domingo, 30 de septiembre de 2018

División


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Uno de los recuerdos de mi niñez que no olvido, que está allí en mi mente de adulto claramente archivado y clasificado, ocurrió cuando junto con mi curso de pequeños compañeros visitamos una fábrica de levaduras, al microscopio, mis párvulos ojos asombrados observaron como una mancha orgánica se dividía en dos, luego en cuatro, y luego volvía a dividirse hasta el infinito, así la mancha de individuos ameboideos crecía y crecía, nada parecía detener esa fuerza que desde lo invisible de su interior parecía dividir y dividir sin descanso.

En esta vuelta al pasado recuerdo luego mi etapa de secundaria, se dividía entre nosotros y “ellos”, aquellos a los que les éramos indiferentes, unas gente que no participaban con nosotros en cuanta actividad hiciéramos, ramadas, viajes, convivencias (fiestas) . También se pasean por mi mente los recuerdos de la división entre diferentes grupos universitarios que conformaban nuestros talleres, unos y otros, allí hubo gente con la cual nunca conversé, que no conocí porque nuestro grupos nunca se tocaron, en síntesis, esa división en bando ha estado presente en cada etapa de mi vida.

La división entre unos y otros nos afecta siempre, recuerdo haber leído en algún libro de historia sobre la reconquista de Chile, normalmente pensamos que la lucha fue entre criollos y españoles, una lucha entre soldados enviados con una misión desde el imperio y los nacionales que a fuerza de convicciones los enfrentaban, pero lo que leía era completamente diferente, el enfrentamiento fue entre familiares, entre amigos, entre gente de la misma ralea, personas que antes convivieron. Mediaba entre ellos el hecho que al tomar partido estaban profundamente divididos.

La reciente historia de Chile nos muestra con datos, imágenes y testimonios lo doloroso y terrible que puede ser la división entre unos y otros, miles de muertos y la inoculación de odios que nos seguirán circulando por las venas por varias generaciones, y por cierto con la perspectiva bastante siniestra que ese tipo de hechos puede volver a repetirse, el camino de las naciones tiene al parecer la ciega tendencia a tropezar una y otra vez con la misma piedra.

No sé el porqué la gente toma posiciones extremas que llevan a la división, ni cómo se desarrolla el proceso por el cual vamos aceptando caricaturas sobre “los otros” y que hasta ayer fueron nuestros amigos, vecinos, parientes, personas estimadas, es una mecánica, una que nos separa como una fuerza similar a aquellas que actuaba al interior de cada minúsculas levadura de mi niñez, en cada cuerpo social o familiar nos dividimos.

Probablemente se podrán levantar argumentos que dirán que hay divisiones sociales o familiares normales, esperadas, y que en algunos escenario es hasta sano que ocurra, que la cosa no va más, que el nivel de entendimiento está completamente roto y hay que dejar que los hechos fluyan, que no hay que presionar ni intentar sujetar nada, que hay que vivir y dejar vivir. Probablemente es una buena postura, respetable.

Pero sucede que no me gusta la división, me siento incapaz muchas veces de tomar partido y quedo al medio, como el jamón del sándwich, creo y racionalmente estimo que siempre hay puntos que nos unen y que se pueden fortalecer, en algunas situaciones que he vivido he tratado de atemperar los ánimos, de conversar con la parte contraria, de parlamentar a riesgo de ser considerado una suerte de bufón, un traidor, un antipático que no entiende las situaciones, que no ve lo que todos ven.

Pienso que en un sentido social la división es una mala cosa, haciendo historia ficción me imagino en el tipo de escenario que tendríamos hoy si estos pequeños estados latinoamericanos que somos hoy constituyesen una sola gran nación, si aquellos líderes que un día nos condujeron hubieran derrotado su ego y hubieran apostado por la unión, haciendo la salvedad que pudieron venir otros con fusiles y tijeras aún más grandes en forma posterior, probablemente seríamos más fuertes, se dice que la unión hace la fuerza.

Finalmente quiero pensar que quienes apuestan por la división, o aún quienes la promueven en los ámbitos que les corresponde, en los grupos en que participan y por las decisiones que toman, han reflexionado, han dimensionado el paso que van a tomar, de modo que la división no sea una suerte de muro de Berlín que se crea ex profeso, una separación dolorosa y completamente inútil y evitable, sino una situación que obedece a principios más nobles y que se puede amortiguar, sobrellevar y aún más, crecer a partir de ella.