la refundación puede ser una ilusión que se paga muy cara, en otros contextos la llamaríamos estafa, porque sin duda en un hipotético futuro pediremos los beneficios de la refundación y no estarán, al fin del día querer refundar sobre la base de imponer a otros un cuento, por muy elaborado que este sea, es un timo.

lunes, 5 de junio de 2017

Dirigir sociedades que no quieren ser dirigidas




Al igual que ciertos mamíferos he estado rumiando información sobre los conflictos sociales que generamos día a día en Chile y en otras urbes algo más lejanas. A diario vemos piqueteros por aquí, grupos de protestas por allá, tomas, huelgas de hambre, paralizaciones, impugnaciones de legitimidad, violencia contra grupos no mayoritarios, violencia represiva, destrucción y vandalismo por grupos de presión duros, decenas de reclamos masivos de renuncias, violencia policiaca, etc, etc.

Es verdad que en cada conflicto hay razones atendibles, aspectos de justicia no resueltos y hasta una buena actitud de aspirar a la gobernanza y decirles adiós a los corruptos, podríamos incluir cuando lo vemos como vaso medio lleno, que los acontecimientos que ocurren a diario muestran que la ciudadanía está viva y se queja y reclama ante agresiones, abusos, malos tratos y malas administraciones.

¿Pero qué hay de los tiempos para el trabajo, para la productividad y el crecimiento personal, para la convivencia social o simplemente para la paz social?, ¿podemos a aspirar a una paz social duradera, a un convivir sin pensar que hay que voltear a la autoridad como deporte nacional?, ¿ o eso se alejará cada día más?. Me parece sobre estos asuntos que estamos en un tiempo de la historia donde el principio de autoridad esta en retirada, probablemente no sólo en Chile, hay un clara tendencia al nihilismo a nivel mundial y con ello al desgobierno.

Autoridad es sinónimo de poder, por ello siempre gobernaron los más fuertes y en el caso del poder absoluto, se pensaba sumisamente que reyes y emperadores podrían tener un “permiso” celestial para gobernar, hoy esas creencias son insostenibles, junto con ir ganando derechos civiles nos hemos vueltos más y más antropocéntricos.

Sin embargo, tampoco hay que buscar mucho en el panorama actual para visualizar autoridades generadas a partir del caudillo más fuerte, del más cruel, del que hace trampas, del más temido por su capacidad de dominio e incluso se puede ver rutinariamente en sociedades latinoamericanas y en otras más avanzadas, que la autoridad está en manos de la casta más educada y/o más instruida que el resto del pueblo, y por ello también muchas veces más rica.

Pero hoy en la era de la información, podría decirse en simple que por estos lados quien gana la autoridad lo hace a través de una campaña política más un grupo de promesas de gestión, es decir, ya no hay ninguna condición especial rodeando la autoridad a pesar de los esfuerzos protocolares y de propaganda, es más, cualquier figurita que tenga más exposición en los medio tiene mejor chance que otros a ser elegido como autoridad, aunque constatemos con cierto desasosiego que pueden faltar los dos dedos de frente de rigor. http://ayudandoaconstruirchile.blogspot.cl/2015/03/dos-dedos-de-frente-como-minimo.html

Con todo lo anterior, tengo la sensación que hemos llegado a otro punto, un punto en la historia en que muchos no quieren ser gobernados, no se acepta a que otro, un “igual” nos dirija, nos fije normas o diseñe el destino colectivo, así constatamos que el primer rechazo y el más evidente viene del sector político contrario, de ese modo, al menos en las supuestas democracias reales un porcentaje cercano al 50 % no quiere esa autoridad y desea que se vaya, no hay “marcha blanca” real ni veranito de San Juan, al otro día de asumida la pérdida eleccionaria se hacen planes para torpedear duro y ojalá bajo la línea de flotación, de allí que se ha hecho ritual la frase “ soy el o la presidente/a de todos los chilenos, franceses o los que sea.

