viernes, 18 de agosto de 2017

Ojo al charqui



Imagen captada de :https://cl.pinterest.com/pin/376472850084378667/

De vez en cuando salen a la luz asuntos que ocurren en la parte oculta de la administración del estado, asuntos como manejos que nadie conocía, formas de operar y de obtener abultados beneficios frente a los escasos o “normalitos” de la generalidad, o la entrega “generosa” de recursos que se supone escasean, y también de vez en cuando salen a la luz la presencia de “descuidos” que permiten la “desaparición” de otros tipos de recursos que se supone están a buen recaudo.

Entre esos hechos que inesperadamente se revelan destaca la existencia de “pozos mágicos”, fuentes de recursos de las cuales muchos beben durante años, ello en forma abusiva, en completa oscuridad y circundados por un entorno de silencio. Los casos más conocidos son los llamados jubilazos y otros bonos por “retiros”, no sabemos cuántos de esos “pozos mágicos“ existen y están en “explotación”, además tenemos una capacidad limitada para visualizar en profundidad aquellos que se descubren, en parte por la calidad de la información, unos retazos que proviene probablemente de alguna investigación periodística del noticiario de la noche, a veces aparecen otros hechos, o mejor dicho se “alumbran” otros hechos, entre otros “incidentes” por la casual detección de algún organismo no comprometido con aquel trabajo oscuro o quizás la simple denuncia de alguien que también quería los beneficios y no los tuvo, por lo tanto se rompe el silencio y algo conocemos.

En materia de “descuidos” millonarios” , a veces pensamos que se superaron algunas metidas de pata o hechos delictuales como el conocido “Davilazo” , pero el año 2014 se denunció que la empresa estatal Codelco ( Emol 01/06/2014) habría perdido unos 4.700 millones de dólares por fallas del mismo tipo, o algo que parece increíble, o derechamente insano y de muy mal manejo en la seguridad, la pérdida de ¡cuatro mil toneladas de concentrados de cobre!, hecho denunciado por CIPER el 26 de octubre del 2016.

Un escenario reciente es el que se conoció con motivo de los incendios forestales y sus desastrosas consecuencias, allí tuvimos conocimiento de millonarias transacciones que involucraban al estado, tanto para el incentivo de las plantaciones como para la prevención y reacción en caso de incendio, se reveló de improviso un universo de situaciones anómalas, relaciones y manejos oscuros que nos enteramos con sorpresa e inicial incredulidad , en parte la oscuridad se “alumbró” gracias a la denuncia de un reportaje , el llamado “ cartel de fuego” (Ciper 2017)allí tomamos conocimiento entre otros de millonarios contratos que quizás no sean necesarios, sobrepagos, evaluaciones poco rigurosas, y probablemente todas anteriores.

Al día de hoy, cuando escribo estos textos, podemos apostar pero no sabemos quién alcanzará la presidencia en la próximas elecciones, el hecho es importante, mucho de la sociedad se juega en estas ruletas y puede que haya o no suerte, pero parece importante también y por el bien del país, no importa que conglomerado llegue a palacio y nos gobierne, que los convenzamos antes de ser gobierno de la necesidad de ser más eficientes en el manejo de los recursos que se disponen, sin duda esos recursos en un mundo convulso, lleno de incertezas y buitres deben ser bien resguardados y manejados, pienso que ellos podrían escuchar, quizás sueño despierto.

Me he preguntado sobre este panorama, ¿qué se puede hacer?, si en todos los casos conocidos los fiscalizadores, controladores y mecanismos de regulación no funcionaron, los procedimientos que el estado ha diseñado no sirvieron, entonces , ¿qué podemos hacer desde afuera?, por otra parte, los ciudadanos y ciudadanas que ponen el grito en el cielo luego del “destape” de algunos de esos hechos , callan para siempre porque “resetean” su memoria para dejar espacio para el partido de futbol, o se vuelve vapor de agua todo el asunto ante el chiste del cómico de tv que banaliza los hechos, mala actitud, pero probablemente todos tendemos a poner en “amnésico” el piloto automático del día a día.

No es un asunto fácil plantear ideas de solución a este problema u otros similares, pero se me ocurre a partir del hecho que el estado se dirige por “representantes” de los ciudadanos, pero no por los ciudadanos mismos, que se puede delinear una idea que los involucre, propongo la formación de un grupo que podría denominarse “revisión ciudadana”, ciudadanos a pie que pongan “ojo al charqui”, probablemente a partir de varios registros de consultores especializados y multidisciplinares, un grupo así podría actuar como un comité revisor de cuentas, un revisor integral, y operar protegido por alguna legislación especial que permita hacer un trabajo serio y en una convocatoria similar a los jurados norteamericanos, es decir un día llega una comunicación al domicilio para constituirse en revisión a algún organismo del estado y listo, una obligación, es decir mediante una tómbola y el azar se deberían revisar los organismos a fondo en un período también desconocido, el sentido común aconseja no menor a unos tres años.

Pensando sobre este tema, me doy cuenta que es fácil diagnosticar, estamos llenos de diagnósticos, pero plantear soluciones es cosa seria, difícil, se requiere algo de creatividad, pero una idea fresca puede aparecer después de darle vueltas y vueltas al asunto.

viernes, 4 de agosto de 2017

Empatía por el dolor ajeno.




Imagen tomada de https://lamenteesmaravillosa.com

Hace poco me enteré el triste caso de una pequeña niña que fue llevada a la fuerza al SENAME pese a la férrea oposición de uno de los padres, y sobre todo, lo más espectacular, la oposición de los vecinos quienes reaccionaron en forma organizada para evitar la medida, sin embargo nada cambió el curso de los hechos, la niña terminó en manos de ese organismo. Paralelo a eso, también supe del caso de otra menor que fue adoptada en circunstancias más o menos oscuras.

A estas alturas del destape de los casos del SENAME, esa sigla suena triste, simboliza una parte oscura en el funcionamiento de los organismos estatales, y en nuestros pensamientos se comienza a construir un sórdido vínculo de ese servicio con la muerte y el sufrimiento de inocentes. Hasta donde es de conocimiento público se sabe que unas 1313 personas, mayoritariamente niños de varias edades y adultos jóvenes han fallecido en un período de 11 años, una brutalidad, algo que cuesta dimensionar, con pensarlo reflexivamente se nos da vuelta la cabeza, y viendo la indefensión de las victimas viene un sabor amargo y una suerte de “ irse a Black”, además de una extraña sensación de impotencia, esa desagradable sensación de trágica contención que se viene incrementando por este y otros casos.

Pueden haber muchas explicaciones para los hechos y con ello se entiende el difícil papel de los funcionarios, recuerdo entre otros las veces que mis hijos nos han hecho correr desesperados en pos de atención médica e imagino esas pobres criaturas libradas a su suerte, y aún cuando el personal puede tener las mejores intenciones, la falta de sistemas de salud asociados y de rápida respuesta pudo haber hecho la diferencia, también podemos encontrar la presencia de enfermedades descuidadas por años, las bajas defensas, los accidentes, en fin , todo tipo de circunstancias limitantes que ocurren cuando se trabaja con la pobreza y la precariedad.

Veo con desazón el escenario nacional, y aunque hay que reconocer el heroísmo de un parlamentario, no veo que las figuras públicas que ante otros casos rasgan vestiduras se comporten a la altura de las circunstancias, se aprecia un silencio de hielo. Los medios de información masiva que festinan con la farándula, el perro cholito y los goles de Alexis Sánchez entraron en un absurdo lapsus, no logran capturar la dimensión de los hechos, parecen dormidos, quizás estamos todos semi-aturdidos por tanta información de muerte y destrucción a nivel global que ya nuestras capacidades de resiliencia simplemente se agotaron, o peor aún, podríamos estar migrando a hombres sin alma, a una aglomeración de seres automatizados y programados para fines específicos, sin la más ligera empatía por el dolor ajeno.

Tengo la sensación que este debe ser un caso prioritario de abordar y solucionar, y no sé si el proyecto de ley y la reorganización propuesta podrán mejorar la atención y manejo de esta realidad, quizás ese no sea el problema, viendo en perspectiva, una vez más le cargamos la culpa a los sistemas, a las estructuras, a las formas, pero en realidad lo que pasa son más bien fallas humanas, es el piloto el que está destruyendo los aviones, son las personas que fallan.

El problema golpea al estado y a todos nosotros, pero su génesis es más profunda, y es verdad que hay contextos complicados, no es posible negar que encontramos fundamentos en las problemáticas sociales endémicas del país, también en las responsabilidades colectivas y es claro que en la ineficiencia de los organismos del estado, pero también hay que dejar en evidencia las responsabilidades individuales, esa es la génesis, la carencia de amor y cuidado natural de la prole acogida en un hogar y su protección a todo evento, aún contra el estado, ese medioambiente humano que viene desde la noche de los tiempos y que nada alternativo puede reemplazar o sustituir, es la carencia fundamental en este y otros casos, en él , todos los actores tienen un papel, un rol que no es posible obviar ni soslayar porque son la base de todos los pilares fundamentales de esta y todas las sociedades humanas . En el caso de la pequeña niña con la cual comienza este artículo, falla el estado, y falla al no ver que arranca a una criatura de su hogar donde debe estar protegida para entregarla a un sustituto de su factura, al fin de cuenta algunas acciones pensadas y diseñadas en los escritorios de algunos burócratas, hacen un tipo de daño difícil de dimensionar.