No queremos ser gobernados por otro “igual” porque entre “los iguales” nos conocemos, sabemos de nuestras fortalezas y debilidades y eso nos hace sospechar de las virtudes de ese personaje que esta allá en el poder, se mira con recelo a quien alcanzó y ostenta la autoridad. Lo ridículo del caso es que muchos quienes aspiran a cargos de autoridad por elección popular buscan por medio de la propaganda hacernos presente que se trata de un “igual”, de alguien que también tiene nuestros problemas, que sufre nuestras frustraciones y entiende nuestros agobios , en algunos casos nos cuentan de sus familias y nos hacen presente su lado humano, así tratan de evitar presentarse como alguien que tiene otra visión, otras cualidades y/o capacidades diferenciadoras, o lo que podría ser mejor, que han alcanzado un mayor expertizaje sobre temas políticos y de gobierno que cualquier otro hijo de vecino, quizás si así lo hicieran, tampoco resultaría porque se transformarían de inmediato en presa del chaqueteo o manejo estratégico de la envidia, esa malévola compañera que cargamos donde vamos.

Es constatable que la autoridad se ha vuelto algo enclenque, quizás para dar paso a la gobernanza que muchos ven como un fin y no como un medio, desde mi óptica veo más y más nihilismo por lo que las sociedades como la nuestra tenderán a desencajarse, a desestructurarse y con ello a bajar su nivel de resultados en todos los ámbitos, por ejemplo en el ámbito económico que es muy sensible y que requiere orden, si esa falta de orden, de guía, se hace más patológica, es evidente que muchos sufrirán las consecuencias del andar de un organismo social que no sabe a dónde va y que es disfuncional, especialmente la pasarán mal los más carenciados por una razón casi natural.

Finalmente queda la incertidumbre, hay una tendencia social a no querer ser gobernados, a no aceptar a nadie que nos rija o nos mande, parece ser algo propio de nuestros tiempos y que probablemente sea irreversible, entonces, más que en gobernantes, mandatarios o mandatarias habrá que pensar en construir más y mejores reglas de convivencia, unas reglas de oro que debería partir por proteger ante todo evento la vida, si no lo hacemos y lo aceptamos en forma unánime estamos todos fritos, y a la cabeza, allí en cumbre como autoridad, postular figuras que nos hayan aportados a todos como emblemas de unidad y de humanidad, de modo que el nihilismo que crece como la mala hierba no nos destruya.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Titanes del Ring







Uno de los recuerdos que atesoro de mi niñez y temprana juventud fue un programa de televisión llamado “titanes del Ring”, en esa púber visión en blanco y negro de un televisor Bolocco casi me creía que “La Momia” era indestructible, y que habían buenos y malos, luchadores con valores y antivalores, entre estos últimos había un personaje que era pifiado desde que hacía su aparición hasta que se retiraba del ring, un personaje único, Inca Toro. Inca Toro era el luchador que no respetaba las reglas, metía los dedos en los ojos, maltrataba a los otros cuando estaban en las cuerdas y atacaba por atrás cuando sus rivales no estaban atentos, o malheridos y protegidos por el juez, en síntesis, un personaje indeseable, digo un personaje, porque ese luchador - actor es entrañable, un gran recuerdo para él.

El tema es que Inca Toro cuando se encontraba en desventaja hacía uso de todas las protecciones que le daban las reglas de la lucha, apenas alcanzaba con un dedo una de las cuerdas del ring pedía que dejaran de golpearlo exigiendo sus derechos, lo mismo era recurrente si alguien actuaba en contra suya y él no estaba el condiciones de luchar.

La caricatura que presentaba Inca Toro era notable, porque dejaba en evidencia una actitud reprochable, pido que me respeten pero no respeto a otros, es decir, quebraba a propósito, y entiendo con fines educativos, la antigua premisa : “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”.

En la realidad nacional, chilena, esto se ve día a día, vemos a personas y grupos que gritan amenazadoramente sus derechos en la cara de los otros, en algunos casos se nos remueve de las esforzadas rutinas diarias y nos causan todo tipo de perjuicios a propósito, por ejemplo cuando se toman una calle y se encienden neumáticos en la única vía que existe para llegar al trabajo o las obligaciones de ese día, causando de paso estresante momentos para las emergencias de bomberos, ambulancias y otros, entonces sufrimos tiempos de espera, desazón y hasta una sensación de desprotección.