Por otra parte, estas prácticas tan generalizadas de organización del estado que crea organismos nacionales gigantes, y además de competencia en todo el territorio, quizás no sean praxis recomendables para áreas tan sensibles, tan vinculadas a aspectos humanitarios y sociológicos cercanos, locales, quizás la solución sea más bien regional o local, porque cada comunidad es diferente, cada grupo humano puede aportar soluciones en la medida que puede visualizar su propia realidad y comprometerse de acuerdo a sus capacidades, en ese contexto, quizás sea hora de intentar regionalizar de buena fe.

martes, 18 de julio de 2017

Hamburguesas



https://lamenteesmaravillosa.com/cual-es-nuestra-reaccion-natural-ante-los-enganos/

Hace algunos años la irreverente Dra. María Luisa Cordero escribió el best seller “Jurel tipo salmón”, un texto que pone en evidencia la máscara que nos compramos para cada uno o la lectura que hacemos de nosotros mismos en un sentido falseado, en un intento de ser lo que no somos.

Este intercambio de algo normalito por otro más noble a modo de farsa nos persigue en muchas situaciones, y es casi un signo de identidad, hay una tendencia grupal que nos lleva siempre a lo mismo, somos unas gentes que se jura que vivimos en un país desarrollado o que somos imbatibles en muchos aspectos, detrás de eso está lo que realmente somos y el autoengaño.

Por razones que no comentaré, en gastronomía odio el pollo y sus plumíferos amigos y no consumo cerdo ni nada que diga ¡oink!, es decir, estoy algo complicado a la hora de las comidas y prefiero un buen asado de lomo vetado ante un feo y amarillento pollo, pero el tema de este texto es relativo al autoengaño o más bien al engaño.

Si Ud. va a un supermercado y desea consumir un paté, y no consume cerdo, está en problemas, pero puede pensar que una buena idea es consumir un paté de ternera, el que con grandes letras está rotulado en su envase, su imaginación lo llevará a visualizar un supuesto paté del hígado de la hija de un vacuno que lo hará feliz untado en su pan tostado, pero cuidado, si no ve bien y usa lente, quizás no podrá ver que el paté de marras es en realidad puro cerdo.

Hasta hace un tiempo, digamos un año atrás, comprar en el supermercado un embutido de carne molida para hacer tallarines era una idea que, aunque no buena, salvaba la situación, no sé qué clase de carne era pero había carne allí, y según indicaba la rotulación del envase tubular que la contenía, era carne de vacuno, hoy, en la misma marca, el mismo envase y por un precio algo superior, Ud. compra soya molida con alguna traza de carne, digamos una ligera brisa.

Pero el colmo de mis problemas llegó con las hamburguesas. Es sabido que hubo una masiva denuncia en contra de las industrias que elaboran esos productos porque nos vendían agua, así, una hamburguesa de 100 gramos después de la cocción de rigor terminaba en unos pobres 50 gramos o menos, no sé si eso cambió, pero algo sí cambió para mal, hace algún tiempo una hamburguesa de vacuno era de vacuno, se podía comprar aún sin ver el rotulado en la pequeñísima letra de su envase y llegar a casa y disfrutarla, pero hoy no es así, una empresa, probablemente en una junta ordinaria de su gerente con sus equipos de producción, tomando café y galletitas llegó a una brillante conclusión, ¿para qué hacerlas 100 % de vacuno cuando podemos agregarle cerdo?.

La brillante idea prontamente fue copiada por su competencia y ¡voilá!, tenemos hamburguesas falsamente rotuladas de vacuno, y aún aquellas rotuladas 100% de vacuno, todas llevan carne de cerdo y en porcentajes que nunca sabremos. Ante esa situación, en un supermercado opté por comprar una muy promocionada hamburguesa de “wagyu”, algo más cara, el wagyú es puro filete, es una carne tierna, jugosa y muy cara, tan cara es que la hamburguesa en cuestión sólo alcanza a tener algo así como un 7 % de wagyu, el resto es cerdo, este animal me persigue.