Se puede constatar con tristeza que como producto de ese tipo de actitudes, aquella que asume un colectivo que nos exige “sus derechos”, muchas personas humildes sufren lo indecible, porque simplemente se les asigna la función de niño de castigo,(- aquel niño que sufre por las diablura que hace otro niño que es el futuro rey-) y les dan duro, los maltratan , y vuelcan en esas pobres personas que no tienen otras alternativas de atención, toda la fuerza e intolerancia que pueden ejercer en pos de sus demandas.

Nos hemos vuelto como sociedad muy sensible respecto a nuestros derechos, en parte porque el abuso ha estado suelto haciendo de las suyas durante mucho tiempo, sin tener una correa de sujeción o estar bajo control, a veces parece que todos abusan de nosotros, se siente en la piel esa pesada idea de ser la vaca lechera, y se instala en nosotros una sensación de ser abusado que quizás sea similar a la que siente ese noble mamífero.

No deseo caer en los estériles debates de tipo ideológico, pero tratar este tema bajo una ponderada visión de aporte no deja de ser un desafío, lo cierto es que las ideologías han introducido el discurso de derechos en los ciudadanos, lo cual no es cuestionable, lo cuestionable es que se olvidaron de los deberes, porque en síntesis los derechos de alguien son más o menos los deberes de otros, no es que se los exijan a los dioses, entonces la situación se vuelve una atmósfera enrarecida en que se pierde de vista el equilibrio moral y ético de dar para recibir.

Volviendo a Inca Toro, veo Inca Toros por todos lados, a veces nos agobian porque levantan sus discursos en cualquier parte, en medio de lugares donde no tienen derechos porque allí está el derecho de todos como las vías públicas, sin embargo muchos de los que sufren se quedan mirando como espectadores vacíos, como seres sin alma que se sienten de algún modo culpables de las vicerales palabrotas que otros les gritan en la cara, en algunos casos extremos para que esa “rica sociedad injusta” y abstracta que existe en algún lugar les subvencione la vida.

Tal como vamos las exigencias de los derechos se irá radicalizando, y la impunidad ante ciertos hechos basado en este tipo de cuestiones irá “ in crescendo”, me recuerda aquel arrendatario “informado” que sabe que puede vivir sin pagar durante un tiempo porque su arrendador no lo podrá sacar de inmediato, tiene “derechos” de ocupación que el propietario perdió.

Hay mucho sobre este tema, al final del día pienso que el camino se está llenando de restricciones ganadas al fragor de la “lucha” por derechos de toda índole, aparecerán entonces exclusiones tales como “téngase presente”, “cuidado”, “no pasar por aquí”, “aléjese”, “ camino privado”, “manténgase alejado tres metros”, “por aquí no”, “lo estamos grabando”, etc, etc, así, caminar a futuro será toda una proeza porque si se pierde la concentración por un segundo, seguramente se tocarán los derechos de alguien y tal error se judicializará, negocio redondo para los abogados y un mundillo de conflictos para todos.

Pienso que todo esto es producto de una sola actitud, no nos respetamos, ni siquiera se piensa que al ejercer un derecho se pueden vulnerar los derechos de los otros, simplemente se actúa desde la óptica personal, egoísta, quizás de tribu como en el caso de ciertos colectivos que como un cíclope solo ven con un ojo, una discapacidad que lamentablemente entrenaron para ver sólo “sus derechos”, pero no en la perspectiva del bien común.

Mirando reflexivamente el panorama nacional tengo la sensación que hay una tendencia al desequilibrio en el tema de los derechos, y probablemente no se pueda equilibrar la hipotética ecuación de derechos y deberes nunca más, en parte porque siempre existirá la justificación de “oídos sordos” de un “alguien” que toma decisiones, pero en gran parte porque habría que levantar potentes discursos en el tema de los deberes y quizás obligaciones y eso suena feo, no es rentable, no tiene los mismos créditos que “luchar por los derechos” y claramente es menos efectista que los llamados “derechos ganados”, porque los “deberes ganados” no existen, nadie quiere que le arruinen la fiesta, aquella borrachera carnavalesca de “derechos” en que participamos todos con gorritos, cotillón, bombos y platillos.

martes, 9 de mayo de 2017

“Esperador profesional”





Me ha pasado muchas veces y hasta hice un artículo vinculado a este tema, “Apáticos”, cuando reflexiono sobre él, cada vez lo veo más crítico, puede explicarse en parte por el hecho que me hago más viejo y mi tiempo se hace más valioso, se trata de algo así como: “non pescatum est”, es decir, no te pescan, aquel funcionario que debe atenderte no lo hace, no te ve o simplemente no eres lo suficientemente importante para darse una molestia, debes esperar.