Es evidente que esto se puede superar, pero para ello necesitamos algún reglamento o probablemente una ley que regule , controle y sancione, y para ello se debe poner de cabeza al parlamento y su maquinaria, algo así como muchas reuniones fatigosas, acuerdos, lobby, consensos y sobre todo verborrea para paliar el problema, pero sólo por un tiempo, porque es bastante seguro que vendrá otro caso, es decir otro “cambiazo”, otro desaguisado, entonces nuevamente se convocará al parlamento para regular otra situación de abuso y vamos sumando.

Jurel tipo salmón es una regla en el país, ocurre en todos los ámbitos y en muchísimos casos sólo después que hemos pagado descubrimos que nos han vendido algo que no compramos, y entonces, ante el reclamo generalizado la autoridad se hace “cargo” del problemas y se hacen regulaciones de lenta factura, ¿para qué?, si es tan simple, basta con asumir de una buena vez que el jurel es jurel y el salmón es salmón.


jueves, 29 de junio de 2017

¿Refundar?






Una idea solapada pero que está presente en la lucha política de la contingencia es la idea de refundar, es decir volver a fundar, hacer todo de nuevo, olvidarse de lo viejo y levantar otras estructuras territoriales, sociales, económicas y quizás también ambientales en un solo acto, un acto de creación inicial, un nuevo génesis. Pienso que esa idea o intención apenas cubierta con algo de ropaje para no mostrarse en toda su desnudez se transforma en un mensaje subliminal , poderoso y continuo que sigue vibrando en baja frecuencia una vez que se han bajado las banderas en las concentraciones de adictos políticos , el adicto se queda pensando en refundar, ¿acaso no está todo esto muy mal?, ¿qué esperamos…? ¡a refundar se ha dicho!.

En perspectiva, algunas de las apuestas políticas que procuran la refundación se basan en caricaturas de la compleja realidad económica-social, caricaturas que muestran el sesgo de quien las diseña y las proclama para su consumo masivo. La crítica más recurrente es que no avanzamos o inclusive retrocedemos con las estructuras existentes, pero si nos detenemos un momento, si evaluamos correctamente lo que vemos en la realidad y sin apegos ideológicos conservadores ni nada por el estilo, es que avanzamos, lo hacemos a gatillazos, con duras caídas y experiencias extremas que involucran injusticias, abusos y todo tipo de desastres, pero aún así avanzamos, esto es un proceso.

Para algunos especímenes políticos refundar es una obsesión, sienten que en ello pueden alcanzar su propio mesianismo también oculto en sus discursos, se sienten guías inspirados, probablemente porque creen tener en su intelecto una visión y una misión tan pre-clara como para entender la totalidad del fenómeno económico –social y cultural, y consecuente pueden proceder sin anestesia a quitar estructuras que la sociedad ha sedimentado durante largos y complejos períodos de ajuste y negociación. La propuesta de reemplazo es bastante chapucera, sin creatividad, ni siquiera con un poco de decorado de pantalla, es la obra del tinterillo que no entiende el fondo del asunto. Además de un juego tipo ruleta rusa, pienso que hay aquí una curiosa mezcla de utopía y melodrama.

Es una utopía porque a pesar de que hay discursos intelectuales de cierto peso que muestran que otro mundo es posible y deseable, en la realidad nadie ha logrado articular en su totalidad el cambio social como un camino viable enteramente nuevo, en un acto y obviando el pasado, y que además respete los derechos y esfuerzos de todos y cada uno de los agentes sociales involucrados, y sin caer además de lleno en la revolución y el totalitarismo, es una utopía. Tengo la sospecha además que al refundar una sociedad estaremos muy comprometidos en un melodrama, todos, en el ejercicio de refundar estructuras y funcionamiento de todo el cuerpo social, no todas las estructuras caen sin más, se resisten y en su resistencia hay ruidos y chillidos insoportables para los que aún piensan que hay valores involucrados, al menos los simbólicos y/o patrimoniales, debido a que las estructuras al fin y al cabo mueren. Si no tenemos memoria para recordar refundaciones recientes deberíamos estudiar las dictaduras latinoamericanas, de ese modo podemos tener alguna idea de que se trata el tema, podría ayudar también ver con sentido crítico la película “El huevo de la serpiente” , un film de los años 70 que ilustra magistralmente el sórdido ambiente de la Alemania antes de entrar de pleno con el nazismo , el drama va acompañado de música de duelo y de triunfo al mismo tiempo, es un melodrama.