Sentado en una sala de espera tengo en mi mano un número, hace rato que lo tengo y empiezo a hacer una bolita de papel con él, al frente, una batería de puestos de atención separadas por tabiques bajos de vidrio y un mesón largo, veo cinco personas, una de ellas atiende cada doce o quince minutos un cliente, se trata de una señora de edad, con lentes y pelo cano, al lado, un joven ordena incansablemente papeles desde que llegué, luego otra dama, bastante más joven atiende más o menos una persona cada doce minutos, pero luego demora otros doce minutos en llamar otro cliente, en el lugar siguiente, otro funcionario algo más joven que la señora que atiende en el primer puesto, pero que no ha llamado a nadie, y se ha levantado una seis veces de su asiento, finalmente una joven mujer de pelo rubio o similar en la esquina conversa y conversa con un funcionario, la veo reírse y ponerse seria, hay algo entre manos.

El caso es que pasa y pasa el tiempo y el contador electrónico que indica el número siguiente no se mueve, el tiempo se ha ralentizado aquí, ya he probado varios intentos para matar el tiempo, vi facebook, revisé mis correos, me rasqué la cabeza, controlé mi respiración y saqué cuentas, también hice unas tres llamadas.

He intentado mirar fijo al hombre de mediana edad del puesto cuatro y nada, no hay reacción, no tengo poderes mentales, ya lo he comprobado también con la joven dama ¿rubia? del último puesto. El caso es que llevo aquí sentado una eternidad, podría haber tomado una siesta o quizás haber aprendido a tocar guitarra, uno de mis deseos ocultos. Tal como vamos, quizás una clase de chino mandarín vendría bien.

¿Quién supervisa esta gente?, ¿cómo es posible que una sola persona atienda normalmente, una de cinco?, miro mis vecinos, unas 15 personas pero no hay un solo atisbo de reclamo, están como en un estado de sopor, resignados, al parecer tienen un entrenamiento que yo no tengo porque empiezo a desesperarme a pesar de mi experiencia en estas jornadas, las he tenido anteriormente, similares o peores, esta es una práctica normal en muchas oficinas públicas y privadas.

Si agregamos a esto que cada uno de nosotros, los “esperadores”, tomamos el tiempo que nos dé la gana cuando nos corresponda el turno de atención, la situación de espera se puede tornar en una tortura, una prueba a los límites de la tolerancia humana. Esto se puede observar sobre todo cuando se desea hacer un reclamo, porque para contratar algo la situación normalmente cambia, todo es más rápido.

Quizás haya que hacer trabajo de “back office”, pero el problema que ese trabajo debería ser realizado fuera de los horarios de atención al público, quizás cada cliente es un caso y los niveles de stress de los funcionarios lleguen a límites peligrosos y haya que parar un rato, pero en ese caso el funcionario debería salir a desestresarse afuera, o quizás alguna persona no ha sido contratada para atender público, no tiene las competencias, pero en ese caso no debería estar allí como una posibilidad, una potencial oferta de atención, por otra parte, ¿no sería una buena idea colocar un reloj de arena para medir un tiempo visible para todos?, una medida así ayudaría a entender que el tiempo es limitado no sólo para quien espera, también para quien recibe la atención, obligaría a sintetizar lo que se quiere, ¿no sería eso una señal de respeto para todos?. Esto es muy similar a aquel usuario de un cajero automático que no sabe, no entiende, no ve o no acepta que no tiene dinero en su cuenta y se queda atascado allí una eternidad.

Una opción es llevar un letrero que diga a grandes caracteres, digamos una arial 200, “respéteme por favor”, no me violente, porque si lo pensamos fríamente estas prácticas son una forma de violentarnos, se nos suben los indicadores que miden la temperatura de la sangre, nos enervamos, pero como buenos chilenos no decimos nada, nos quedamos en silencio esperando que el maldito contador avance un número.

Falta aquí una política, una ley escrita en la mente de todos nosotros que nos obligue so pena de que se nos escriba en el carnet de identidad el título de “zopenco”, se trata de hacer un esfuerzo colectivo para agilizar las cosas, de preocuparnos de dar una buena atención, continua, sin baches pero sobre todo en marcos de tiempos adecuados, hoy el tiempo no es oro, es vida. He dicho.


lunes, 8 de mayo de 2017

La Grieta




Escuchaba con atención un comentario de Tomás Mosciatti en la televisión y una de las ideas que expuso me dejó pensando por un largo rato, la idea es en realidad del periodista argentino Jorge Lanata, un conocido crítico de los Kirchner y considerado un sagaz expositor de la realidad de su país, la idea es la Grieta.

Sucede que en todas las sociedades, especialmente en la latinoamericana existe de facto una grieta, una separación profunda en la forma de concebir la vida social, económica y política del país entre dos sectores, es decir son bordes opuestos, en algunos casos la grieta es tan profunda que es imposible siquiera sugerir un puente, el caso Venezuela.

A veces nos engañamos nosotros mismos y pensamos que en las sociedades más avanzadas la grieta es muy fina, una suerte de fisura apenas notoria, pero en realidad hay también en esas sociedades una grieta profunda, lo demostró la elección de Trump en los Estados Unidos, y ha quedado clara en las últimas elecciones en la vieja Europa.

La grieta se puede visualizar en cualquier encuentro en que se invite a “dialogar” a políticos representativos de ambos lados de la grieta, es un diálogo de sordos, nadie se da la más mínima oportunidad de escuchar al otro, simplemente se repite un mantra una y otra vez hasta que termina el programa. Lo extraordinario del caso es que posterior al encuentro normalmente se dan la mano y posiblemente terminen tomando un café en los pasillos de la estación televisora o la radio y hablen de sus hijos, nietos o las próximas vacaciones, en el fondo son actores.

La grieta no sólo se encuentra al interior de las sociedades, sino que entre ellas. Los frágiles puentes que aún nos mantienen vivos en un mundo que puede ser potencialmente destruido varias veces, nos grafican el horror de lo que esto significa, cada día las grietas locales y globales se hacen más profundas y distantes en sus lados, tendiendo a distanciarse y profundizarse tanto que llega un tiempo de desconocimiento entre hermanos y paisanos, un tiempo de distancias y alineación.

Pienso que los discursos que construyen y profundizan la grieta son producto de una abstracción brutal de lo que las sociedades son, y han sido, porque el fenómeno no es nuevo, están basados en unas construcciones intelectuales de personas y grupos que fueron o son incapaces de comprender las variables que juegan en el mundo real, es decir son caricaturas del mundo real.

La grieta en nuestro país tiene a profundizarse, Mosciatti instigó a un sector en particular en su programa, pero en rigor la grieta se construye a partir de la separación en direcciones opuestas, con igual fuerza, con igual tendencia a demonizar al sector contrario. La grieta es peligrosa para la convivencia pacífica colectiva porque no es una cuestión estática como puede desprenderse de la figura que postula Lanata, al abrirse más y más libera ventarrones de odio que tienden a convertirse en tempestades, y luego en noches oscuras donde aparece toda la miseria humana.

No sé cómo se puede hacer pensar a quienes lideran esas fuerzas disociadoras de la sociedad que generan las grietas, esos trabajadores (muchas veces pagados por nosotros) están tan ocupados entrenándose en discursos pre-formateados que repiten en cacofonías interminables, parece imposible que puedan aprender algo nuevo y desaprender, en especial esto último, desaprender, al fin y al cabo actuamos como lo hacemos porque aprendemos a hacerlo así, a pensar de determinado modo porque otros nos lo hacen ver así, así lo aprendemos y así creemos que es la compleja realidad, un absurdo. Ante la remota posibilidad de desaprender, ¿quién lo puede hacer?, ¿quién puede ver de improviso campos perfumados de vida donde otros sólo ven campos yermos y hedor?.

jueves, 4 de mayo de 2017

Prisioneros de la demagogia



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Pensé colocar el titulo de prisioneros de los demagogos, pero me di cuenta que el demagogo es sólo un practicante, un jugador, una pieza de algo más elaborado, mayor a él y en proceso continuo de mejoramiento, una disciplina, la demagogia. No sé cuantos practicantes habrá tenido la demagogia a través de los siglos, pero sin duda se trata de una creación colectiva con muchos años y es evidente que evoluciona con nosotros.