Al parecer como latinoamericanos tenemos licencia para volver a repetir una y otra vez las experiencias pasadas, a repetir experimentos fallidos, dulces ideas que se volvieron amargas, el axioma de la historia dice que estamos condenados a repetir los mismos fracasos, no lo repetiremos por nosotros que nos hemos enterados del porqué ocurrieron, sino que por culpa de aquellos que no se enteraron y no les importa.

Si pensamos bien el tema, ¿por qué se quiere refundar?, quizás se diga que es porque queremos mejorar, ser más justos, pero para ello no necesitamos destruirlo todo, lo que necesitamos es reparar, arreglar, mejorar creativamente, y probablemente ese es el tema, ser creativos, y probablemente eliminar y reemplazar partes sobre la base de buenos diagnósticos, no los que nos dicen al oído colectivos interesados. Gran parte de los avances que han realizado pueblos más prósperos y más ordenados que nosotros se generan, maduran y prosperan a través de procesos de participación y en paz social, y además se construyen sobre la base del respeto a los derechos del otro, ¿por qué no podemos lograrlo nosotros?, la refundación puede ser una ilusión que se paga muy cara, en otros contextos la llamaríamos estafa, porque sin duda en un hipotético futuro pediremos los beneficios de la refundación y no estarán, al fin del día querer refundar sobre la base de imponer a otros un cuento, por muy elaborado que este sea, es un timo.

lunes, 5 de junio de 2017

Dirigir sociedades que no quieren ser dirigidas




Al igual que ciertos mamíferos he estado rumiando información sobre los conflictos sociales que generamos día a día en Chile y en otras urbes algo más lejanas. A diario vemos piqueteros por aquí, grupos de protestas por allá, tomas, huelgas de hambre, paralizaciones, impugnaciones de legitimidad, violencia contra grupos no mayoritarios, violencia represiva, destrucción y vandalismo por grupos de presión duros, decenas de reclamos masivos de renuncias, violencia policiaca, etc, etc.

Es verdad que en cada conflicto hay razones atendibles, aspectos de justicia no resueltos y hasta una buena actitud de aspirar a la gobernanza y decirles adiós a los corruptos, podríamos incluir cuando lo vemos como vaso medio lleno, que los acontecimientos que ocurren a diario muestran que la ciudadanía está viva y se queja y reclama ante agresiones, abusos, malos tratos y malas administraciones.

¿Pero qué hay de los tiempos para el trabajo, para la productividad y el crecimiento personal, para la convivencia social o simplemente para la paz social?, ¿podemos a aspirar a una paz social duradera, a un convivir sin pensar que hay que voltear a la autoridad como deporte nacional?, ¿ o eso se alejará cada día más?. Me parece sobre estos asuntos que estamos en un tiempo de la historia donde el principio de autoridad esta en retirada, probablemente no sólo en Chile, hay un clara tendencia al nihilismo a nivel mundial y con ello al desgobierno.

Autoridad es sinónimo de poder, por ello siempre gobernaron los más fuertes y en el caso del poder absoluto, se pensaba sumisamente que reyes y emperadores podrían tener un “permiso” celestial para gobernar, hoy esas creencias son insostenibles, junto con ir ganando derechos civiles nos hemos vueltos más y más antropocéntricos.

Sin embargo, tampoco hay que buscar mucho en el panorama actual para visualizar autoridades generadas a partir del caudillo más fuerte, del más cruel, del que hace trampas, del más temido por su capacidad de dominio e incluso se puede ver rutinariamente en sociedades latinoamericanas y en otras más avanzadas, que la autoridad está en manos de la casta más educada y/o más instruida que el resto del pueblo, y por ello también muchas veces más rica.

Pero hoy en la era de la información, podría decirse en simple que por estos lados quien gana la autoridad lo hace a través de una campaña política más un grupo de promesas de gestión, es decir, ya no hay ninguna condición especial rodeando la autoridad a pesar de los esfuerzos protocolares y de propaganda, es más, cualquier figurita que tenga más exposición en los medio tiene mejor chance que otros a ser elegido como autoridad, aunque constatemos con cierto desasosiego que pueden faltar los dos dedos de frente de rigor. http://ayudandoaconstruirchile.blogspot.cl/2015/03/dos-dedos-de-frente-como-minimo.html

Con todo lo anterior, tengo la sensación que hemos llegado a otro punto, un punto en la historia en que muchos no quieren ser gobernados, no se acepta a que otro, un “igual” nos dirija, nos fije normas o diseñe el destino colectivo, así constatamos que el primer rechazo y el más evidente viene del sector político contrario, de ese modo, al menos en las supuestas democracias reales un porcentaje cercano al 50 % no quiere esa autoridad y desea que se vaya, no hay “marcha blanca” real ni veranito de San Juan, al otro día de asumida la pérdida eleccionaria se hacen planes para torpedear duro y ojalá bajo la línea de flotación, de allí que se ha hecho ritual la frase “ soy el o la presidente/a de todos los chilenos, franceses o los que sea.