Aquella épica tarea de no seguir a ídolos, ni figuritas, ni candidatos de ninguna especie, y por lo tanto mantener cierta distancia de la acción es muy difícil, se ve una tarea titánica alcanzar alguna perspectiva sobre la efervescencia de mítines, encuentros masivos, proclamaciones, y otros eventos similares, es decir alejarse del ojo del huracán, y a veces de su propio entorno y por cierto también de la influencia solapada de las preparadas entrevistas en los medios, si tal tarea se pudiera hacer y a continuación subir la colina cercana y desde allí mirar el espectáculo, se vería en acción a los demagogos.

La miel que son capaces de producir algunos demagogos es más dulce que la que producen las abejas, porque al recorrer el aire y llegar a oídos de las personas estas saltan, se convulsionan y se sienten felices, entran en un estado de fervor porque el demagogo toca en sus seres una música celestial, algo parecido al éxtasis religioso se produce dentro de ellos.

El falso halago debe ser una arma mucho más peligrosa que una bomba termonuclear coreana, si me lo permite el españolísimo Cao de Beno, el embajador plenipotenciario de Corea de Norte para el mundo occidental, hay algo en el halago que a cualquiera lo desarma y lo entrega en bandeja a los deseos del demagogo, es un regalo que viene a llenar cuanto vericueto vacío hay en la vida, y el halago es sólo una de las muchas armas con que la demagogia ha dotado al demagogo.

¡Estamos en esto junto! … es otra de esas cuestiones que cuanto te lo dicen, sientes que tienes un ejército detrás que viene a dar fuerza a tus cansados músculos y te sientes otra persona, alguien que tiene donde apoyarse aunque esas fuerzas sean en realidad pura espuma, nada en absoluto, una corriente de aire que impulso el demagogo desde su boca en dirección tuya.

¡Tus derechos!,¿ tus derechos?, esa idea sí que es un multivitaminico, dicho con energía y sobre todo desde el palco oficial, da la sensación de ser una brisa que llega aún más cálida hasta la última galería donde se acomoda a duras penas tu ser, tu pobre ser, entonces no importa nada, sientes una satisfacción de contar con el mejor abogado, alguien conoce tus derechos y los ha proclamado para que se sepa, para que aquellos que no te los respetan sientan una especie de castigo que les baja desde las alturas. De deberes el demagogo no te hablará, porque es complicado, uno de tus deberes es no creer en los demagogos.

¡Nos han robado a todos!..Esa exclamación llega a tus oídos cargada de aroma justiciera que inflama el cerebro hasta el punto en que quieres salir a hacer justicia por tus propias manos, el demagogo te muestra entonces una lista de villanos, gente obscena, oscura, mafias de todo tipo que literalmente te ha dejado seco, se ha llevado tus jugos vitales, al final del discurso tienes una claridad absoluta de quienes son los culpables, entonces cualquier juicio suena a trámite innecesario, te han abierto los ojos y definitivamente eres otra persona, sientes que ya no tienes “algo”, no importa qué, sólo importa que te lo han robado.

Pienso, aunque no sentado en la colina como quisiera, que la demagogia nos tiene atrapados, somos prisioneros y probablemente seguirá peor y peor, en parte porque aloja una suerte de droga en nuestros cerebros y por ello nos hemos vuelto adictos, somos demagogo-adictos entre otras taras contemporáneas, pero hay algo más, algo que la demagogia nos ha regalado y por lo tanto no la abandonaremos aún sabiendo de sus barrotes, y es la oportunidad de canalizar nuestras frustraciones, envidias, odios y egolatría, amén de nuestra soberbia, en los discursos y por cierto en la acción posterior, ello significa entre otras linduras que esos negros sentimientos están bien alimentados y creciendo rosaditos, regordetes, nada de represiones internas, nada de crecimientos valóricos en nuestro interior, probablemente no nos queda espacio, en parte porque nos negamos a ordenar la casa.

miércoles, 26 de abril de 2017

¿Se acaba el mundo?





Hemos escuchado y visto en vivo y en directo como se desarrollan las tácticas de las grandes potencias y sus acólitos en torno a la situación de Corea del Norte, da escalofríos, hay amenazas de bombas nucleares y la palabra “nuke” se está volviendo más familiar y banal, algo así como yo te envío mi bomba y tú me envías la tuya, por vía aérea por supuesto, porque por mar demoraría mucho.