No queremos ser gobernados por otro “igual” porque entre “los iguales” nos conocemos, sabemos de nuestras fortalezas y debilidades y eso nos hace sospechar de las virtudes de ese personaje que esta allá en el poder, se mira con recelo a quien alcanzó y ostenta la autoridad. Lo ridículo del caso es que muchos quienes aspiran a cargos de autoridad por elección popular buscan por medio de la propaganda hacernos presente que se trata de un “igual”, de alguien que también tiene nuestros problemas, que sufre nuestras frustraciones y entiende nuestros agobios , en algunos casos nos cuentan de sus familias y nos hacen presente su lado humano, así tratan de evitar presentarse como alguien que tiene otra visión, otras cualidades y/o capacidades diferenciadoras, o lo que podría ser mejor, que han alcanzado un mayor expertizaje sobre temas políticos y de gobierno que cualquier otro hijo de vecino, quizás si así lo hicieran, tampoco resultaría porque se transformarían de inmediato en presa del chaqueteo o manejo estratégico de la envidia, esa malévola compañera que cargamos donde vamos.

Es constatable que la autoridad se ha vuelto algo enclenque, quizás para dar paso a la gobernanza que muchos ven como un fin y no como un medio, desde mi óptica veo más y más nihilismo por lo que las sociedades como la nuestra tenderán a desencajarse, a desestructurarse y con ello a bajar su nivel de resultados en todos los ámbitos, por ejemplo en el ámbito económico que es muy sensible y que requiere orden, si esa falta de orden, de guía, se hace más patológica, es evidente que muchos sufrirán las consecuencias del andar de un organismo social que no sabe a dónde va y que es disfuncional, especialmente la pasarán mal los más carenciados por una razón casi natural.

Finalmente queda la incertidumbre, hay una tendencia social a no querer ser gobernados, a no aceptar a nadie que nos rija o nos mande, parece ser algo propio de nuestros tiempos y que probablemente sea irreversible, entonces, más que en gobernantes, mandatarios o mandatarias habrá que pensar en construir más y mejores reglas de convivencia, unas reglas de oro que debería partir por proteger ante todo evento la vida, si no lo hacemos y lo aceptamos en forma unánime estamos todos fritos, y a la cabeza, allí en cumbre como autoridad, postular figuras que nos hayan aportados a todos como emblemas de unidad y de humanidad, de modo que el nihilismo que crece como la mala hierba no nos destruya.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Titanes del Ring







Uno de los recuerdos que atesoro de mi niñez y temprana juventud fue un programa de televisión llamado “titanes del Ring”, en esa púber visión en blanco y negro de un televisor Bolocco casi me creía que “La Momia” era indestructible, y que habían buenos y malos, luchadores con valores y antivalores, entre estos últimos había un personaje que era pifiado desde que hacía su aparición hasta que se retiraba del ring, un personaje único, Inca Toro. Inca Toro era el luchador que no respetaba las reglas, metía los dedos en los ojos, maltrataba a los otros cuando estaban en las cuerdas y atacaba por atrás cuando sus rivales no estaban atentos, o malheridos y protegidos por el juez, en síntesis, un personaje indeseable, digo un personaje, porque ese luchador - actor es entrañable, un gran recuerdo para él.

El tema es que Inca Toro cuando se encontraba en desventaja hacía uso de todas las protecciones que le daban las reglas de la lucha, apenas alcanzaba con un dedo una de las cuerdas del ring pedía que dejaran de golpearlo exigiendo sus derechos, lo mismo era recurrente si alguien actuaba en contra suya y él no estaba el condiciones de luchar.

La caricatura que presentaba Inca Toro era notable, porque dejaba en evidencia una actitud reprochable, pido que me respeten pero no respeto a otros, es decir, quebraba a propósito, y entiendo con fines educativos, la antigua premisa : “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”.

En la realidad nacional, chilena, esto se ve día a día, vemos a personas y grupos que gritan amenazadoramente sus derechos en la cara de los otros, en algunos casos se nos remueve de las esforzadas rutinas diarias y nos causan todo tipo de perjuicios a propósito, por ejemplo cuando se toman una calle y se encienden neumáticos en la única vía que existe para llegar al trabajo o las obligaciones de ese día, causando de paso estresante momentos para las emergencias de bomberos, ambulancias y otros, entonces sufrimos tiempos de espera, desazón y hasta una sensación de desprotección.