Pero no sólo eso asusta, esta la amenaza química y la biológica esperando, sus encargados están quizás con las puertas abiertas en sus laboratorios y en turnos continuos, consiguiendo sus horas extras del mes. Me imagino que esto es la fiesta para los estrategas militares, visires y un cuánto hay de asesores de cabecera, hasta aquellos más enfermos deben estar convocados por todos lados.

¿Quién se acercará primero a Corea del Norte?, ¿será China?, serán los Norteamericanos esperando que les funcione la táctica desarrollada en Iraq?, es decir que resulte fácil convencer a la población de aliarse a ellos, ¿y los Rusos?, ¿ no están ellos interesados en golpear la mesa también?, ¿y los aliados?, se verá en esta si eres mi amigo o mi enemigo,esto también es una prueba de hermandad de sangre, o será la misma Corea del Norte la primera en dar el golpe, total quien golpea primero golpea dos veces dice el dicho…claro, eso si alcanza a hacerlo.

Triste realidad la de estos tiempos, todos están armados hasta los dientes, los desarrollos tecnológicos de los últimos 70 años nos han aliviado la vida, pero también han invitado a estar en la sala de espera a la muerte en su versión masiva como nunca antes, a nivel global, todos se están mostrando los dientes, no sólo son los fundamentalismos los que chocan entre ellos y el “mundo libre”, sino que los carbones de la guerra fría se han encendido nuevamente, casi se ven las llamas en algunas partes.

Me imagino el terror de vivir en algunos países, quizás esperando que esto se diluya y finalmente no haya nada, pero desde una perspectiva pesimista eso es sólo un alargue del juego, pasará en algún momento, la hora fatal llegará y quizás nos envuelva a todos.

Tampoco hay que ir tan lejos, aquí en el barrio nosotros no nos amamos con nuestros vecinos, en nuestra versión algún día nos atacarán y por eso nos armamos, he escuchado que ellos, Peruanos, Bolivianos y Argentinos piensan lo mismo. Recientemente unos periodistas argentinos se preguntaban ¿para que se arma tanto Argentina?, con un presupuesto multimillonario “renovará material”, difícil pensar que se arriesgará nuevamente con Inglaterra, entonces quizás esté pensando probarlo con nosotros, total, todo el mundo se arma, todos juegan a construir sus “hipótesis de guerra”.

Al final todo es tan banal, la banalidad con la cual se trabaja construyendo armas letales en horarios de oficina, es la misma con la cual el gordo funcionario gringo comiendo su sándwich de hamburguesa de ternera de Tennessee, y bebiendo Coca-Cola light por problemas de pre-diabetes, dispara desde un “dron” y mata al líder talibán y todos sus secuaces, los mismos que acaban de matar unos cuantos enemigos unas horas antes.

La inteligencia de la cual hemos sido dotados también cubre esa parte oscura de nosotros, al fin y al cabo tenemos algo de Caín, de asesinos, y aunque nos hemos dotados de marcos constitucionales-jurídicos-legales para evitar que nos matemos a mansalva, hemos dejado la guerra para esos menesteres, la estudiamos, planificamos y hacemos lo posible por mantenerla viva, encendida en muchas partes del globo como un fuego primordial que no debe apagarse nuca, porque allí matamos y nos matan en un concierto que no acabará mientras viva el último humano.

Soñar un mundo mejor parece una utopía, porque al interior de nuestras sociedades el odio atrincherado entre izquierdas y derechas, o entre fanáticos de todo tipo de "verdades" y entre facciones de dominio que se encuentra allí donde estemos nos ponen en alerta, en realidad no tenemos paz, quizás ni siquiera la conocemos a pesar que tanto se habla de ella, muy probablemente es otro invento, otro “concepto” sin realidad de nuestras afiebradas mentes.

Esperemos para esta oportunidad que los “comités de emergencias” estén constituidos por algunas “palomas” y no tantas “águilas”, para que no veamos en una escala global, en una magnitud genocida épica la brutalidad de la guerra, aquella mala cosa que vemos fragmentada por muchas partes del mundo en los noticieros de la noche.