Se puede constatar con tristeza que como producto de ese tipo de actitudes, aquella que asume un colectivo que nos exige “sus derechos”, muchas personas humildes sufren lo indecible, porque simplemente se les asigna la función de niño de castigo,(- aquel niño que sufre por las diablura que hace otro niño que es el futuro rey-) y les dan duro, los maltratan , y vuelcan en esas pobres personas que no tienen otras alternativas de atención, toda la fuerza e intolerancia que pueden ejercer en pos de sus demandas.

Nos hemos vuelto como sociedad muy sensible respecto a nuestros derechos, en parte porque el abuso ha estado suelto haciendo de las suyas durante mucho tiempo, sin tener una correa de sujeción o estar bajo control, a veces parece que todos abusan de nosotros, se siente en la piel esa pesada idea de ser la vaca lechera, y se instala en nosotros una sensación de ser abusado que quizás sea similar a la que siente ese noble mamífero.

No deseo caer en los estériles debates de tipo ideológico, pero tratar este tema bajo una ponderada visión de aporte no deja de ser un desafío, lo cierto es que las ideologías han introducido el discurso de derechos en los ciudadanos, lo cual no es cuestionable, lo cuestionable es que se olvidaron de los deberes, porque en síntesis los derechos de alguien son más o menos los deberes de otros, no es que se los exijan a los dioses, entonces la situación se vuelve una atmósfera enrarecida en que se pierde de vista el equilibrio moral y ético de dar para recibir.

Volviendo a Inca Toro, veo Inca Toros por todos lados, a veces nos agobian porque levantan sus discursos en cualquier parte, en medio de lugares donde no tienen derechos porque allí está el derecho de todos como las vías públicas, sin embargo muchos de los que sufren se quedan mirando como espectadores vacíos, como seres sin alma que se sienten de algún modo culpables de las vicerales palabrotas que otros les gritan en la cara, en algunos casos extremos para que esa “rica sociedad injusta” y abstracta que existe en algún lugar les subvencione la vida.

Tal como vamos las exigencias de los derechos se irá radicalizando, y la impunidad ante ciertos hechos basado en este tipo de cuestiones irá “ in crescendo”, me recuerda aquel arrendatario “informado” que sabe que puede vivir sin pagar durante un tiempo porque su arrendador no lo podrá sacar de inmediato, tiene “derechos” de ocupación que el propietario perdió.

Hay mucho sobre este tema, al final del día pienso que el camino se está llenando de restricciones ganadas al fragor de la “lucha” por derechos de toda índole, aparecerán entonces exclusiones tales como “téngase presente”, “cuidado”, “no pasar por aquí”, “aléjese”, “ camino privado”, “manténgase alejado tres metros”, “por aquí no”, “lo estamos grabando”, etc, etc, así, caminar a futuro será toda una proeza porque si se pierde la concentración por un segundo, seguramente se tocarán los derechos de alguien y tal error se judicializará, negocio redondo para los abogados y un mundillo de conflictos para todos.

Pienso que todo esto es producto de una sola actitud, no nos respetamos, ni siquiera se piensa que al ejercer un derecho se pueden vulnerar los derechos de los otros, simplemente se actúa desde la óptica personal, egoísta, quizás de tribu como en el caso de ciertos colectivos que como un cíclope solo ven con un ojo, una discapacidad que lamentablemente entrenaron para ver sólo “sus derechos”, pero no en la perspectiva del bien común.

Mirando reflexivamente el panorama nacional tengo la sensación que hay una tendencia al desequilibrio en el tema de los derechos, y probablemente no se pueda equilibrar la hipotética ecuación de derechos y deberes nunca más, en parte porque siempre existirá la justificación de “oídos sordos” de un “alguien” que toma decisiones, pero en gran parte porque habría que levantar potentes discursos en el tema de los deberes y quizás obligaciones y eso suena feo, no es rentable, no tiene los mismos créditos que “luchar por los derechos” y claramente es menos efectista que los llamados “derechos ganados”, porque los “deberes ganados” no existen, nadie quiere que le arruinen la fiesta, aquella borrachera carnavalesca de “derechos” en que participamos todos con gorritos, cotillón, bombos y platillos.

martes, 9 de mayo de 2017

“Esperador profesional”





Me ha pasado muchas veces y hasta hice un artículo vinculado a este tema, “Apáticos”, cuando reflexiono sobre él, cada vez lo veo más crítico, puede explicarse en parte por el hecho que me hago más viejo y mi tiempo se hace más valioso, se trata de algo así como: “non pescatum est”, es decir, no te pescan, aquel funcionario que debe atenderte no lo hace, no te ve o simplemente no eres lo suficientemente importante para darse una molestia, debes esperar.

Sentado en una sala de espera tengo en mi mano un número, hace rato que lo tengo y empiezo a hacer una bolita de papel con él, al frente, una batería de puestos de atención separadas por tabiques bajos de vidrio y un mesón largo, veo cinco personas, una de ellas atiende cada doce o quince minutos un cliente, se trata de una señora de edad, con lentes y pelo cano, al lado, un joven ordena incansablemente papeles desde que llegué, luego otra dama, bastante más joven atiende más o menos una persona cada doce minutos, pero luego demora otros doce minutos en llamar otro cliente, en el lugar siguiente, otro funcionario algo más joven que la señora que atiende en el primer puesto, pero que no ha llamado a nadie, y se ha levantado una seis veces de su asiento, finalmente una joven mujer de pelo rubio o similar en la esquina conversa y conversa con un funcionario, la veo reírse y ponerse seria, hay algo entre manos.

El caso es que pasa y pasa el tiempo y el contador electrónico que indica el número siguiente no se mueve, el tiempo se ha ralentizado aquí, ya he probado varios intentos para matar el tiempo, vi facebook, revisé mis correos, me rasqué la cabeza, controlé mi respiración y saqué cuentas, también hice unas tres llamadas.

He intentado mirar fijo al hombre de mediana edad del puesto cuatro y nada, no hay reacción, no tengo poderes mentales, ya lo he comprobado también con la joven dama ¿rubia? del último puesto. El caso es que llevo aquí sentado una eternidad, podría haber tomado una siesta o quizás haber aprendido a tocar guitarra, uno de mis deseos ocultos. Tal como vamos, quizás una clase de chino mandarín vendría bien.

¿Quién supervisa esta gente?, ¿cómo es posible que una sola persona atienda normalmente, una de cinco?, miro mis vecinos, unas 15 personas pero no hay un solo atisbo de reclamo, están como en un estado de sopor, resignados, al parecer tienen un entrenamiento que yo no tengo porque empiezo a desesperarme a pesar de mi experiencia en estas jornadas, las he tenido anteriormente, similares o peores, esta es una práctica normal en muchas oficinas públicas y privadas.

Si agregamos a esto que cada uno de nosotros, los “esperadores”, tomamos el tiempo que nos dé la gana cuando nos corresponda el turno de atención, la situación de espera se puede tornar en una tortura, una prueba a los límites de la tolerancia humana. Esto se puede observar sobre todo cuando se desea hacer un reclamo, porque para contratar algo la situación normalmente cambia, todo es más rápido.

Quizás haya que hacer trabajo de “back office”, pero el problema que ese trabajo debería ser realizado fuera de los horarios de atención al público, quizás cada cliente es un caso y los niveles de stress de los funcionarios lleguen a límites peligrosos y haya que parar un rato, pero en ese caso el funcionario debería salir a desestresarse afuera, o quizás alguna persona no ha sido contratada para atender público, no tiene las competencias, pero en ese caso no debería estar allí como una posibilidad, una potencial oferta de atención, por otra parte, ¿no sería una buena idea colocar un reloj de arena para medir un tiempo visible para todos?, una medida así ayudaría a entender que el tiempo es limitado no sólo para quien espera, también para quien recibe la atención, obligaría a sintetizar lo que se quiere, ¿no sería eso una señal de respeto para todos?. Esto es muy similar a aquel usuario de un cajero automático que no sabe, no entiende, no ve o no acepta que no tiene dinero en su cuenta y se queda atascado allí una eternidad.

Una opción es llevar un letrero que diga a grandes caracteres, digamos una arial 200, “respéteme por favor”, no me violente, porque si lo pensamos fríamente estas prácticas son una forma de violentarnos, se nos suben los indicadores que miden la temperatura de la sangre, nos enervamos, pero como buenos chilenos no decimos nada, nos quedamos en silencio esperando que el maldito contador avance un número.

Falta aquí una política, una ley escrita en la mente de todos nosotros que nos obligue so pena de que se nos escriba en el carnet de identidad el título de “zopenco”, se trata de hacer un esfuerzo colectivo para agilizar las cosas, de preocuparnos de dar una buena atención, continua, sin baches pero sobre todo en marcos de tiempos adecuados, hoy el tiempo no es oro, es vida. He dicho.